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Comportamiento humano y cambio climático, causa y efecto


Casi todos los gobiernos del mundo con el afán de reactivar la economía al nivel prepandemia, deslumbran a los ilusos con la idea de la “luz a final del túnel”, desean convencer a los ciudadanos de a pie sobre la sostenibilidad del insostenible modelo civilizatorio global.

Basta un solo dato, la Organización Meteorológica Mundial (OMM), advierte que en al menos uno de los próximos cinco años la temperatura media anual del planeta pudiera subir temporalmente 1.5 grados centígrados, lo que incrementaría el deshielo de glaciares y del nivel medio del mar, la dispersión de vectores de enfermedades, olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos como son las tormentas, huracanes, tsunamis, inundaciones, que provocarán deslaves y socavones, entre otros desastres que afectarían la seguridad, la salud y la vida de las poblaciones humanas, la producción de alimentos, entre otros aspectos. Si esa tendencia no se detiene y el calentamiento global continúa a su ritmo actual, el año 2060 sería un punto donde las consecuencias serían irreversibles, es decir, en inicio del fin y, ¡sólo faltan 40 años!

¿Quién tiene el suficiente poder para frenar el calentamiento global y con ello el cambio climático? aparentemente no hay gobiernos, ni organismos internacionales ni multimillonarios que busquen seriamente hacer algo práctico, pues para lograrlo se requiere una seria crítica al modelo civilizatorio global soportado en la inequitativa distribución de la riqueza y a su vez en un exacerbado consumo de recursos y destrucción de las condiciones naturales que soportan la vida humana.

¿Por qué se destruyen las condiciones que soportan la vida humana en la Tierra? Debido a que se extraen recursos para la fabricación de mercancías de vida corta y no existe forma adecuada de deshacerse de los desechos y residuos. ¿Por qué se fabrican mercancías? Para que se consuman aceleradamente. Por ello realmente, para salvarse, las generaciones actuales deben re-educar su modelo de consumo, ello conlleva a pensar en un nuevo modelo de organización social humana, uno que promueva realmente la equidad y el uso racional de los recursos. Para ello es indispensable eliminar del mercado todas aquellas mercancías y servicios no fundamentales ni necesarios, reconvirtiendo esas fuerzas y medios productivos hacia otras áreas necesarias. Eliminar el consumo superfluo y eliminar las abismales desigualdades.

Un lugar común, y no por ello intrascendente, es que aproximadamente el 20% de la población humana, los ricos, consumen el 80% de los recursos y generan el 80% de los residuos, mientras que el 80% de la población, los pobres, consumen el 20% de los recursos y generan el 20% de los residuos. El Covid-19, el hongo negro, el VIH, entre otras enfermedades sólo son la punta del iceberg, lo peor está por venir. Y todo esto desde un punto de vista optimista.

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