Opinión

Argentina y el futbol

Por Rafael Vázquez

 

El pasado domingo 25 de junio ocurrió un suceso completamente extraordinario en el mundo del futbol. Un equipo centenario, con una historia reconocida, clasificado como uno de los 10 clubes del mundo más exitosos y con más títulos en su haber, descendió de categoría para jugar en la “División B”.

 

Tras la desastrosa actuación del equipo argentino River Plate en sus últimos nueve partidos, el equipo perdió su lugar en primera división y además llegó a un punto límite en sus finanzas. El también llamado equipo “millonario” registra un adeudo sin precedentes debido a los malos manejos de sus arcas en los últimos años.

 

Dentro de las reglas del futbol argentino, cada año descienden cuatro equipos, dos directamente y otros dos que juegan una promoción, que son un par de encuentros con dos equipos del circuito menor que definen al que habrá de obtener –o conservar según sea el caso– la categoría.

 

Este año se jugó una reñida contienda con el modesto equipo de Belgrano, oriundo de la provincia de Córdoba, lugar en donde se desarrolló el primer encuentro y que tuvo que ser detenido por la irrupción violenta de algunos aficionados en la cancha. Sin embargo, no tuvo comparación con el segundo partido disputado en el estadio más grande de argentina: El Monumental.

 

En este segundo encuentro hubo emociones al límite; un estadio desbordante, penales fallados y por supuesto, sentimientos a flor de piel que no sólo conmovieron a los seguidores del famoso equipo bonaerense, sino que movió los hilos de la política de todo un país, resquebrajó la seguridad y movilizó a cientos de personas.

¿Todo esto generado por un simple partido de futbol?

 

Pareciera absurdo que la pérdida de categoría de un equipo generara más de 68 heridos –incluidos dos policías que se encontraban graves en cuidados intensivos– sino que también obtuvo como resultado más de 50 detenciones, dos autos incendiados, inseguridad en uno de los barrios más caros de la ciudad de Buenos Aires y parte de las instalaciones del club River Plate quemadas.

 

Dentro de nuestra perspectiva nos parece difícil que un equipo genere tanta pasión, tanto dolor y tanta alegría. Pareciera ser que la respuesta que más se antoja en un primer momento es pensar en el fanatismo irracional que existe en el ser argentino –así como el fanatismo religioso que caracteriza a gran parte de la sociedad mexicana–, sin embargo esta visión es muy limitada y no explica cabalmente el actuar de muchos “hinchas” –como se le conoce por acá a los seguidores de un club–, que puede llegar a pasar por encima de la ley ante la derrota de su equipo.

 

Para comprender esta situación hay que entender la conformación de gran parte de la población argentina. Las migraciones a este país comenzó al igual que la mayor parte de América Latina entre los siglos XVI y XVII, sin embargo, cerca de la mitad del siglo XIX bajo el lema “Gobernar es poblar”, instituido en la Constitución argentina, hubo una oleada muy fuerte de inmigrantes europeos que trajeron junto a todo su legado cultural, el futbol.

 

En 1893 se forma el primer club de futbol de la Argentina, casi 10 años antes de que en México existiera un equipo. Estos clubes empezaron a crecer en una forma continua, de hecho hoy en día Argentina es el país con más jugadores federados –según las estadísticas el 1.4 por ciento de la población se encuentra registrada ante un club de futbol– y la pasión por este deporte sigue ganando miles de seguidores.

 

En un inicio, los migrantes llegaban a buscar comunidades de sus propios países, en los cuales existiera algún tipo de solidaridad o apoyo por sus mismos connacionales en relación a la vivienda o al trabajo. Con el tiempo esta situación llegó a formar grandes barrios con gente proveniente del mismo sitio y por ende con una interacción cotidiana que con el tiempo formó clubes deportivos.

 

Estos clubes empezaron a organizarse creando torneos internos y aprovechando los grandes espacios rurales que en ese entonces existían en Buenos Aires para jugar su deporte favorito. El primer partido fue jugado por descendientes de británicos en los llamados Bosques de Palermo, que se presentó entre el Buenos Aires Cricket Club y el Buenos Ayres Football Club.

 

Pero no fue exclusivo de los británicos, la mayoría de los barrios comenzaron a formar sus equipos, no es de extrañarse que hoy en día Buenos Aires sea una de las ciudades en el mundo que alberga más clubes de futbol en Primera División.

 

Es así como la pertenencia a un club de futbol no era basada simplemente en el gusto por un equipo, sino como un modo de vida, una representación de la nación dejada atrás pero reproducida en lo micro con el sentido de pertenencia de un barrio con una historia en común. Muchos clubes incluso conservaron los colores que los vieron nacer, reflejo de las banderas dejadas atrás en Europa.

 

Hoy en día muchas de estas instituciones siguen representando un estatus socioeconómico, una forma de vida y hasta una opinión política. Algunos de ellos, como el descendido River Plate, cuentan con instituciones educativas en las cuales las juventudes actuales asisten a clases, todo esto dentro del complejo que abarca al mismo estadio. Muchos de los padres de estos jóvenes viven de los recursos generados por el club, gran parte de ellos, provenientes del futbol.

 

El descenso no solamente representa la pérdida de categoría de un equipo, sino de toda una comunidad orgullosa de sus valores y de su equipo, pero sobretodo de la historia que guarda ese difícil proceso de migración de sus antecesores.

 

La pasión por el balón va más allá de los 90 minutos y una cancha rectangular. El futbol es parte de la vida misma del argentino; aquí los domingos no son para la misa… es día de ir al estadio.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba