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Cliserio Gaeta Jara: las enseñanzas del Viejo tonto

Luis Oscar Gaeta Durán

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Bertolt Brech

Cliserio Gaeta Jara (1937-2016) cumple un año más de fallecido -su vida es ejemplo de lucha y honestidad-. El anhelo que persiguió fue la justicia social, que los pobres –los “jodidos” como él decía- dejaran de serlo y construir una sociedad donde el reparto de la riqueza no ocurriera de manera desigual.

A cinco años de su muerte, lo tenemos presente y reflexionamos sus palabras y acciones: su recuerdo nos da clases de dignidad. Las enseñanzas que deja son de gran importancia, pues su experiencia en la lucha armada (guerrilla) le aportó saberes que compartió a lo largo de su vida.

“Don Gaeta” se afanó por edificar un mundo mejor, anular los abusos en contra de los más desprotegidos y, por supuesto, derribar la sociedad capitalista. Su persistencia y comprensión de la realidad lo encaminaron a tomar las armas y soñar con una vida mejor para todas y todos.

El objetivo de “Don Gaeta” consistió en derrumbar las dos grandes montañas que oprimen a la humanidad: capitalismo e imperialismo. Por esa razón, Cliserio Gaeta decidió autodenominarse como “El Viejo Tonto” –sobrenombre que tomó de Mao Tse Tung y refería una antigua fábula china -.

Para el oriundo de Jalisco, el mal que aqueja a la sociedad es el modo de producción capitalista. “El Mili” (seudónimo que usó en su vida como guerrillero) sostuvo que la burguesía no cesa de explotar a la clase trabajadora y, por tanto, es necesario superar esa condición de existencia.

Gaeta Jara tuvo la necesidad de abandonar el “pensamiento común” y transitar a una visión del mundo más crítica, es decir, dinamizar su vida hacia la “praxis revolucionaria”. Esa superación la logró a medida que comprendió su situación como sujeto con determinaciones históricas y sociales.

A pesar de tener poca formación escolar, “Don Gaeta” comprendió la importancia de leer. Al incorporarse a la guerrilla (con el Partido Proletario Unido de América [PPUA]), Cliserio asumió la obligación de estudiar a los grandes pensadores revolucionarios: Marx, Lenin, Mao, Ho Chi Minh, “Che” Guevara, entre otros.

Su paso por la luchar armada y la formación teórico-política -proporcionada en la guerrilla-, fueron pilares fundamentales para construir a Gaeta Jara como hombre de su tiempo, comprometido y responsable de su quehacer histórico. Esa situación lo convirtió en un maestro.

Por ello, su ejemplo de vida, su pensamiento y acción son enseñanzas que retomamos para anhelar un mundo más justo. En este quinto aniversario luctuoso, Cliserio Gaeta Jara revive como una luz de rebeldía, como un camino que invita a ser transitado y seguir andando hacía la utopía de la libertad. ¡Hasta la victoria siempre, “Viejo Tonto”! ¡Gaeta vive, la lucha sigue!

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