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Anaya, “opositor” al PRI

No le queda a Anaya presentarse como “opositor”. Le apuesta a la corta memoria del electorado; una vez más miente. Los hechos no corresponden con sus dichos. Sus hechos nos muestran que ha sido uno de los principales cómplices del corrupto gobierno de Peña Nieto.

El pasado 30 de abril, frente a miembros del grupo financiero Banamex, ante una pregunta explícita del conductor Leonardo Curzio, el candidato presidencial del PAN, Ricardo Anaya, señaló que estaba dispuesto a aliarse con el PRI. Como si esto fuera una novedad, como si no se hubiera aliado con el PRI desde años antes.

Anaya fue uno de los que con más entusiasmo apoyaron el mal llamado “Pacto por México”, impulsado por Peña Nieto. Este pacto fue firmado el 2 de diciembre de 2012 por el PAN, el PRI y el PRD, para apoyar a Peña Nieto. Este pacto es una aberración mediante el cual se impusieron reformas estructurales desastrosas para millones de mexicanos, entre las cuales, se hallan la reforma laboral (que afecta a millones de jóvenes al legalizar la precariedad laboral y el ‘outsourcing’), la energética (que entrega los recursos naturales de la industria petrolera a los extranjeros y que ha encarecido los energéticos) y la educativa (que va contra el núcleo de la vida laboral de cualquier trabajador: la pérdida de su estabilidad laboral con el pretexto de una “evaluación” que ha cobrado ya cientos de víctimas en el territorio nacional y que no ha mejorado en nada la educación pública, por el contrario).

No le queda a Anaya presentarse como “opositor”. Le apuesta a la corta memoria del electorado y, por supuesto, una vez más miente. Los hechos no se corresponden con sus dichos. Y sus hechos nos muestran que ha sido uno de los principales cómplices del corrupto gobierno de Peña Nieto.

Finísimas personas

Anaya se placea con uno de los principales artífices del PRIAN, Diego Fernández de Cevallos, uno de los primeros panistas que pactaron con el PRI, ya en el lejano 1988 cuando este último avaló el fraude electoral de Salinas de Gortari para imponerse en la presidencia de la República, yendo en contra de la posición del candidato presidencial panista, Manuel Clouthier, padre de la actual coordinadora de campaña de López Obrador, Tatiana Clouthier.

Cevallos, representante de la bancada del PAN en la Cámara de Diputados, avaló la quema de los paquetes electorales de la manoseada elección presidencial de 1988. La revisión de estos paquetes habría demostrado el fraude de Salinas. Sin embargo, el desprecio de Cevallos al voto popular quedó registrado ante cámaras cuando en un famoso discurso “justificó” la quema de las pruebas del fraude (siendo abogado no puede no saber lo que significa la destrucción de pruebas) y se refirió a los votos de los ciudadanos como simples “papeles que nada dicen y menos significan. La bancada panista acepta que se destruyan estos míticos documentos”.

He escuchado a personas criticar a miembros del gabinete propuesto por López Obrador, en caso de ganar la presidencia de la República. Sin embargo nadie puede hacer lo mismo con el gabinete de Anaya o el de Meade, por la simple razón de que no lo han dado a conocer. ¿Se imaginan a Fernández de Cevallos como procurador general de la República o como Secretario de Gobernación? ¿A Manuel Barreiro como Secretario de la Función Pública? ¿Al “chucho” Jesús Ortega como Secretario de Educación Pública?

Recordemos que el PAN ya tuvo en sus manos el gobierno federal durante dos sexenios, ya los vimos cómo seleccionaron a los miembros de su gabinete. Muchos de ellos ineptos, corruptos e ignorantes del área en la que fueron colocados. Como Vicente Fox que puso en la Secretaría de Energía al abogado Felipe Calderón o éste último que incluyó en su gabinete al español Juan Camilo Mouriño como Secretario de Gobernación, al ingeniero mecánico Genaro García Luna en la Secretaría de Seguridad Pública y a la economista Georgina Kessel en la Secretaría de Energía (la que hoy forma parte del Consejo de Administración de la empresa española Iberdrola, a la que benefició con numerosos contratos mientras fue secretaria).

La mejor descripción de Anaya que he escuchado se la debo al actual gobernador de Chihuahua, el panista Javier Corral, quien compitió contra Anaya por la presidencia nacional del PAN. En esa campaña, Corral acusó a Anaya, frente a él, de corrupto por usar recursos públicos para promover su candidatura al interior del PAN, lo acusó de tener una ambición sin límites, de haber sido enviado a la Cámara de Diputados como coordinador de la bancada panista porque es un peón que se presta a todo, de usar a la gente, de ser pragmático a niveles de escándalo, de no tener principios ni límites, de no haber terminado ninguno de los cargos que ha conseguido, varios de ellos por designaciones “cuestionables” para los que ha sido designado. Corral acusó a Anaya de que “se le han hinchado las manos de aplaudirle a Peña Nieto”.

Por eso no es para nada creíble que Anaya sea un opositor al sistema. En la presidencia, simplemente haría más de lo mismo. Lo mismo que hicieron Peña Nieto, Calderón, Fox, Zedillo y Salinas.

 

anbapu05@yahoo.com.mx

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