Democracia participativa ¡Ya! I

Desde la escuela primaria, aprendemos algo que parece sencillo: “la democracia es gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” (A. Lincoln).
Históricamente, la lucha por este principio ha impulsado múltiples movimientos, pacíficos o
sangrientos, que exigen reconocer el derecho de TODA persona a ser libre y respetada, sin importar su forma de ser y estar en el mundo (género, color, clase, ideología, etc.); movimientos que demandan participar en la toma de decisiones que afectan a todos, hacer valer la igualdad de oportunidades y una distribución equitativa de la riqueza, que garantice el bienestar general.
(Fácilmente se olvida que esa riqueza es producida primordialmente por las clases trabajadoras).
De modo simultáneo, élites privilegiadas buscan imponer sus criterios, justificando la división jerárquica de los humanos en ‘superiores’ e ‘inferiores’ y la exclusión o exterminio de los últimos, alegando argumentos metafísicos como el ‘designio divino’ (monarquías), el ‘destino manifiesto’ (EE. UU.) o el
‘mérito individual’ (capitalismo).
Considerando que ‘el pueblo’ es un ente multitudinario, altamente complejo y plural, y que resulta muy difícil tomar en cuenta la voz de cada individuo, surgieron, hace algunas centurias, organizaciones sociales que devinieron en partidos políticos, para competir y hacer valer diversos proyectos de nación.
Así surgió la ‘democracia representativa’, por la que algunos ciudadanos, ‘elegidos por el voto popular, libre, universal y secreto’, representarían a otros, ante el Congreso de la Unión, lo que implica necesariamente la consulta sistemática de las bases. Este régimen partidista tiene en México poco más de 100 años y sabemos en qué se ha convertido: Nuestros ‘representantes’, en general NO nos representan; representan a quienes los compran. Por otro lado, ¿de qué democracia podemos hablar hoy, cuando, en los hechos, los estados nación están subyugados por un régimen, en que las corporaciones trasnacionales imponen sus reglas y son las que realmente gobiernan; cuando la inteligencia artificial arma los discursos de los pudientes y millones de ‘bots’ inundan con su ‘marketing político’ todas las redes sociales o cuando se pretende imponer un candidato a fuerza de espectaculares tramposos? Mientras experimentamos la efervescencia de los próximos procesos electorales, OXFAM Internacional informa que “la riqueza de los cinco hombres más ricos del mundo se ha duplicado, mientras que casi 5 mil millones de personas se han empobrecido desde el inicio de la década”.
Este régimen (capitalismo) ha generado grave crisis civilizatoria, al acumular tanto poder y riqueza en unas cuantas manos, despojando a las mayorías y devastando a la naturaleza. Se está desmoronando, por sus excesos, contradicciones, mentiras y corrupciones; por los graves desequilibrios que provoca, por la guerra de todos contra todos, por la exclusión de grandes sectores sociales, así como la alienación en que muchos han caído, cuando la vida pierde sentido (y que es causa y resultado de la ideología dominante y
todo tipo de adicciones). Pero se derrumba, sobre todo, por la crisis climática global que ha desatado, poniendo en peligro de extinción a la especie humana. En este escenario, surgen por doquier múltiples movimientos alternativos de ciudadanos críticos que saben que la única forma de sobrevivir es
cuidar a la naturaleza y cuidar nuestra humanidad. Se trata de garantizar el bienestar de todos y esto implica PUGNAR POR UNA DEMOCRACIA AUTÉNTICAMENTE PARTICIPATIVA, capaz de reconocer y atender las necesidades de toda la población, en especial de la que ha sido sistemáticamente excluida del bienestar.
Por eso hay que agradecer y fortalecer a todas esas organizaciones que, desde hace varios años, impulsan (también en Querétaro), la Ley de Participación Ciudadana, así como a todos esos grupos que ‘se salen del huacal’ de las burocracias partidistas, para exigir que las cúpulas o dirigencias nacionales o estatales consulten a sus bases, pues sin ellas no son nada.
El pueblo no es apático, se mueve. Esto lo pudimos constatar el pasado domingo 14 de enero en Plaza de Armas, Centro histórico.
(Continuará)
maric.vicencio@gmail.com