Opinión

ARQUETIPOS DE LAS MUJERES

AMOR, HUMOR Y MUERTE

A Josefina Vera de Loyola, ejemplo de los mejores valores de la mujer queretana y que, gracias a Dios, nunca ha sido ni poco, ni mucho, ni totalmente Palacio. Con agradecimiento por su cariño, sus consejos y sus exquisitos platillos.

Por: Edmundo González Llaca

El ideal de la mujer ha sufrido importantes cambios, especialmente durante los últimos lustros. Veamos. Influidos, quizás, por algunos de los arquetipos femeninos consagrados en la Biblia, durante muchos años, a través del cine y la música ranchera, se impuso en México un concepto de la mujer terriblemente contrapuesto.

Las mujeres oscilaban en las canciones y en las películas como ejemplos de moralidad, de virtud, de abnegación y pureza o, en su caso, como portadoras de una belleza cruel, maléfica, traidora, que provocaban y perdían a tal punto a los hombres que ni hablando a Locatel se les podía encontrar.

Toda proporción guardada, las mexicanas podían asumir los roles de la Virgen María o el de Salomé y sus rituales eróticos pidiendo la cabeza de algún Juan Bautista. En términos cinematográficos los personajes eran, del lado bueno y lacrimógeno, Sara García o Libertad Lamarque; del bando maléfico, María Félix o Ma. Antonieta Pons.

Los mexicanos en la vida real no dudaban, por supuesto, casarse o imaginarse como mamá a algunas de las primeras, pero no dudaban tampoco, mejor vivir con alguna de las segundas.

Ahora bien, la historia parece dar siempre la revancha a los derrotados. Las graves crisis económicas obligaron a un número cada día más creciente de mujeres a dejar sus representaciones idílicas, o sus poco apreciadas celdas hogareñas y salir a buscar trabajo. Su intervención activa en el modo de producción y  esta prosaica y terrenal ambición de ganar dinero, puso de cabeza el arquetipo formado en la mejor tradición de los tríos yucatecos, de la mujer como flor, adorno, poesía, bálsamo; objeto divino de conquista.

Reclamaron igualdad y dignidad en el trabajo; exigieron cuotas en el reparto de posiciones en el ejercicio del poder público; defendieron la libre elección de su maternidad; practicaron una mayor independencia y liberalidad sexual. En general, sus banderas tienen una carga ideológica importante, son causas sustentadas en argumentaciones históricas, legales y filosóficas.

Pero existe otro arquetipo de mujer que tiene su mejor expresión en la publicidad de la tienda departamental El Palacio de Hierro, cuyo éxito entre un importante sector de mujeres lo ha llevado a mantenerse en los medios de comunicación cerca de una veintena de años. Por algo será, en otras palabras, un sector de mujeres se identifica con las motivaciones que se promueven. A continuación algunas de sus frases de esta campaña, vale recordar que todas terminan con el estribillo: Soy totalmente Palacio.

Es un arquetipo de una mujer cínicamente consumista y vanidosa.

“Si las paredes oyen, imagínate si los probadores hablaran”.

“Lo maravilloso de las tiendas es que siempre encuentras, lo que no andas buscando”.

“Si tropiezo con una piedra, quiero que sea preciosa”.

“Es cierto lo que dicen, la vida es una pasarela”.

A este sector femenino no le interesan las interpretaciones psicoanalíticas de su conducta; que no le busquen ni los científicos ni los hombres, sus estímulos están en la compra y ellas suponen que de aquí sacan su fuerza.

“Porque un psicoanalista nunca entenderá el poder curativo de un vestido nuevo”.

“Las mujeres siempre supimos, que un cambio de ropa nos hace poderosas”.

“Sólo una frase separa a la niña de la mujer: no tengo nada que ponerme”.

“La culpa de comprar, se me quita al estrenar”.

Su narcisismo es materialista y profano.

“Hay dos cosas que una mujer no puede evitar, llorar y comprar zapatos”.

“Quizás no me vaya al cielo, pero un par de tacones me acercan”.

En este estilo de vida ni el amor se salva y también lo vinculan y subordinan al consumo.

“El amor a primera vista existe. Basta pararse frente a un escaparate”.

“Lo curioso es que lo que ama un ama de casa son las tiendas”.

“La firma de un diseñador es como el amor, no se puede ocultar”.

“Las mujeres queremos más que los hombres, por eso compramos más”.

En su jerarquía de valores predominan la moda y, obviamente, su figura

“Ni un hada madrina te saca de tantos apuros como un vestido negro”.

“Porque la mejor forma de guardar la línea es comer con los ojos”.

“Si preguntas mi talla, preferiré contestar mi edad”.

“A las mujeres siempre nos sobran kilos y nos falta ropa”.

Es una mujer competitiva, pero no en el mercado de trabajo sino con otras mujeres.

“Si me preguntas dónde lo compré, te juro que no me acuerdo”.

“El problema no es que me quede bien o mal, sino que ya me lo vieron”.

“Ninguna mujer sabe lo que quiere, hasta que se lo ve puesto a otra”.

“Puedo compartir mi vida contigo, pero no mi closet”.

Una de las mayores diferencias entre el arquetipo de la mujer ideologizada y con causas trascendentes es que este movimiento no deja de estar cargado de cierta beligerancia contra el hombre y  permanentemente denuncia los resabios machistas. El arquetipo cínicamente consumista no ataca al hombre, simplemente lo desprecia y no se pelea con él porque lo considera como un objeto del que debe aprovecharse. El hombre en este patrón es atolondrado e incomprensivo ante los sentimientos profundos y pragmáticos de la mujer. La mujer consumista evade toda posibilidad de rivalizar con el segmento masculino porque lo considera su principal proveedor.

“Yo sé cómo me veo. Si pregunto es para saber cuánto te gusto”.

“Lo único que quiero, es que sepas lo que quiero”.

«Las mujeres queremos más que los hombres, por eso compramos más».

«Si las mujeres no fueran de compras, los hombres no tendrían calcetines».

“Es más fácil conquistar a un hombre que a un espejo”.

“Si te digo que no me pasa nada, o no tengo nada, no me creas nada”.

“Ningún hombre conoce la respuesta correcta a: «¿me quieres?» y «¿cómo me veo?».

“Sólo una mujer sabe lo que significa, «ya casi estoy lista”.

“Por suerte somos el sexo débil, el fuerte es el que carga las compras”.

Para concluir. Tengo la impresión de que el capitalismo con gran habilidad y desde hace tiempo se prepara y actúa para que toda búsqueda de liberación de la mujer sea un nuevo y tentador camino para que ésta caiga en una enajenación mayor: la del consumo. Que cada triunfo de la mujer al participar en el mercado laboral implique una nueva derrota. En última instancia el llamado para las mujeres es que en lugar de buscar la igualdad con el hombre, lo que evidentemente demanda trabajo y esfuerzo, mejor que regresen al arquetipo anterior: ser objeto ornamental, «para el reposo del guerrero».

Espero sus comentarios en www.dialogoqueretano.com.mx donde también encontrarán mejores artículos que éste.

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