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Aprender ‘el arte de organizar la esperanza’

Ernst Bloch propone “buscar en el mundo mismo lo que sirve de ayuda al mundo: algo que es susceptible de ser encontrado…” La esperanza “incita, no permite conformarse con lo malo existente, es decir, no permite la renuncia”.

La idea del título es de Ana Cecilia Dinerstein, doctora en Sociología Política de la Universidad de Bath, Gran Bretaña, que participó recientemente en un encuentro internacional en la Universidad Campesina Indígena en Red, sierra norte de Puebla.

Esta idea y la pregunta que la acompaña me conmovieron: ¿Cómo puede organizarse algo que aún no existe?

Al pensar la esperanza, muchos académicos (igual que ella lo hizo), suelen remitirse a Ernst Bloch, filósofo marxista alemán del S. XX, autor de ‘El principio Esperanza’, que ha inspirado gran cantidad de movimientos alternativos, para abrir nuevos horizontes de conocimiento e impulsar nuevas prácticas sociales.

Una frase de su prólogo basta para mostrar cómo pensadores de su talla siguen vigentes y, hoy más que nunca, vale la pena recuperarlos. Dice Bloch: “¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿qué esperamos?, ¿qué nos espera? Muchos se sienten confusos tan solo. El suelo tiembla, y no saben por qué ni de qué. Ésta su situación es angustia, (más aún) es miedo. Una vez alguien salió al ancho mundo para aprender qué era el miedo…; éste ha dominado de modo terrible. Sin embargo, ha llegado el momento de prescindir de los autores del miedo y de que tengamos un sentimiento más acorde con nosotros. Ha llegado el momento de aprender la esperanza”.

El encuentro con Ana Cecilia y su mirada optimista, a pesar de todo, desató un soplo de aire fresco en el ambiente. Su propuesta: ‘el arte de organizar la esperanza’ significó un alivio, ante el exceso de noticias tóxicas, que recibimos machaconamente a través de los medios masivos y que impregnan de espesa pestilencia el ambiente dejando a su paso escándalo, rabia, impotencia, pesimismo, depresión… ¿Cómo hacer que ese aliento gane fuerza para romper los oscuros nubarrones neoliberales y dar paso a la luz?

La conversación con Ana Cecilia incluyó inevitablemente en la referencia al triunfo de AMLO, pero muy lejos de poner el acento en el individuo; muy lejos de depositar la confianza en un “mesías que resolverá todo en un tris” pusimos la atención en el pueblo de México: ¿Cómo logramos más de 30 millones de mexicanos, tan distintos, coincidir en un movimiento, capaz de vencer al PRIAN, al menos en el proceso electoral?; ¿qué nos hizo reconocer que al menos ahí, teníamos la oportunidad de poner un alto, a la serie de brutalidades que el abusivo capitalismo ha causado, tanto a la Madre Naturaleza, como a buena parte de la población; un capitalismo que ha logrado penetrar y anidar en las entrañas de la misma gente?

Resulta tan sorprendente (como sospechoso) que después de tanto odio, tanta furia y tanto pánico desatados contra AMLO; después de tantas advertencias y descalificaciones, de pronto el mar embravecido, se apacigüe.

Quien no sabe de las múltiples luchas que vienen librando los pueblos de México, desde hace varias décadas y en todos los rincones del país (en contra del extractivismo, del ‘fracking’, de la minería a cielo abierto, de la rapiña y el despojo, de la contaminación de ríos, lagos y mares, de la destrucción y privatización impune de las zonas naturales protegidas, por los arbitrarios cambios de uso de suelo; de la nueva esclavitud, de la violencia desatada e impune contra los indígenas, las mujeres, los migrantes…, del abuso infantil, de las desapariciones forzadas; de la falta de presupuesto y privatización disfrazada de la educación pública…) juzgará imposible un cambio real.

Quien no sabe de todas las luchas que viene librando desde hace décadas una gran cantidad de organizaciones de la sociedad civil, exigiendo en toda la República: libertad, justicia, democracia, vida digna, trabajo decente, paz…, difícilmente podrá creer que la transformación sea posible, porque no ven la fuerza que sostiene “al AMLO solo”, porque aseguran que la Hydra Capitalista (como dicen los zapatistas) es indestructible.

Lo bueno es que mucha gente ya perdió la inocencia y sabe que un hombre no es suficiente, por muy honrado y carismático que fuere; sabe que no basta la simple quimera, que sólo es fuga banal.

Cierto, se abrió una grieta en el monstruo, pero fácilmente se cerrará, si toda esa fuerza popular no aprovecha la herida, para expandirla, hasta desactivarlo. Es importante reconocer además, como dice Claudio Lomitz (‘La Jornada’ 08/08/2018), “que no se podrá recuperar el territorio exclusivamente desde la organización comunitaria”. Es imprescindible tener aliados que actúen desde el poder formal.

Por ahora, al menos se renuevan las ganas de confiar en las propias energías colectivas, las ganas de contribuir a frenar el desastre y a cambiar el rumbo de la historia.

Bloch propone “buscar en el mundo mismo lo que sirve de ayuda al mundo: algo que es susceptible de ser encontrado…” La esperanza “incita, no permite conformarse con lo malo existente, es decir, no permite la renuncia”.

La esperanza se sostiene en lo que la misma gente ya está aportando.

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