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¿Dónde quedó el enfoque por competencias?

Desde que México se incorporó al modelo neoliberal, la educación en nuestro país se subordinó a los requerimientos del mercado mundial y a las exigencias financieras e industriales que la sociedad capitalista demandaba. De igual manera, los enfoques que orientaron el rumbo de la enseñanza delinearon la formación de sujetos competitivos y aptos para su incorporación al mundo laboral y, consiguientemente, dar continuidad a las exigencias del sector empresarial, prolongar el trabajo enajenado y la explotación laboral.

Sin embargo, con la transición de gobierno (en 2018), se generaron cambios en el sistema educativo y los planteamientos de la escuela básica apuntaron hacia una visión más crítica de la educación. Fue así que, a principios del presente año, se dio a conocer el borrador del nuevo Marco curricular y Plan de estudios 2022 de la Educación Básica Mexicana y, para el mes de julio, se publicó una nueva versión del Plan de estudios de la educación básica 2022. Dichos documentos bosquejan una transformación en la manera de concebir la formación de chicas y chicos: se incluyó el pensamiento crítico como elemento para la enseñanza y la escuela se entiende como un espacio político que albergaba a estudiantes de diferentes contextos, se incorpora la inclusión desde una perspectiva decolonial —para procurar la emancipación de los educandos y desprenderse de las ataduras de la vida actual (neoliberal)—, plantea su rechazo al modelo eurocéntrico y colonial del saber, se manifiesta contra el racismo, patriarcado y las visiones homofóbicas de la vida; además, plantea la justicia social y la democracia como finalidades de la instrucción.

Sin duda, esta perspectiva de la educación toma distancia respecto del “enfoque por competencias” —promovido en los periodos neoliberales— pues, mientras el objetivo de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) procura la transformación social del país, la educación por competencias se encaminaba hacia la formación de hombres y mujeres con capacidades y habilidades suficientes para afrontar los retos que el siglo XXI demandaba —el siglo de la globalización capitalista—.

Sin embargo, con los planteamientos del nuevo Plan de estudios y su posible implementación para el ciclo escolar 2022-2023, surgen algunas interrogantes: ¿Dónde quedaron los pseudointelectuales y reproductores de la ideología dominante que promovieron el enfoque por competencias? ¿Dónde está el gran “ejército de intelectuales”, panelistas, talleristas y demás personas que se encargaron de capacitar y formar a docentes en la visión competencial de la educación? ¿Qué papel juegan hoy las autoridades educativas que promovieron y dieron su anuencia para evaluar, cesar y vilipendiar a las y los docentes que se opusieron a los requerimientos de la pedagogía neoliberal y sus reformas espurias? ¿Dónde quedó el enfoque por competencias?

Preguntas por demás retadoras y que increpan nuestro negro y violento sistema educativo mexicano. Cuestionamientos que invitan a reflexionar, discutir, criticar y, sobre todo, proponer y emprender acciones que ayuden a cambiar el rumbo de la educación en México. Interrogantes que incitan a razonar y encaminar la enseñanza hacia una visión más social de la formación escolar y, principalmente, estimular al magisterio nacional para leer y debatir el nuevo Plan de estudios para la educación básica 2022.

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