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Anaya, presa de su propio juego

Anaya está siendo presa de su propia ambición, paradójicamente fue construyendo su candidatura al mismo tiempo que cavaba un profundo hoyo al que parece dirigirse sin remedio; obedeció a Hank González de “un político pobre es un pobre político”.

 

Cada aspirante a la presidencia tiene su propia forma de lidiar con sus ambiciones. Ricardo Anaya jugó sus piezas y se adueñó de su partido político, a la vez, fue creando sus propias estructuras financieras, cimentó su proyecto en dos grandes pilares, poder político y poder económico, todo, para ir por el gran poder: la silla presidencial.

Ricardo Anaya, a diferencia de Diego Fernández de Cevallos, entiende este momento como su única oportunidad para ser presidente de México. Fernández de Cevallos entendió de diferente manera su papel en 1994, jugó a dejarse perder cuando parecía tener contra las cuerdas al sistema político, noqueó al cardenismo y puso de rodillas al priismo para después abandonar una contienda que parecía ganada.

Anaya es distinto, tiene inmensas ganas de ser presidente, el problema es que sus ganas de ser no son compatibles con el propio sistema, cosa distinta a la que representó Fernández de Cevallos, alfil del salinismo para que el engranaje de aquel sistema funcionara bien.

Ricardo Anaya se envalentonó, amenazó a Enrique Peña Nieto con meterlo a la cárcel cuando llegase a ser presidente; el problema es que cuando tienes un esquema financiero donde figuran empresas fantasmas y operaciones millonarias poco justificables, jugarle al héroe hace que la maquinaria del sistema vaya contra ti. Podría decirse que el candidato panista tocó fibras que no se deben tocar cuando se aspira a la presidencia, y quién sabe que pasó en aquella relación de amor que había entre quien era el presidente del Congreso con el presidente de la República a inicios del sexenio. Sí, a un mes de la elección presidencial, se borraron las sonrisas de quienes firmaron el Pacto por México.

El día jueves 6 de junio apareció en redes sociales un video que involucra a los hermanos Barreiro y a Ricardo Anaya en el tema de operaciones con dinero de procedencia ilícita; y más allá de lo que se exhibe en el video (la explicación de cómo opera el esquema de lavado de dinero entre los Barreiro y Anaya), hay que entender la aparición de este como un manotazo certero del sistema político mexicano. La escena solo viene a confirmar lo que hace tiempo ya se sabía y lo que se investigaba en la Unión Europea; ante este escenario la pregunta sería: ¿está Ricardo Anaya en la lona de la carrera presidencial? Creo que prácticamente sí.

Primeramente, en términos electorales, Anaya tiene 25 puntos menos que el puntero; además de no contar con una base sólida de seguidores como la que logró formar en 18 años de protagonismo político López Obrador. Anaya está siendo presa de su propia ambición, paradójicamente fue construyendo su candidatura al mismo tiempo que cavaba un profundo hoyo al que parece dirigirse sin remedio; obedeció a la patética frase de Hank González de “un político pobre es un pobre político”, y un patrimonio de 50 millones de pesos y un estilo de vida como el de Anaya, no le dan la legitimidad que requiere un político para enfrentarse a las ofensivas del sistema. Anaya no encaja en el candidato antisistema como se quiere mostrar, quizá su error fue ese y desconocer las formas como un candidato de su ADN logra hacerse del poder, fue su propia ambición desmedida la que lo llevó a quererle dar la vuelta al sistema y miren que, en ese terreno, ni López Obrador pudo ganar. Y por último, hay que entender que a estas alturas del partido, a menos de un mes de la elección, no vemos fortaleza en la figura de Ricardo Anaya que pueda doblegar al sistema político. Por todo lo anterior pienso que Anaya está prácticamente aniquilado de la contienda.

La otra cara de la moneda es la figura de López Obrador mezclada con un toque de pragmatismo. Sí, así como uno (Anaya) quiso desconocer las formas para hacerse del poder; el otro, López Obrador, entendió que sólo flexibilizando ciertas posturas iba a lograr llegar a la presidencia. No se puede cantar victoria, pero como sea, a poco más de 20 días de la elección, la iniciativa privada logró moderar su discurso contra AMLO y viceversa, la nueva relación Peje–Televisa (muy parecida a la que tenían en 2003) da a entender que hay un futuro acomodo en las cúpulas del poder y quizá no vaya por el lado del PAN y del PRI.

El lopezobradorismo está en la antesala de la presidencia y sí, quizá esto sólo se pueda entender a través de un pacto con quien ostenta el día de hoy el poder. La duda morbosa es: ¿será que estaremos viendo al presidente Enrique Peña Nieto anunciar la irrefutable victoria de Andrés Manuel el 1 de Julio por ahí de las 10 de la noche al mismo estilo que Zedillo anunció la victoria de Vicente Fox en el año 2000? Sólo hasta ese día lo sabremos.

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