Articulistas

Complejidades de la educación democrática (II)

¿Por qué se sigue desacreditando la profesión docente de la escuela básica, pretendiendo que cualquiera puede suplirlo o que cualquiera puede opinar sobre ella?

La discusión sobre cómo han de ser educados los chicos nunca termina, y se renueva con cada reinicio de clases. También se renueva el debate para definir qué tipo de educación es mejor: ¿la tradicional-conservadora-autoritaria?, ¿la emancipadora-crítica-democrática?, ¿la “neutra”-tecnocrática-eficientista? o ¿la aristocrática pro “excelencia”?…

Más allá de estas discusiones, nos enfrentamos al drama de lo que EN REALIDAD sucede cotidianamente, tanto en la escuela, como en la familia; lo que en los hechos logran hacer las mamás y los maestros para guiar a los menores en el marco de un contexto extraordinariamente complejo sometido a los valores del mercado, desbordado por el caos, la anomia, la violencia y las contradicciones.

En mi anterior artículo comentaba algunas experiencias pedagógicas democráticas, al inicio del siglo XX, que significaron un respiro frente a las tendencias autoritarias alrededor de las grandes guerras. Experiencias que mostraron que no sólo es posible, sino necesaria una educación democrática, comprendida como FORMA DE VIDA, respetuosa de la dignidad humana y del medio natural; cooperativa y solidaria, dirigida a desarrollar el pensamiento crítico y a superar exclusivismos, fanatismos y prejuicios.

En torno a dichas experiencias, se dispararon diversos estudios científicos, que pusieron de manifiesto los procesos (neurológicos, cognitivo-afectivos, epistemológicos…) que siguen los menores para adquirir ciertos conocimientos; la forma como inciden en éstos, sus contextos y relaciones socio-culturales, así como los procedimientos didácticos más adecuados para promover la adquisición de contenidos específicos.

¿Qué sucedió con todas estas experiencias y con todos estos conocimientos? ¿Por qué, a pesar de toda la ciencia sobre cómo aprenden los niños y cómo conviene enseñarles, no disminuyen el trato semi-militar de muchas escuelas, el autoritarismo, el machismo, la aporofobia, el burocratismo ni la ‘pedagogía de la saliva’? ¿Por qué, por otro lado, siguen apareciendo “novedosas” propuestas educativas “alternativas”, “centradas en el niño”, que repiten las tesis de Rousseau en su Emilio (¡siglo XVIII!)? ¿Por qué se sigue desacreditando la profesión docente de la escuela básica, pretendiendo que cualquiera puede suplirlo o que cualquiera puede opinar sobre ella?

El régimen neoliberal con su manía innovadora hizo borrón y cuenta nueva de toda la historia y pretendió que la Nueva Educación se resolvía combinando un móvil con internet, un niño suelto en el laissez faire (dejar hacer) y un adulto “facilitador” seguidor de instrucciones diseñadas por “los expertos”, habilitado para manejar aparatos, y controlado a fuerza de “subir evidencias” a las plataformas oficiales.

El resultado de este “modelo innovador neoliberal” fue el sometimiento de los maestros al control del “Hermano Mayor, el epistemicidio de importantes corpus de conocimientos y el agravamiento de la ignorancia de todos los involucrados; una ignorancia que deviene en mayor dependencia, mayor represión y menor libertad.

No puede haber democracia, cuando la mayoría del pueblo está sumida en la ignorancia.

Mientras esto escribo, me llega un mensaje por WhatsApp:

“Es increíble que Bolsonaro dijera: ‘Si yo gano, no habrá un centímetro de tierra que sea reserva natural’… y fue elegido. Definitivamente la democracia está sobre valorada”.

Pero entender la democracia como mayoriteo de ignorantes es muy diferente a entenderla como la he señalado arriba.

(Sigue uno último)

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba