Opinión

Apuntes sobre el intento de golpe de Estado en Turquía

Por: Rodrigo Chávez Fierro

PARA DESTACAR: Desde el inicio, el gobierno de Erdogan ha estado envuelto en la guerra en Siria, al respaldar a la oposición islamista que se enfrenta al presidente Bashar al Asad. Pero la violencia se ha extendido a través de la frontera y ha convertido a Turquía en un blanco de yihadistas.

Cuando se habla de geopolítica, Turquía surge como ejemplo perfecto para indicar la importancia de la situación geográfica de un país. Ocupando el lugar 17 respecto al número de población con 80 millones de habitantes y el 37 respecto a extensión con 783 mil  kilómetros cuadrados, el país como lo conocemos actualmente, surgió en 1923 con la abolición del califato islámico y el desmembramiento del Imperio Otomano, destacando la figura de Mustafa Kemal Atatürk.

Si bien es cierto, se describe como una república democrática y secular, bajo el poder del presidente Recep Tayyip Erdoğan, el hombre fuerte de Ankara; la concentración del mismo se ha situado en su persona. Erdoğan, antiguo primer ministro, ha modificado el sistema de gobierno para pasar de un sistema parlamentario a uno presidencial, donde el control del gobierno se encuentra exclusivamente bajo su mando.

Ubicado entre el mar Mediterráneo y el mar Negro, que se comunican a través de los estrechos del Bósforo y los Dardanelos, explica la importancia geoestratégica que ha tenido el país desde el siglo XIX. Turquía hace frontera con Georgia, Armenia, Irán, Azerbaiyán, Bulgaria, Grecia, Siria e Irak y sus aguas internacionales colindan con las de Rusia y Chipre.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Occidente entendió la importancia del país en el marco de la Guerra Fría e integró a Turquía a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), así como a importantes organizaciones internacionales como el Consejo de Europa, la OCDE, OSCE y desde 2005 ha mantenido negociaciones para adherirse a la Unión Europea.

¿Qué sucedió el pasado viernes 15 de julio? El presidente Erdogan se encontraba en un hotel en la localidad costera de Marmaris, donde fue informado de la intensión de privarle de la vida y dar un golpe de Estado por parte de las Fuerzas Especiales y la Armada. Erdogan pudo llegar al aeropuerto de Dalaman donde voló hacia Estambul poco después de la media noche a pesar de haber sido seguido por aviones F-16 que aparentemente tenía la intensión de derribar el avión presidencial.

La versión que mayor fuerza ha cobrado respecto a los posibles autores del golpe apunta a la comunidad religiosa dirigida por Fethullah Gülen, quien desde la década de los ochentas del siglo pasado ha infiltrado seguidores en la administración pública y fuerzas de seguridad. No se descarta el apoyo de facciones militares, que desde el fin de la Guerra Fría han perdido unidad y fuerza.

La división al interior de las fuerzas armadas ha resultado evidente. Como bien apunta Félix Arteaga, investigador del Real Instituto Elcano: “Las fuerzas armadas se encuentran en una situación difícil porque no dan la impresión de poder contener a la insurgencia kurda, controlar sus fronteras o proteger a sus ciudadanos. Las vacilaciones de la política exterior no le ayudan porque la posición del Gobierno es impredecible y ha pasado de una política de “cero problemas” con sus vecinos a enfrentarse con casi todos ellos.

Un Gobierno que pasa de exigir el control del espacio aéreo a pedir perdón por derribar un avión ruso, de apoyar a las milicias yihadistas a cortarles el paso por la frontera, y de luchar contra el Estado Islámico a ver cómo son las milicias kurdas de Turquía las que cruzan la frontera con Siria para liberar Kobani con apoyo aéreo de los Estados Unidos.”

El intento del golpe ha dejado 250 personas muertas, cerca de mil 500 heridos y el daño a la infraestructura de oficinas administrativas como el Parlamento que ha quedado severamente dañado. Más de 10 mil personas han sido detenidas, en su mayoría militares.

Jeremy Bowem, editor de la BBC para Medio Oriente, describe de forma atinada por qué ocurrió el intento del golpe de Estado: “Turquía es un país profundamente dividido en torno al proyecto del presidente Erdogan de transformar al país y por la contagiosa violencia de la guerra que sufre la vecina Siria”.

El mandatario y su partido AK se han convertido en expertos en ganar elecciones, pero han cosechado dudas sobre su compromiso a largo plazo con la democracia. Se trata de un político islamista que ha rechazado la herencia secular de la Turquía moderna. Erdogan se ha vuelto autoritario y está intentando convertirse en un presidente ejecutivo fuerte.

Desde el inicio, el gobierno de Erdogan ha estado envuelto en la guerra en Siria, al respaldar a la oposición islamista que se enfrenta al presidente Bashar al Asad. Pero la violencia se ha extendido a través de la frontera, ha reavivado el enfrentamiento con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) y ha convertido a Turquía en un blanco de yihadistas que se autoproclaman miembros de la organización radical autodenominada Estado Islámico.

Eso ha causado mucha intranquilidad. Turquía se ha enfrentado a una creciente agitación y el intento de derrocar a Erdogan no será la última demostración de esa convulsión”.

Ankara ha suspendido temporalmente la Convención Europea de Derechos Humanos y declarado un Estado de emergencia, cuestión que le permite al Ejecutivo imponer severas restricciones a derechos constitucionales como la libertad de movimiento; ampliar el periodo de detención, imponer toque de queda, hacer registros sin autorización judicial previa, entre otras medidas.

Queda mucho por analizar sobre la determinación de los responsables del fallido levantamiento, el resultado de las purgas al interior del ejército y el gobierno que harán que Erdogan busque consolidar aún más su poder y observar cómo seguirá siendo la participación de Turquía en el conflicto sirio y su relación con sus vecinos.

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