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Altar de muertos para despedir al régimen neoliberal

Otros más, también pesimistas (yo, incluida), saben que es poco probable que el nuevo gobierno tenga poder para poner fin al neoliberalismo en nuestro país. El monstruo es demasiado poderoso; se mimetiza, engaña, se apropia de los discursos de izquierda.

Con el triunfo del nuevo gobierno, crítico del neoliberalismo (al menos en el discurso) y promotor de ‘la cuarta transformación’, se ha desatado una enorme efervescencia social “inédita y de consecuencias insospechadas”. Esta última frase la habían presumido los panistas en el 2000, cuando Vicente Fox dio al PRI un golpe mortal. Muchos jóvenes sesentayocheros (yo, incluida) pronosticaban que en el 2000 se acabaría el mundo, o advendría el cielo marxista de la sociedad sin clases y, lo mejor de todo: el PRI, dejaría de existir.

Cuál no sería el desconcierto (de muchos ingenuos, yo incluida), al descubrir que los panistas ahora en el poder y que presumían de antipriistas, resultaron más entusiastas y mucho más eficientes servidores de la Hydra Capitalista. Javier Sicilia lo advirtió claramente: “el PRI no es un partido político, sino una estructura delincuencial que atraviesa todos los partidos políticos”.

Por eso los zapatistas dicen que es irresponsable pretender que una auténtica transformación pueda venir desde arriba. Así, presagian (cual tenaces aves de mal agüero), que este nuevo gobierno será “la gota que derrame el vaso”, “la última decepción”, que finalmente obligará a los necios a decidirse y emprender una auténtica revolución popular, desde abajo y a la izquierda…

Estas desalentadoras voces se confunden con los gritos lastimeros de la Chillona clasemediera de derecha: “¡Habrá crisis financiera, emigrarán los grandes capitales, el país irá a la bancarrota… Aaaaaaay…!” “¿Ya ven?, ¡se los advertí!, ¡qué desorganización!, ¡qué ineptitud!”… “Igual que los prianistas, los primorosos tampoco atienden, son tan  corruptos y fifís, como los anteriores…”

Pesimistas de derecha y de izquierda arrastran a otros codependientes de sus líderes, para llorar al unísono: “No van a poder; no los van a dejar; están cometiendo demasiados errores, demasiadas contradicciones; perderemos seguridad; ¿qué será de nosotros?, ¡Aaaaaay!…”

Otros más, también pesimistas (yo, incluida), saben que es poco probable que el nuevo gobierno tenga poder para poner fin al neoliberalismo en nuestro país. El monstruo es demasiado poderoso; se mimetiza, engaña, se apropia de los discursos de izquierda, seduciendo a los poco reflexivos, o vuelve fascinantes e “inobjetables” las razones de la derecha, para no perder terreno: “Hoy resulta obsoleto hablar de izquierdas o derechas”. “Las decisiones deben basarse en criterios técnicos y no políticos”. “Hacer consultas ciudadanas es contrario a derecho, pues quien tiene la responsabilidad de decidir es el Primer mandatario; para eso fue elegido” (¡sic!)…

Puede ser que tengan razón. No soy bruja ni vidente, pero ¿para qué esperar, encerrados en el miedo, la nueva desilusión?

En el pequeño círculo en el que me muevo y en el que participa más de una veintena de colectivos, preferimos jugar al ‘Como si’: “Hagamos de cuenta que podemos transformar, no el mundo, ni México, sino sólo nuestros micro-espacios. Hagamos de cuenta que es posible soñar e inventar mundos distintos; que podemos ‘organizar la esperanza’ (como dice Ana Cecilia Dinerstein); juguemos a que podemos practicar el Buen vivir…; a que aprendemos mil formas de cuidar nuestra salud sin tener que ir a la farmacia; juguemos a educarnos mutuamente; armemos trueques de saberes, en los que participen personas de diferentes edades, oficios, culturas y niveles de formación académica, sin tener que someternos a la lógica del mercado o de las certificaciones burocráticas; organicemos tertulias, conversatorios, cine foros; convirtamos los baldíos-basureros en jardines; pintemos murales; reunámonos en clubs de lectura y escritura; juguemos ajedrez, movamos el cuerpo con danzas mexicas; inventemos el micro-mundo que queremos…

Salvémonos a nosotros mismos y no esperamos a que el nuevo gobierno resuelva o nos diga lo que hay que hacer. Asumamos, en fin, nuestra condición de adultos, de seres pensantes y autónomos, que no dependen de las buenas o malas obras de ningún líder.

De eso trata la democracia y hoy tenemos una buena oportunidad para practicarla; de obligar al nuevo gobierno a que se trague sus palabras y cumpla con lo que nos prometió: pues la transformación no depende sólo de sus decisiones cupulares sino, sobre todo, de la organización popular que logremos impulsar.      

Lo que digo arriba no son sólo buenos deseos. Son experiencias cotidianas en los espacios esperanzadores en donde me muevo. Uno es la ‘Casa de Vinculación Social: Espacio Alternativo en Querétaro’ (CVS), que intercambia experiencias y proyectos con otros colectivos de Querétaro, México y el mundo.

En esta CVS celebramos el Día de Muertos con cantos, juegos, lotería, calaveras literarias, mariposas de papel, leyendas (para exorcizar nuestros demonios), ceremonias del adiós y, sobre todo, con un altar mental para despedir al neoliberalismo (si no de México, sí de nuestros micro-espacios).

 

mengamorfosis-mepa@hotmail.com

 

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