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Dicen que las mujeres II

Dicen que las mujeres somos débiles y que lloramos fácilmente.

Pues sí, lloramos, porque nos duele que nos maten, sólo por ser mujeres o sólo porque exigimos mejores condiciones laborales; lloramos porque torturan y asesinan a nuestr8s hij8s y herman8s y amantes, porque l8s trituran y disuelven en tambos de ácido y l8s tiran al río o l8s incineran y entierran en fosas clandestinas; lloramos también porque nuestros hermanos y hermanas, esposos, hijos e hijas, se vuelven sicari8s y dañan a otr8s y no sabemos cómo detenerl8s; porque nosotras mismas también dañamos; lloramos porque en las estadísticas de la violencia intrafamiliar, las madres somos quienes más perdemos el control; porque el miedo y la frustración nos llevan a agredir a nuestros propios retoños; lloramos porque nuestra pobreza económica y espiritual, nuestras depresiones, inconsistencias, adicciones y egoísmos y afanes de liberación nos llevan a descuidar a nuestr8s pequeñ8s y ancian8s; porque ell8s también deben trabajar para sobrevivir; porque han de viajar sol8s para buscarnos “al otro lado”; lloramos porque sus abuelas somos convocadas también a hacernos cargo, y porque el descanso y la libertad se nos escurren de entre las manos.  

Dicen que las mujeres somos enojonas. Y sí, nos enojamos cuando vemos que todo se enmaraña; cuando la política mercantil nos confunde y nos hace pensar que el desarrollo implica acabar con el campo (denostado como “atraso”), para hacer crecer ciudades industriales con modernísimos “data centers” y condominios residenciales “at the top”.

Nos enojamos cuando los funcionarios se “echan la bolita”, pues “a mi no me compete”, “la ley no me permite” detener la quema de nuestros bosques, luego de un largo proceso de abandono (pactado tras bambalinas, entre gobernantes, ejidatarios y “desarrolladores” inmobiliarios corruptos).  

Nos enojamos cuando el mercado plagia nuestros discursos de liberación, haciendo pensar que basta con hablar con “lenguaje de género” en triplicado (las, les, los), o asegurar una “cuota de género” en los cargos públicos, para visibilizar las centenarias luchas del pueblo.

No importa si las mujeres “exitosas”, favorecidas por dichas cuotas, son tan fascistas, violentas, corruptas, insensibles, ambiciosas o voraces como los más despiadados capitalistas. Tampoco importa si son anodinas, banales y superficiales. Basta con que sean mujeres, para felicitarlas en “el su día”; siempre que no hablen ni pregunten, ni se quejen, ni denuncien, y menos que exijan de más.

Dicen que las mujeres somos incongruentes, y sí, a veces lo somos. Porque en este mundo tan confuso, no es fácil distinguir cuándo hablan las personas sometidas (sin distinción de género) que luchan por su emancipación; cuándo habla el patriarcado o el mercado seductor, disfrazado de mujer, o de “no binarie”, exigiendo “justicia” (venganza o afán de linchamiento al agresor); cuándo se esconde una postura individualista y profundamente egoísta, tras el discurso de “la defensa de MIS derechos”.

Y, bueno, para eso sirve conmemorar: para pensar junt8s qué andamos buscando en la vida. Para decidirnos, de una vez por todas a fortalecer, no sólo a las mujeres individuales, sino al principio femenino, que nos vuelve confiables; que no nos autoriza huir de los problemas; que nos hace compasiv8s y nos mueve a cuidarnos, unas a otros y otros a unas; que nos convence de que no estamos sol8s, de que podemos amarnos, incondicionalmente.

También sirve para cultivar el principio viril masculino, que nos da la fuerza para decir NO y poner un alto a tanta voracidad y a tanta barbarie, para detener la invasión imperial y para defender nuestra soberanía, a nuestro territorio a nuestro maíz de las monstruosas garras de Monsanto, a nuestra Madre Naturaleza, de la insensible minería trasnacional, o de los cárteles inmobiliarios.

Conmemoremos y celebremos también otros días para reconocer a la pluralidad del arco iris, de las muchas formas de estar en el mundo, a nuestras muchas naciones y múltiples lenguajes que enriquecen nuestra comprensión del mundo; celebremos para tratarnos como amig8s y cultivar la comprensión, el amor mutuo, y la compasión, en especial a aquellos a quienes tocó ser más frágiles.

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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