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“Cuando todo sea privado, seremos privados de todo”

La frase del título se atribuye al diseñador Gérard Paris-Clavel (quien admite que no es suya). Apareció en un cartel en una calle de Lyon, Francia, acompañada de otra: “Viva el servicio público”. Dicen que se hizo viral, cuando AMLO la citó en una de sus mañaneras.

La menciono ahora por lo que venimos viviendo en Querétaro, la privatización de todo lo público: de la tierra, de la minería, del servicio de limpia, de la seguridad, del transporte colectivo y ahora del agua.

Haber aprobado una ley que concesiona a particulares un servicio que le compete al Estado, lleva a preguntarnos quiénes son “nuestros representantes” y por qué actúan como lo hacen.

Para saber quién es quién, se pueden combinar dos coordenadas: una epistémica y otra política. La epistémica (del griego: episteme=conocimiento), lleva a preguntar si quienes deciden por nosotros saben lo que están haciendo; si comprenden el problema en plenitud; si conocen sus causas o su génesis y si pueden prever las consecuencias que tendrá decidir de una u otra forma. La política lleva a preguntar con qué tipo de proyecto social están comprometidos esos legisladores: ¿uno que busca concentrar la riqueza en unas cuantas manos u otro que lucha por lograr la distribución equitativa del bienestar para todos?

Puede haber algunos que obren de buena fe, creyendo que deciden para beneficiar a todos, sin captar que, en realidad, facilitan el enriquecimiento de unos cuantos y dañan la naturaleza. Puede haber otros que estén muy claros de lo que hacen y de sus graves consecuencias, a mediano o largo plazos, sin que eso les importe, pues su interés prioritario es tener un excelente empleo y puertas abiertas a múltiples negocios y relaciones de poder. Habrá otros más que sospechando las graves consecuencias, se sientan acorralados, pues no pueden fallar a sus compromisos previos; así, votan “por lo que diga la mayoría”, por lo que dicte su partido o sus patrocinadores de campaña o bien, se abstienen “para quedar limpios”.

No queda claro por qué, quienes votaron por la llamada ‘Ley de Aguas’, no estuvieron dispuestos a escuchar otras voces ni a discutir más ampliamente en un Parlamento Abierto. Y es que no sólo está en juego el costo del servicio, sino la salud de la naturaleza y la soberanía del pueblo sobre sus recursos naturales (que se vuelve más vulnerable frente al agandalle de los pudientes). Por eso es legítimo que la gente sospeche que quienes decidieron fueron comprados por un poder superior.

El pretexto de “regular” algo que ya era insostenible (el robo de agua, propiedad de la nación), podría ser válido, si no fuese porque NO ES ÉTICO regular un desfalco. Ya se ha señalado insistentemente que la palabra ‘concesión’ es el eufemismo de privatización.

Lo que en este caso le corresponde a un Estado (que realmente vele por el bienestar de su población), es vetar toda concesión y responsabilizarse de los servicios públicos, pues ésa es su función. Sólo que surge otro pretexto para no hacerlo, cuando se alega que “la ciudad ha crecido exorbitantemente y que ningún gobierno puede darse abasto, por lo que es inevitable acudir a la iniciativa privada”.

Lo que no se dice es qué la ciudad creció de manera tan acelerada, desaforada, desordenada e inequitativa, porque los gobiernos neoliberales (sobre todo panistas) así lo promovieron en pro de los desarrolladores neoliberales (ellos mismos), sin interesarles los graves problemas que vendrían después: de desabasto de agua, de movilidad, de seguridad y todos los demás que provoca la falta de servicios públicos.

Es indispensable que pueblo y gobierno revisemos y discutamos lo que sucedió para repararlo, antes de que sea demasiado tarde.

Las herramientas que ofrecen (en redes) el Laboratorio de Investigación Periodística (UAQ) y el grupo Bajo Tierra Museo del Agua, son fundamentales para comprender lo que está sucediendo. Gracias a los investigadores y periodistas que trabajan para dar a conocer otra visión.

*Miembro del ‘Movimiento por una Educación Popular Alternativa’ (MEPA)maric.vicencio@gmail.com

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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