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AMLO y las formas políticas

Resulta, por decir lo menos, extravagante: el presidente de la República, por ejemplo, contesta fuera de toda forma diplomática, a una resolución del parlamento europeo sobre la violencia estructural que viven las y los periodistas en el país. Borregos, les llama; injerencistas, desinformados. No debería sorprendernos, pero nos sorprende.

AMLO ha estado en el centro de la discusión pública los últimos 22 años. Sus formas políticas siguen resultando enigmáticas, aunque normalmente cierto sector de la opinión pública y buena parte de la academia lo considera pedestre. Lo cierto es que son sus formas de siempre.

Desconozco si sea deliberado o genuino, pero nos guste o no, la popularidad del presidente se basa en esa diferencia. Y aprovecha casi cualquier momento para hacerla evidente. La respuesta al parlamento europeo es paradigmática, suscitó muchísimos comentarios; pocos sobre el tema de fondo. Pero logró marcar un contraste: este gobierno no se deja, no es empleado de ningún factor de poder. Es paráfrasis. 

Desde luego, no es necesariamente una virtud, aunque la sepa capitalizar. Pero sí nos regala momentos muy curiosos. Necesita muy poco para descarrilar marcos teóricos y (creo que eso sí es deliberado) visibilizar la debilidad argumentativa de la mayoría de los comentaristas en los medios de comunicación y colocar a cada quién en su lugar.

Normalmente sería mucho más difícil de la dicotomía ellos-nosotros, hay muchos matices, críticas y excesos que deben señalarse. La mayoría de las veces resulta imposible detenerse en cada uno porque entre declaraciones y respuestas, entre aparentes ocurrencias y discusiones sobre cualquier superficialidad, cada quién termina justo en la posición que quiere el presidente. O más o menos.

En la entrega anterior, mencioné que el actual presidente de la República acude a la movilización, aún como jefe del Estado Mexicano, para reforzar su poder.

El poder político, está en constante disputa. No se trata solamente de elecciones: hay acuerdos y negociaciones, siempre inestables, con factores de poder (Fuerzas Armadas, clase empresarial, otros actores políticos, etc.); comentarios en la prensa nacional e internacional, que más o menos forman opinión pública, que no sólo emite votos, participa en manifestaciones, o, como será el caso, en la consulta para la revocación de mandato.

Contrario a lo que menciona la mayoría de los comentaristas, el presidente López Obrador, si bien cuenta con algunas (o bastantes) adhesiones políticas, no tiene a su favor a un bloque de poder sólido, compacto, ni una burocracia construida a partir y en favor del proyecto político que encabeza.

Como su poder no se construyó en conjunción con los bloques de poder (que en realidad es uno), lo ejerce -para mantenerlo-, según las formas que le llevaron a la silla presidencial. Así como otros gobiernos acudían a las alianzas, a las entrevistas, a los foros internacionales para negociar, este gobierno necesita permanentemente la movilización, que busca recolocar a lo político y desplazar a lo técnico. No es necesariamente una virtud, pero así es.

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