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¿BEST BUY OR WORST BUY?

En este mundo global en el que reina la “Era de la Información” (dixit, Castells), donde lo que ocurre en cualquier rincón del planeta, prácticamente en vivo, lo sabemos al momento, sea una masacre de latinos o mexicanos en USA, o el posible “impeachment” de Trump, el conflicto del Brexit en Inglaterra, la posición Rusa en el Consejo de Seguridad de la ONU, el uso de cohetes por parte de Norcorea, el ataque terrorista a los pozos petroleros de Arabia Saudita, el movimiento autonomista en Hong Kong, el asesinato de un periodista en la embajada de Saudiarabia en Turquía, los continuos ataques de Israél a Palestina, incluyendo el intento de traslado de su capital a Jerusalém, la intervención de USA y Rusia y ahora de Turquía en Siria, la corrupción presidencial en Guatemala, el asesinato de activistas ambientalistas en Honduras, el rearme de un sector inconforme de las FARC en Colombia, la controversia de poderes en Perú, las elecciones en Bolivia, el desarrollo del conflicto en Venezuela, las políticas derechistas y discriminatorias de Bolsonaro en Brasil, o la actual crisis ecuatoriana con la implementación del “paquetazo” del FMI, por parte del presidente Lenin Moreno que ha declarado “Estado de Excepción” y el traslado provisional de los poderes de Quito a Guayaquil.

En ese marco, de la “Aldea Global” el capital financiero aprovecha las medidas cibernéticas para incorporarlas a sus transacciones internacionales. Lo mismo ocurre con las empresas transnacionales y con los oligopolios mercantiles de los productos agropecuarios. Las oficinas gubernamentales hacen lo propio con las medidas de modernización para sus trámites. El dinero físico aún sigue siendo un mecanismo necesario para realizar compras o pagos directos, pero cada vez más el plástico de las tarjetas va supliendo las variadas compras que se realizan. En la misma orientación, están las “tiendas virtuales” que no tienen un lugar físico, o aún teniéndolo, pueden realizar la oferta y venta de sus productos, “en línea”. De esta forma, se ahorra el pago de locales, trabajadores, prestaciones y confrontaciones sindicales, y en ocasiones hasta de la declaración de impuestos. Lo que anteriormente hacía el usuario de formas tradicionales, ahora con el uso del celular, también se realizan estas acciones, incluyendo las transferencias interbancarias.

Traigo a colación lo anterior, pues si bien la mayoría de los usuarios han sufrido “descuentos bancarios” no explicados, ni convenidos en los contratos, o han sido víctimas de clonación o “hackeo” de sus tarjetas, cuestión que deja al cliente en estado de indefensión, o sus reclamos resultan improcedentes, “por auto-robo” (según los bancos), o por otra parte, cuando proceden, pasan largos días, o hasta meses, para recuperar su dinero. Quien esto escribe, intentando ahorrar tiempo, realizó una compra “en línea” de dos productos, el pasado 4 de octubre de 2019, aproximadamente a la una de la tarde, con la empresa “Best Buy”, con el compromiso de la entrega de las compras en mi propio domicilio. Realicé el pago, con cargo a mi tarjeta bancaria, cuestión que aprobó el banco al notificarme, a las 13 horas con 14 minutos, que se había autorizado dicha compra.

Me quedé contento, porque ya podría ver en casa las películas de Netflix, los noticieros y los deportes. Me salí del internet y al día siguiente me enteré, a través de un correo electrónico de la empresa Best Buy, enviado el mismo día 4 de octubre, a las 13 horas con 33 minutos, es decir 19 minutos después de que el banco ya había aprobado la operación y que ya me había descontado el costo del producto de mi cuenta, con una nota de BB que decía: “Asunto: Pago no verificado”, incluyendo el número de la orden de compra y la leyenda: “Lo sentimos, no hemos podido verificar tu información de pago, por lo que no fue posible hacer el cargo de tu compra”.

Los días subsiguientes acudí al banco para checar mi saldo y comprobar que se me había hecho la devolución correspondiente, al no haberse realizado el “Intento de compra”, según me aclararon telefónicamente en Best Buy, asegurándome posteriormente que la empresa “no había tomado, ni tomará” la cantidad referida y que yo lo aclarara con mi banco. ¿Quién miente?: ¿Best Buy, o el banco? La cantidad pagada aún aparece como descontada en mi saldo actual, en tanto que Best Buy afirma que no la retuvo, ni la retendrá. Mi lana está en “la nube” y lo que soñaba como la “mejor compra, resultó la peor”.

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