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Arecáceas Yucatanenses: ciencia y arte

Yo soy un hombre sincero de donde crece la palma

Y antes de morirme quiero echar mis versos del alma

José Martí

 

El título de esta colaboración corresponde al del libro recientemente publicado por Roger Orellana, Celene Espadas y René Garruña, el cual se salió a la luz con el auspicio del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, el Centro de Investigación Científica de Yucatán y la Secretaría de Investigación, Innovación y Educación Superior del Gobierno del Estado de Yucatán.

En este libro los autores reúnen, no sólo información científica sobre 20 especies de palmeras de la península de Yucatán, las cuales se agrupan en 13 géneros botánicos, sino también diversas expresiones plásticas sobre esta familia vegetal, logrando una amalgama exacta e indivisible: ciencia y arte.

Para quienes hemos tenido el privilegio de recorrer y estudiar las selvas de la península de Yucatán contando con la orientación y conocimiento del doctor Roger Orellana Lanza, este libro es causa de nostalgia, pues nos trae a la memoria los senderos, los paisajes y las nunca olvidadas relaciones sociales, las cuales son una de las principales causas que provocan la pérdida de la diversidad biológica de las selvas de la península de Yucatán, y que tan bien Roger, como lo nombramos de forma familiar, nos supo hacer comprender.

En la época actual todo quiere ser “bañado” con la aureola de lo “científico”, como sinónimo de certeza o de verdad absoluta, pero al fundir en un sólo texto ciencia y arte sobre las palmeras, Roger, Celene y René, logran abrir una ventana para abrazar a las especies vegetales desde un multiverso de visiones, ninguna de las cuales es más certera que otra, sino simplemente son perspectivas diferentes.

Las palmeras, como toda forma vegetal, tienen funciones ecológicas y establecen relaciones biológicas con otros organismos, además de brindar beneficios directos e indirectos a las poblaciones humanas. De esta forma, y gracias al libro comentado, podemos reconocer diversas aplicaciones y funciones naturales de las palmeras, entre las primeras están el ornato, la construcción de casas tradicionales, muebles e instrumentos musicales, la obtención de aceites y biocombustibles, alimento humano, de animales domésticos y silvestres, elaboración de artesanías, remedios contra afecciones diversas; y en los segundos se identifican como lugar de percha y andamiento de aves, insectos, arácnidos y múltiples microorganismos. Y no podemos olvidar la contribución de las palmeras en la construcción de un paisaje, el cual sin ellas, no sería el mismo.

Arecáceas Yucatanenses: ciencia y arte es y será, sin duda, un texto clásico para todos aquellos que comprendan que esta nave, llamada Tierra, es una casa común y que la conservación de la biodiversidad es fundamental, no solo desde la perspectiva ética, si no, y sobre todo, para la sobrevivencia de la especie humana, la cual sin la riqueza y diversidad biológica de las selvas sucumbirá bajo el peso de su propio ego.

Describir el paisaje natural peninsular implica, necesariamente, hablar del estrato de las palmeras, sean arbustivas, arbóreas o trepadoras, de sus colores, texturas, de su crecimiento, forma y arquitectura. Sin las palmeras la selva tropical, seguramente no sería tan hermosa. Y qué decir de los nombres vernáculos y mayas de las palmeras de la península de Yucatán: tasiste, tuk, mop, coyol real, jahuacté, xiate, xiat, knacás, uk úm, hanan, k´an ho, kuká, yagua, huano, botan y ch´it, muchos de ellos, al pronunciarlos dejan un agradable sabor de boca, al igual que muchos de los dulces preparados con sus semillas.

La riqueza y la diversidad de una región no solo depende de su complejidad biológica, sino sobre todo por la integración que las culturas originarias dieron a los organismos. Las culturas ancestrales, desde hace miles de años, entendieron que los individuos, las especies, las poblaciones y las condiciones edáficas y meteorológicas forman una unidad indisoluble y dialécticamente cambiante, que al romperse su equilibrio e integración o modificarse abruptamente, provoca daños a todos sus integrantes, por ello, la pérdida o extinción de especies es un mal irreparable. Hoy se habla de ecosistema, pero también de ecocidio.

La ciencia, en el sentido amplio de la palabra -es decir el conocimiento- no debe ser coto de ninguna empresa o institución, es -en el sentido mitológico- el árbol prohibido que los seres humanos decidieron abordar para comprender la realidad y transformarla positivamente.

Desgraciadamente llegaron las formaciones capitalistas y con ellas el lucro y el deseo incesante de consumo, los campos de golf, las cadenas hoteleras, los fraccionamientos habitacionales, las zonas industriales, las carreteras y muchas otras actividades antropogénicas, y con todo ello la extinción de especies biológicas, entre ellas las palmeras.

Por lo comentado en el párrafo anterior, Arecáceas Yucatanenses: Ciencia y arte, es una obra, donde los autores, tal vez si proponérselo, mueven y moverán sentimientos, generarán, estoy seguro, respuestas y acciones en todos los niveles, desde los gubernamentales, hasta la sociedad civil, para contribuir en la conservación de las selvas peninsulares, su diversidad biológica y cultural. Por ello, desde Querétaro una felicitación a Roger, Celene y René por tan extraordinaria obra, la cual se recomienda ampliamente a los lectores.

 

Más información en El Ahuehuete, herbolaria. Niños Héroes 41, esquina Matamoros, Local 3. Tequisquiapan, Qro. 442-3775127, 414-1070194 y 427-1212508. Correo electrónico: contacto@elahuehuete.com.mx; www.elahuehuete.com.mx

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