Opinión

Arnaldo Córdova, un pequeño homenaje

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

Arnaldo Córdoba (qepd) vinculó el desarrollo económico mexicano a la existencia de un Estado fuerte, que limitara los atavismos e intereses de las localidades a través de un gobierno central sólido (federal) y reorganizara la dispersión de los factores productivos. Antes que democracia, se necesita un Estado capaz de llevarla adelante y ciudadanos capaces de ejercerla.

En formato aforismo:

El Derecho Constitucional no es Derecho, es una Ciencia Política. El Derecho constitucional es una ciencia política de pactos.

Todas las normas constitucionales, todas las normas del derecho, son fruto de un pacto. Un pacto entre legisladores que representan a los partidos políticos. Decir que representan al pueblo es un adorno. (Esto no le entienden los juristas, que creen que las leyes las hace Dios; ni los politicólogos, que creen que son puras decisiones políticas).

Las leyes se hacen así, en ese vulgarísimo proceso legislativo que observamos en nuestro pobrísimo Congreso de la Unión.

La ciencia política en México se convirtió en proyecto académico hasta los años 50. Particularmente, lo hicieron los abogados, a través del Derecho Constitucional. Los abogados fueron los iniciadores de todas las carreras universitarias; por ejemplo, la Filosofía, hasta corte y confección. Los abogados daban para todo. Y eran muy buenos. Tuve la suerte de haber estudiado Derecho.

Para mí, los problemas de la Ciencia Política no se pueden resolver con métodos empíricos, como los que usan los politicólogos, sino -precisamente- con los materiales que nos da el Derecho.

Hay muchos problemas que los politicólogos no entienden por eso. Por ejemplo, cuando se empieza a discutir el tema de las reformas estructurales, pocos de ellos se dan cuenta de que no son nada más decisiones políticas así de momento, sino que entrañan un proyecto de reforma del régimen constitucional mexicano.

Llegamos tarde al estudio de la Ciencia Política. Pero, hasta cuando está en crisis, la Ciencia Política se impone porque es el único método que tenemos para conocer la realidad en la cual vivimos.

Yo, a través de mis artículos, estoy atento a hacer un examen cotidiano de la situación política del país, de los hechos. Según mis cuentas, he publicado 1500 artículos de fondo.

A lo largo de su historia, los mexicanos han carecido no sólo de verdaderas experiencias democráticas a largo plazo, sino también de una inclinación hacia un modo democrático de pensamiento. Están sólo empezando a aprender qué es la democracia en nuestros tiempos.

México es, y siempre ha sido, un país derechista. México parece ser un país tozudamente autoritario o derechista.

En 1995, en la encuesta del Latinobarómetro, México tenía un 47% de partidarios de la democracia; en 2013, la encuesta muestra que el 37% de los mexicanos cree en la democracia.

Un gobernante autoritario no puede tener ningún sentido de la autocrítica. Menos aún se puede formar una idea objetiva de la realidad. No es posible tener una idea clara de lo que se hace cuando prevalece la idea de que la voluntad de uno es la de todos.

La corrupción de un sistema político no significa latrocinio y abusos. También implica la disolución irremediable de una forma de gobierno que podría haber sido mejor.

Un Estado gobierna a la sociedad cuando posee la capacidad de abordar los problemas de ésta y asegurar su consenso respecto a las soluciones que se han de adoptar. Cuando un Estado no logra hacer esto, fracasa en todo lo demás.

Hubo una época en la que el autoritarismo presidencial mantuvo unida a la sociedad mexicana y fue capaz de conducirla a metas compartidas por todos.

Los peores conflictos que el sistema político mexicano ha tenido que enfrentar en los últimos años son los que surgen del partido gobernante, y no simplemente los conflictos normales entre el sistema y su oposición. Los primeros son un tipo de conflicto que no se puede resolver con el equilibrio de poder entre fuerzas que se contrarrestan y que el gobierno suele ganar. Estos conflictos se han de resolver, en cambio, a través de las reyertas más destructivas y violentas que se pueda imaginar.

Como es común en el régimen presidencialista mexicano, de pronto y en los momentos más difíciles, el presidente deja de escuchar y se guarda para él todo el poder de decisión. Un sistema así ya no puede garantizar un comportamiento decoroso en la sociedad en general.

(ver http://www.youtube.com/watch?v=FP8WDUEuWng y nexos.com)

@rivonrl

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