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El agua es un tema político

El manejo del agua impacta en la satisfacción de necesidades vitales, ecosistémicas y productivas. Una gestión equitativa y sustentable de este bien común requiere de acuerdos colectivos que consideren que su ciclo natural atraviesa materialmente procesos socioecológicos, significados culturales e intereses económicos.

Al mismo tiempo, existe un marco claro de compromisos formales vinculados al agua para México. Específicamente las obligaciones ligadas a garantizar los derechos humanos al agua, saneamiento, medio ambiente sano, alimentación, vida digna, participación, acceso a la información y demás conexos. También lo relativo a cumplir con los objetivos del desarrollo sostenible y los tratados sobre cambio climático.

El agua es un tema político por los problemas públicos derivados de su sobreexplotación, contaminación y consecuente escasez. Es también político en tanto que la política pública, leyes, planes o programas, entraña decisiones de poder sobre su uso, acceso y distribución frente a los riesgos geológicos, sanitarios, climáticos y demás vinculados a su gestión. En un contexto de creciente conflictividad por injusticias hídricas, no puede sustraerse de su contexto ni reducirse a corrientes físicas ni fórmulas químicas.

En el estado crítico que atraviesa Querétaro hace ya algunos años, el agua además es un tema prioritario para la agenda legislativa y de gobierno, que por lo tanto debe estar en las propuestas de todas las personas aspirantes a cargos públicos.

En 2021, el equipo de incidencia del Museo del Agua de Querétaro realizó un sondeo de los compromisos por el agua manifiestos en debates, plataformas políticas y agendas ciudadanas. De 15 puntos relacionados con la conservación, restauración, prevención de contaminación, reuso, distribución equitativa y soberanía hídrica propuestos por la sociedad civil, la mayoría de candidatos obtuvieron 8, no derivados de propuestas propias, sino de la firma de la Plataforma Ambiental presentada por los grupos ambientalistas. Las dos candidaturas a la cabeza cumplían apenas 4 de 5.

Este año el agua aparece en más campañas y más iniciativas ciudadanas que en los previos. Por supuesto, en las tradicionales agendas ambientales de los grupos ambientalistas. Otras agendas de derechos humanos, como la Agenda Ciudadana Incluyente, incorporan el agua como tema relevante dentro eje ambiental.

En tiempos electorales, en los que lo político se confunde con lo partidista, el escrutinio ciudadano es indispensable para poder detectar dónde hay voluntad consistente con antecedentes de los perfiles y seria para revertir la política de desigualdad hídrica e insostenibilidad que ha caracterizado al estado, y dónde solo oportunismo. Dónde las propuestas se basan en diagnósticos sólidos que reconocen factores clave como el acaparamiento y dónde se dejan al margen. Dónde las propuestas, aunque se nombren diferente dan continuidad al modelo de gestión hídrica que condujo a la crisis. Gracias a los mecanismos de seguimiento y rendición de cuentas que plantean algunas de las agendas ciudadanas, también veremos dónde el compromiso va más allá de la coyuntura electoral.

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