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Coronavirus, una expresión de la crisis general del modelo civilizatorio

Hoy, la civilización cornucopiana empieza con la “cruda” tras una borrachera de 200 años, donde cuatro o cinco revoluciones industriales han provocado la superabundancia material.

Las expresiones faciales y verbales de la gente común muestran un gran asombro, como si la presencia de la pandemia, la cuarentena, el conteo funerario y todo el tsunami económico generado por un virus fuera algo increíble, ¿cómo es posible que esto ocurra?

En el siglo durante el cual la producción tecnocientífica ha superado a todo lo antes hecho por el ser humano, ¿cómo es posible que esto le ocurra a la especie humana? “gigante” conquistadora de la naturaleza. Esta situación evidencia la crisis general del modelo civilizatorio cornucopiano cuyos paradigmas son: la creencia en el poder ilimitado de la ciencia y la tecnología, en la infinitud de los recursos y en la no existencia de límites al crecimiento y poderío humano.

Hoy, la civilización cornucopiana empieza con la “cruda” tras una borrachera de 200 años, donde cuatro o cinco revoluciones industriales han provocado la superabundancia material para una porción de la población y grandes masas en condiciones de extrema pobreza ansiosas por consumir todo lo consumible. La industria farmacéutica es la gran vencedora en este breve hito, pero ¿cuánto más puede durar el placebo vacunal?

¿Por qué hablar de crisis general del modelo civilizatorio? desde hace ya varias décadas, los propios científicos han alertado sobre los efectos antropogénicos sobre el clima global debido a la emisión de gases de efecto invernadero generados por la quema de combustibles fósiles (petróleo y gas), la destrucción de ecosistemas fundamentales como las selvas y los manglares, la desertización de tierras y océanos, el consumo superabundante que causa la generación inmisericorde de desechos y residuos, todo ello dentro de un ciclo natural de calentamiento global (periodo interglacial).

La humanidad en su conjunto ha hecho caso omiso de dichas advertencias, el coronavirus solo es la punta del iceberg, la vanguardia que emerge de la caja de Pandora. 2020 marca el límite del crecimiento civilizatorio. La avaricia económica y el consumo superabundante son inversamente proporcionales a la resiliencia global; es decir, a la capacidad de que la especie humana pueda seguir existiendo en este planeta, su único hogar.

Esta década que comienza es la encrucijada que lleva al renacimiento o a la debacle civilizatoria. Ningún gobierno, organización internacional o grupo de potentados harán nada efectivo, la esperanza está en los cambios de comportamiento que podamos hacer la gente común, los humildes, los pequeños como los llamo “Jesús el Nazareno”; cambios en los paradigmas civilizatorios: obtención de energía y alimentos, recuperación y conservación de la salud, educación para la vida, conservación de los ecosistemas, disponibilidad de agua y sobre todo la felicidad, esa simple, del ser humano bueno.

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