El fracaso estrepitoso del paro nacional de la CNTE

Los que conocemos al movimiento magisterial, porque hemos sido parte de él y porque hemos estado cerca en muchas luchas, sabemos que la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) es sólo una de las tantas corrientes sindicales dentro del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE). Si, para sorpresa de algunos, la CNTE no es un sindicato, todos sus integrantes son al mismo tiempo integrantes del SNTE oficial, que es quien detenta el contrato colectivo de trabajo del magisterio nacional.
También sabemos que, históricamente, la CNTE sólo es o ha sido hegemónica como corriente disidente en cuatro estados de la república: Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán. En los restantes 28 estados su presencia es muy marginal o prácticamente inexistente.
En las grandes luchas de 2015 y 2016 en contra de la reforma laboral del PRIAN, disfrazada de “educativa”, acompañé al movimiento magisterial en 21 estados, de los cuales sólo en dos fui invitado por la CNTE (Nuevo León y Nayarit). Sin embargo, en los otros 19 fui invitado por organizaciones ligadas a otra corriente disidente con mayor presencia: CEND-SNTE.
Aquí mismo, en Querétaro, cuando la CNTE convocaba a actos, en ese período, no juntaban más que a decenas maestros. En cambio, el Movimiento Magisterial de Bases de Querétaro llegó a movilizar a 10 mil de los 15 mil maestros que trabajaban en ese tiempo en nuestro estado. Eso para dar una idea sobre la magnitud de la representación de cada corriente disidente del sindicato oficial.
Desde fuera muchos no conocen esto. Ven a la CNTE, erróneamente, como “el movimiento magisterial”, pero la apuesta de la CNTE a un paro “nacional” fue muy alta, pues exhibió su verdadero tamaño.
De los cuatro estados que eran sus bastiones, en tres el paro fue ignorado por la mayoría de los integrantes del magisterio. En Michoacán no paró ninguna escuela, así como sucedió en otros 23 estados, incluidos Querétaro. En Chiapas sólo paró el 18 por ciento, mientras que el 82 por ciento siguió operando. En Guerrero paró apenas el 13 por ciento en contra del 87 por ciento de las escuelas que han seguido trabajando.
El único otro estado en donde el paro fue relevante es Zacatecas, en donde la CNTE recientemente ganó las elecciones en la sección 34 del SNTE. Aún así, sólo paró la mitad, mientras que la otra mitad ha seguido operando con normalidad.
En otros cuatro estados apenas se sintió el paro: en Baja California Sur paró el 14 por ciento de las escuelas y en otros tres la respuesta fue francamente irrisoria: en Chihuahua y en Yucatán acataron el paro el 4 por ciento y en Ciudad de México (centro de las protestas) un triste 1.8 por ciento.
Los que creen que la CNTE tiene una gran representatividad nacional, deberían reflexionar sobre estos números: aproximadamente son 80 mil maestras y maestros en paro, menos del 7 por ciento del millón 200 mil maestras y maestros de nivel básico, el otro 93 por ciento no le hizo caso al liderazgo de la CNTE. Significa también apenas el 4 por ciento de los 2 millones de maestras y maestros de la educación pública, pues la CNTE tampoco representa a las y los 800 mil maestros de los niveles medio superior y superior. Es decir, la CNTE no representa al 96 por ciento del magisterio nacional. Para finalizar, las y los maestros en paro apenas representan al 2.6 por ciento de las y los afiliados activos del ISSSTE, el otro 97.4 por ciento no le hizo caso a la convocatoria de la CNTE, aunque sus liderazgos y los que los apoyan actúan como si fueran la máxima representación. A ninguno de ellos se les dan los números.
Este estrepitoso fracaso del paro “nacional” convocado por la CNTE explica el porqué de su estrategia de concentrar en la capital a maestras y maestros de Oaxaca, principalmente, al no lograr movilizar ni siquiera al magisterio de la Ciudad de México ni del Estado de México, ni de estados circunvecinos cercanos como Morelos, Querétaro o Hidalgo.
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