Articulistas

Coloquio: Transgénicos. Ciudadanía y Científicos (I)

Si México pretende contar con una población sana y con autosuficiencia alimentaria es menester que proteja este grano de la presión de las corporaciones.

El 7 de agosto pasado se realizó —organizado por la Fundación Paxnatura y la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) — en el Club de periodistas sito en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el Coloquio “Transgénicos. Ciudadanía y científicos”, el cual reunió a importantes personalidades de tal área de conocimiento.

Después de una mesa redonda donde el Dr. Steven Druker —autor del libro Transgénicos, genes alterados, verdad adulterada. Como la empresa de los alimentos modificados genéticamente ha trastocado la ciencia, corrompido a los gobiernos y engañado a la población– expuso el reto lanzado hace casi un año al biotecnólogo Francisco Bolivar Zapata (quien en su libro Transgénicos. Grandes beneficios, ausencia de daños y mitos (ACM/UNAM/CN, México, 2017) lo tachó de mentiroso) a que mencionase ejemplos de las supuestas mentiras que le atribuye, varios investigadores —entre los que se encontraban los Drs. Antonio Turrent (recientemente nombrado Agrónomo ilustre), Alejandro Espinoza (investigador del INIFAP y actualmente Presidente de la UCCS), Eckart Boege (investigador de la UV y autor del libro Patrimonio Biocultural) y Julio Muñoz—catedrático de la Facultad de Ciencias de la UNAM—, expusieron las diversas razones por las que, según sus investigaciones así como por los datos ofrecidos por el reciente libro del Dr. Druker, deberíamos desconfiar de los organismos transgénicos.

Mencionaron, por ejemplo, que los transgénicos, un tipo de Organismos Genéticamente Modificados (pero no por la mejora selectiva que la humanidad realiza desde hace siglos a numerosos cultivos sino por la moderna ingeniería genética) ya se encuentran, sin los debidos estudios de largo plazo, en los medicamentos y los platos de los consumidores y que las empresas que los promueven (Showa Denko, Monsanto/Bayer, Dow, Syngenta, Pionner, entre otras) ya han coptado a varios científicos mexicanos así como a varios políticos de las administraciones anteriores y amenazan con introducir sus inventos en el principal producto de la comida mexicana: el maíz.

Como bien sabemos, desde tiempos inmemoriales, la Milpa se cultiva en prácticamente todo el territorio nacional (salvo en Baja California), y los diversos pueblos de México han logrado adaptar el maíz a diferentes alturas, climas y muy diferentes niveles de pluviosidad.

Desgraciadamente, indicaron, desde hace más de 30 años se realiza una política contra el cultivo tradicional del maíz, el cual es el principal cereal del mundo (actualmente se producen más de 200 millones de toneladas del mismo solo en los USA). Pero la gran mayoría de ese maíz ya no es el que se desarrolló en Mesoamérica sino el transgénico, uno que requiere, para poder germinar correctamente, de la aplicación previa del herbicida Round Up (o Faena, Mochilero, Azadón, Cacique y otros tantos nombres que ese herbicida —cuyo Principio activo es el Glifosato— recibe en nuestro país). Aquí debemos recordar que el Glifosato fue denominado en el 2015, a instancias de un importante grupo de productores argentinos que vieron lastimada su salud a causa de su uso, por la Organización Mundial de la Salud como “potencialmente cancerígeno” y que dicha sustancia se conserva en todos los productos a los que se les aplica.

Es por tal razón que, si México pretende contar con una población sana y con autosuficiencia alimentaria es menester que proteja este grano de la presión de las corporaciones agroalimentarias (Continuará).

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba