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El agua embotellada comercial: negocio que daña la salud

Como todo en el capitalismo, el agua ha dejado de ser un recurso natural propiedad de la nación y un derecho humano, para convertirse, en una mercancía insana, tanto como las sopas instantáneas recientemente prohibidas por la PROFECO. Conforme la industrialización capitalista avanzó y fue contaminando los mantos acuíferos, los publicistas de los monopolios refresqueros transnacionales iniciaron una campaña terrorista para convencer al consumidor de que beber agua embotellada era apropiado, sano y “cool”; estas acciones  del capitalismo monopolista en contubernio con un Estado corrompido e inmoral lograron varios objetivos: apropiarse de los manantiales y privatizar este recurso natural, concentrar y centralizar una gran riqueza económica, contaminar con los plásticos residuales y enfermar a los consumidores.

Particularmente, en México el consumo per cápita de agua embotellada es de 391 litros, la generación de residuos plásticos alcanza los 300 kg al año por persona y el gasto en agua embotellada está cerca de 4 mil pesos por persona al año. Los resultados de este fenómeno son: concentración y centralización de más de 15 millones de dólares anuales en unas cuantas empresas transnacionales: Nestlé, Danone, PepsiCo y Coca cola, privatización de manantiales, escases de agua, contaminación de cuencas hidrológicas y daño a la salud humana.

Tal vez lo menos evidente, en este crimen comercial, es que el consumo de agua embotellada provoca afecciones graves invisibles y cuya presencia no se vincula con su consumo. Las sustancias que migran al agua desde el envase de PET (Polietileno de tereftalato) son el antimonio que es cancerígeno, su consumo recurrente causa náuseas, vómito, diarrea y eleva el colesterol. El acetaldehído y el formaldehído causan cambios sensoriales; los ftalatos interfieren con el sistema endocrino causando efectos anti-androgénicos o pro-estrogénicos, provocando daños a los genitales masculinos; el bisfenol A provoca daños al sistema endocrino y está relacionado con el aumento de la incidencia de cáncer de mama y de próstata. Potenciado todo esto con la exposición recurrente de esos productos a la radiación solar durante su transporte y/o almacenamiento.

En resumen, el agua purificada comercial embotellada en envases de PET, así como los refrescos, son sumamente dañinos para la salud humana y el medio natural, por ello es necesario que las instituciones como PROFECO, SEMARNAT y COPEFRIS apliquen las medidas necesarias para que se deje de producir y envasar agua y otras bebidas de consumo popular en envases de PET u otros polímeros. Por otra parte, el consumidor debe buscar sistemas de purificación de agua eficientes y de bajo costo, porque para frenar estos fenómenos impulsados por los monopolios transnacionales, no sólo se requiere la participación de las entidades regulatorias del Estado mexicano, sino sobre todo la voluntad de la población para evitar el consumo de estos productos, 100% perjudiciales.

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