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El anodino sexto informe de Peña Nieto

Hoy los jóvenes en nuestro país tienen condiciones laborales mucho peores de las que tenían las generaciones precedentes. Peña Nieto le hereda al nuevo gobierno de Morena un país en el que no hay empleo para los jóvenes ni tampoco oportunidades de estudio.

El sexto y último “informe” de Enrique Peña Nieto fue totalmente prescindible. Un acto total de autocomplacencia con cero autocrítica, eso de que “dejo un país mejor que como lo recibió”, además de discutible es falso. O fue un acto de cinismo o fue algo totalmente fuera de la realidad, un evento digno de “Peñalandia” no del país real.

El gobierno de Peña Nieto ha sido totalmente reprobado por el pueblo de México, el pasado 1 de julio. Además de que el candidato priista a la presidencia de la República, José Antonio Meade, no ganó en ningún estado de la República, el PRI sólo ganó en Yucatán las dos senadurías de mayoría y eso en alianza con el PANAL y el Partido Verde. El PRI sólo ganó en Yucatán la mayoría de los distritos electorales federales para el Congreso de la Unión. De 300 distritos electorales, el PRI sólo obtuvo la mayoría en siete. En la Cámara de diputados el PRI quedó en séptimo lugar en cuanto a diputados de mayoría, por debajo de Morena, del PAN, del PT, del PES, del MC y hasta del PRD. Estos números dicen mucho más que toda la palabrería hueca de Peña Nieto en su sexto informe.

Peña Nieto nos deja un país más inseguro que el que recibió en 2012 y eso que el panista Felipe Calderón ya había dejado un desastre. En el sexenio de Peña Nieto, nuestro país fue señalado como la segunda zona más letal del mundo, sólo después de Siria, en donde se desarrolla una guerra civil. La desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa es uno de los casos más clamorosos que muestran la descomposición del régimen priista. Peña Nieto insiste en su cuento de que los jóvenes fueron incinerados en un basurero, por delincuentes comunes, a pesar de que expertos internacionales señalan que esa versión no es para nada creíble. El gobierno de Peña Nieto se comportó de la peor manera ante este hecho deleznable.

Peña Nieto se atreve a decir que deja “finanzas sanas” a pesar de que aumentó en más de 5 billones de pesos la deuda pública. Peña heredó una deuda de 5.33 billones de pesos de pesos del panista Felipe Calderón y hoy esa deuda ya superó los 10 billones de pesos. Esta irresponsabilidad nos cuesta al país más de 600 mil millones de pesos sólo para el pago de los intereses. Estas ¡no son finanzas sanas!

Peña Nieto deja en ruinas a la industria petrolera nacional. Aunque justo es decir que él no ha sido el único culpable. También lo son los panistas Felipe Calderón y Vicente Fox y los priistas Ernesto Zedillo y Carlos Salinas. Calderón dejó las refinerías mexicanas trabajando al 77 por ciento de su capacidad instalada. Hoy trabajan sólo al 40 por ciento.

Esto ha provocado una sangría anual de más de 435 mil millones de pesos que se van del país para el pago de petrolíferos, que debían estarse produciendo en el país. En el sexenio de Peña Nieto se fueron del país más de 1.5 billones de pesos por este concepto. Pero además, Peña Nieto, su partido y sus cómplices, son los responsables de haber modificado la Constitución para abrir las puertas de par en par a los extranjeros para que se lleven una parte sustancial de las ganancias de nuestra principal riqueza natural.

Peña Nieto, en complicidad con Felipe Calderón, inauguró su sexenio promoviendo una reforma laboral que legalizó el outsourcing y que condena a la precariedad laboral a millones de jóvenes. Nada dijo de esto en su Informe, nada dijo de los infames salarios que se pagan en nuestro país, nada de las cada vez más amplias jornadas laborales, nada del aumento de la informalidad, nada de la fuga de capitales ni de la ausencia de pago de impuestos por parte de grandes empresarios, nada del dinero que se saca a los paraísos fiscales.

Hoy los jóvenes en nuestro país tienen condiciones laborales mucho peores de las que tenían las generaciones precedentes. Peña Nieto le hereda al nuevo gobierno de Morena un país en el que no hay empleo para los jóvenes ni tampoco oportunidades de estudio, al dejar a cientos de miles de jóvenes fuera de los estudios de nivel superior.

En su perorata, Peña Nieto insistió en defender su reforma laboral que presentó como “educativa” y cuya aplicación se centró en intentar aplicar a rajatabla la Ley General del Servicio Profesional Docente con el fin de controlar y despedir a miles de maestros del sistema de educación pública, con el pretexto de no presentar o reprobar exámenes que nadie sabe quién diseñó, qué se preguntó, cuáles fueron los resultados específicos de los que presentaron los exámenes y quién evaluó.

Todo un sistema de caja negra del que se quiso hacer depender la estabilidad laboral de más de un millón de profesores del sector público, con el pretexto de una vaga “calidad” de la educación y un supuesto “interés” en los niños mexicanos. Si realmente el gobierno de Peña Nieto hubiera estado interesado en la calidad de la educación de niños y jóvenes mexicanos, habría invertido más y no menos en educación, más y no menos en infraestructura escolar, habría aumentado los salarios de los profesores, reducido el número de alumnos por grupo y reducido el número de horas frente a grupo de cada profesor y no sólo querer aumentar la calidad mediante clases de inglés, computación y “valores”.

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