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Efecto del malestar consumista y los servicios financieros sobre la salud humana

La filosofía del amor pregonada por el Cristo, la conservación de la salud humana y de la naturaleza se convirtieron en obstáculos del progreso; en su lugar apareció un nuevo evangelio: el del tiempo es dinero y negocios son negocios.

Hace 50 años en México, más del 70 por ciento de la enseñanza escolarizada era pública, no existía el agua embotellada y la mayoría de las afecciones y dolencias se trataban en casa mediante infusiones, reposos y cuidados maternos. Impensable era la idea de comprar a crédito de 6, 12 o 18 meses juguetes, comida y ropa o a pagos chiquitos, a lo sumo se empeñaban electrodomésticos, hasta los niños en las primarias tenían su cartilla de ahorro.

La anterior no es una reflexión nostálgica, sino analítica. Conforme se subyugó a la familia con ideas como la falsa liberación femenina, las “virtudes” de la enseñanza escolarizada privada, el miedo al agua no embotellada, el poder del consorcio médico-farmacéutico y los servicios financieros para gastar a futuro, el capitalismo -y su fase superior: el imperialismo- se fortalecieron explotando asalariadamente al 50 por ciento de la población, es decir a la mujer, se desilachó el tejido familiar mediante el abandono de los hijos en pos de mayores ingresos, creando ese fenómeno que hoy se critica como si hubiera nacido de la nada: los ninis.

Las familias se empeñaron en ganar más para pagar “mejores” escuelas privadas y “mejores servicios médicos” y fármacos con “tecnología de punta”, se olvidaron de aquello que parecía inmutable: las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, no mates, ama a tu prójimo, no acumules tesoros, perdona las ofensas, cuida tus palabras, pensamientos, obras y evita omisiones.

Los afectos, la filosofía del amor pregonada por el Cristo, la conservación de la salud humana y de la naturaleza se convirtieron en obstáculos del progreso y se lanzaron al baúl de la historia, en su lugar apareció un nuevo evangelio: el del tiempo es dinero y negocios son negocios, todo en pos del dinero y del consumo, gastar el hoy y el mañana y ya “dios dirá”.

Hombres y mujeres crecen con el sueño de tener un trabajo asalariado, aceptan plácidamente ser torturados, explotados y humillados, venden, sin cortapisa, el alma al diablo, no para construir bienestar, sino para sufrir el malestar consumista, la esclavitud de los servicios financieros y padecer la cruda de los intereses y las deudas.

Las primeras y más importantes causas de enfermedad son: el trabajo asalariado, el consumismo y las deudas adquiridas con los monopolios financieros. La mayoría de los trabajos asalariados de naturaleza física o intelectual se desarrollan, en México, sin cubrir los mínimos requisitos de salud laboral establecidos en la Ley Federal del Trabajo, se llevan a cabo bajo intenso estrés, áreas ruidosas, con elevado particulado atmosférico, en el cual se encuentran metales pesados, polvos, microorganismos y polímeros tóxicos, los trabajadores pierden horas de vida en el transporte de ida y regreso, entre muchos otros factores.

Los sueldos y salarios, una porción mínima del valor realmente generado por el trabajador, se gasta en consumibles y los servicios financieros; modernas tiendas de raya esclavizan y enferman al consumidor. La riqueza diferenciante, obtenida mediante actos de corrupción, saqueo, explotación y robo se mira como una virtud y un objetivo de vida, no como un vicio social que se deba eliminar.

La solución no esta un pensamiento nostálgico, mediante el cual se promueva el regreso a la utopía del pasado, sino en la crítica constante del Estado del malestar consumista, de la falsa felicidad pagada a plazos, el poder jerárquico, el patriarcado, el desprecio de la mujer y la naturaleza, la veneración de los ejércitos, la represión y el castigo, la obediencia religiosa e ideológica, la competencia económica, la depredación y saqueo de recursos naturales y culturales, el trabajo asalariado, el consorcio médico-farmacéutico y la enseñanza escolarizada.

Sin un crítica constante, sin un ejercicio permanente por renombrar las cosas y los paradigmas, esas creencias inmutables no se modificarán y continuarán aplastando a los seres humanos por los siglos de los siglos, convirtiendo cuerpos y almas en mercancías consumidoras de mercancías.

 

Más información: El Ahuehuete, herbolaria. 442-3775127 y 427-1212508. contacto@elahuehuete.com.mx; www.elahuehuete.com.mx

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