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¿Candidatos “independientes”? Mejor: democracia participativa, ¡ya!

Conforme pasan los días, se asimila el dolor del sismo y se acerca el 2018, se va colando la confusión hasta la médula, con tantos mensajes en redes sociales y tantos ‘candidatos independientes’, aspirantes a la presidencia de la República (ya hay más de 25).

¿Será que “a río revuelto, ganancia de pescadores”? o ¿qué andarán buscando?

Marichuy, vocera del CNI, representa la clara intención de desmantelar el sistema neoliberal, convocando a una amplia y necesaria organización popular.

La mayoría de los demás aprovecha la oportunidad para satisfacer sus propios intereses: ¿ganar popularidad o prestigio?; ¿nutrir su ego mesiánico?; ¿cazar un empleo muy bien remunerado?; ¿resarcir la herida narcisista, causada por su partido que no los postuló?, ¿o colaborar con la oscura jugada del PRIAN, para impedir que Morena, único partido antineoliberal, llegue al poder? Todo eso circula en las redes. ¿Habrá alguno sincero que realmente crea que puede lograr cambios importantes?

¿Estaremos regresando al caudillismo o presenciamos una expresión más del Mercado, que ofrece un sinfín de marcas y genera la ilusión de “libertad para elegir”?

El caudillismo, fenómeno político social, surgió sobre todo en Latinoamérica, antes de consolidarse la democracia representativa y los partidos políticos. Los caudillos buscaban (o buscan) seducir a grandes multitudes para acceder al poder, convenciéndolas (con su discurso rebelde, brillante y contundente, y sus alianzas con poderosos enemigos del gobierno), de su plena capacidad para resolver los problemas sociales.

Aparecen cuando el pueblo desconfía del actual régimen (incapaz de lograr un consenso, de reconocer, articular y menos dar respuesta a las necesidades populares); cuando el Estado carece de planes que beneficien a todos, y reina la inestabilidad económica y el caos político, por los graves enfrentamientos entre las múltiples facciones que se disputan el poder…

El neoliberalismo casa muy bien con el caudillismo pulverizado, generando la ilusión de que uno puede “elegir al mejor”, de entre una amplia gama de competidores. El marketing político, aprovecha el actual galimatías para inducir a votar por quien ofrezca el eslogan más pegajoso, o (“mejor”) a abstenerse o a anular la boleta, tratando ingenuamente de boicotear la farsa.

Con el voto fragmentado de la oposición al sistema, se dificulta la organización ciudadana en torno a un proyecto alternativo de nación, construido y asumido colectivamente.

Cuando el mercado confunde e impone la lógica del menor esfuerzo y de la desesperanza, la exigencia de una democracia auténticamente participativa, que lleve a revisar y a comparar propuestas, se percibe como demasiado cuesta arriba y sin sentido: “¿Realmente vale la pena, cuando gane quien gane, terminará por corromperse?”, preguntan algunos.

Frente al actual desafío, la historia recuerda que los partidos surgieron como organizaciones ciudadanas, que buscaban (o buscan) hacer valer proyectos de nación que rompieran la autocracia del monarca. Pero esto ha resultado de lo más complejo.

Con el tiempo, algunos partidos lograron sólo cambios de forma, dando lugar a otras nefastas versiones del capitalismo (el ‘capitalismo de Estado’ o el ‘nazismo’…). Otros sí consiguieron frenarlo, acotarlo y arrancarle importantes concesiones, dando lugar al ‘Estado de bienestar’, sobre todo en Europa.

En Latinoamérica los esfuerzos por avanzar hacia un sistema menos desigual, más justo y más democrático, conceptuado como ‘Buen Vivir’, vienen siendo fuertemente desalentados y bloqueados por el neoliberalismo, al que sólo interesa la concentración de grandes capitales, sin importar las graves consecuencias para la humanidad y para la Naturaleza.

En este contexto, al sistema dominante le conviene el abierto repudio ciudadano a los partidos políticos y la exigencia de que no reciban dinero público (sin pensar que eso implicaría privatizarlos). Así, con un “Estado delgado”, nadie tiene derecho a exigirle nada.

Algunos opinan que vale la pena experimentar las ‘candidaturas ciudadanas’, como formas novedosas de hacer política, por romper con la ‘partidocracia’ y ser menos proclives a la corrupción (¿de veras?). Otros piensan que, más que a individuos, habría que abrir la participación a los movimientos ciudadanos (como el CNI), que ofrecen proyectos realmente alternativos.

Mientras logramos construir el nuevo régimen, no conviene partir de cero. Hay que recuperar la historia y la experiencia de quienes nos han precedido.

Sobre el tema, resulta inaplazable la lectura del texto ‘Nuevo proyecto de nación: por el renacimiento de México’ (de Morena); obra colectiva de importantes intelectuales y luchadores sociales, coordinada por Jesús Ramírez Cuevas, que contribuye tanto a comprender el origen de los graves problemas que tenemos, como a abrir varios caminos esperanzadores.

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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