Aprendizajes sobre el costo del agua y el agua como moneda de cambio

El conflicto del proyecto “Sistema El Batán” trajo consigo varias ventajas: el gran interés despertado en amplios sectores de la población queretana y múltiples aprendizajes sobre temas científicos y políticos vitales que antes ignorábamos.
Aunque Kuri se empeñe en negarlo, todo lo humano es político y como decía B. Brecht: “el peor analfabeta, es el analfabeta político, porque no oye, no habla ni participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida (y de todo lo que consume) depende de decisiones políticas (…)”.
La exigencia de la ciudadanía queretana y su presión por varios años obligó al Estado a implicarse (aunque sea a regañadientes) en una política distinta a la partidista -la democracia participativa- con la primera AUDIENCIA PÚBLICA, para discutir sobre ese proyecto que pretendía reducirse, neoliberalmente a “un asunto sólo técnico”.
Todo lo que implicó concretar dicha audiencia, por parte de la ciudadanía convocante, brindó a la población gran cantidad de información científica, jurídica, financiera, social, -teórica, metodológica y técnica- de todos los campos implicados en el problema de la falta de agua, incluidas las técnicas de publicidad y comunicación social (que no son lo mismo). Así, al contrastar los mensajes del gobierno, con los que envió el grupo convocante, reconocimos,además de la gran cantidad de nano contaminantes que la ciudad arroja al drenaje, qué hay un ACUERDO DE ESCAZÚ (tratado internacional vinculante), que NO ha respetado el gobierno queretano y que obliga a los Estados a: *garantizar el acceso a la información ambiental y promover la divulgación activa; *establecer mecanismos para la participación pública en procesos de toma de decisiones ambientales, incluyendo la consulta temprana y considerando la diversidad cultural y lossaberes tradicionales; *interponer recursos legales cuando se vulneren los derechos de acceso a la información y participación, o cuando haya riesgos ambientales; *proteger a las personas que defienden el medio ambiente.
La ciudadanía interesada descubrió además que el Estado está obligado a cuidar el PRINCIPIO PRECAUTORIO, relativo a la gestión de riesgos, cuando existe una amenaza grave en asuntos ambientales, de salud y de seguridad humana, aunque la evidencia científica no sea concluyente. Esto implica: *no esperar a tener pruebas irrefutables de daño para tomar medidas preventivas y evitar males potenciales; *que quien proponga un proyecto con potencial de daño debe aportar pruebas de su seguridad y no dejar la carga de la prueba a la población afectada; *revisar de continuo las medidas tomadas y ajustarlas a la nueva información que surja.
El conflicto mencionado ha permitido develar formas distintas de valorar el costo de los objetos que consumimos, considerando al agua, no como mercancía, sino como moneda de cambio: Más que preguntar ¿cuánto $ cuesta el agua que usamos? (“yo la pago y si se me antoja barro el patio con manguera”); habríamos de preguntar: ¿cuántos litros de agua cuestan las cosas que ocupamos?
Hemos aprendido que producir un gramo de oro cuesta alrededor de mil litros; un par de zapatos, 8 mil; un pantalón de mezclilla: 7 mil 500; una playera de algodón: 4 mil 100; un filete de res: 4 mil 500; 1Kg de queso, 5 mil; 1Kg huevo, 3 mil 265, o 1Kg de lentejas sólo 50 litros.
Aunque el neoliberal Marco Del Prete insista en negar el excesivo costo en agua de los centros de datos, “porque se enfrían de otro modo y si gastaran tanto, no se hubieran permitido” (sic), se sabe que, cada uno de los 15 que hay ahora o en proyecto en Querétaro, cuesta entre 11 y 19 millones de litros diarios. ¿De dónde sacarán el agua?
Se estima que la fabricación de un celular cuesta 12 mil 760 litros de agua, y que se gastan (indirectamente) alrededor de 200 litros por cada gigabyte descargado (¡!). Revisemos todo el tiempo que pasamos frente a las pantallas para calcular nuestro gasto.
Aunque el gobierno nos excluya de la toma de decisiones que nos afectan, ignorar esto no nos hace inocentes. El sistema nos secuestra y obliga.
¿Sólo queda tomar conciencia y evitar el síndrome de Estocolmo?
(Continuará).
*Miembro de Guardianes de la Naturaleza



