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El INEE, elefante blanco que debería desaparecer

El INEE fue cómplice de la demagogia del gobierno de Peña Nieto y de sus cómplices. Es totalmente falso que a Peña Nieto o a los directivos del INEE o a organizaciones como “Mexicanos Primero” les interese la calidad de la educación de los niños y de los jóvenes mexicanos.

El pomposamente llamado Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) comenzó a funcionar en 2012 con un presupuesto anual de poco más de 200 millones de pesos. Este presupuesto se incrementó seis veces en el sexenio nefasto de Enrique Peña Nieto hasta alcanzar mil 227 millones de pesos para este año. Es una institución muy costosa para lo que hace. Se inventó para tratar de justificar lo injustificable: el despido injustificado de cientos de miles de profesores de la educación pública, con base en la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD).

El pasado 9 de junio, el periódico Reforma publicó que la Secretaría de la Educación Pública (SEP) había gastado, desde 2015, casi cuatro veces más en “evaluar” a los maestros que en su capacitación, lo que aparentemente resulta paradójico y contradictorio pero que no lo es, sino que muestra, de manera cruda, lo que fue el verdadero interés del gobierno de Peña Nieto: acelerar el proceso de “evaluación” por encima de la preparación de los maestros.

En esencia, los altos directivos del INEE han sido cómplices de uno de los gobiernos más corruptos que ha tenido nuestro país y también uno de los más agresivos en contra de la ciudadanía y del interés nacional. Dichos directivos mostraron una gran ignorancia o una tremenda ruindad.

Es falso que el INEE se haya dedicado a evaluar al sistema educativo mexicano, pues para empezar no tocaron ni con el pétalo de una rosa al sistema privado de educación, cuando según sus propios paradigmas, plasmados en la modificación del artículo tercero constitucional, estaban interesados en la “calidad” de la educación.

Este artículo constitucional no acota la búsqueda de calidad a sólo la escuela pública por lo que una verdadera evaluación debería haber incluido al sistema privado, plagado de escuelas “patito”, que son un verdadero fraude para los estudiantes, para sus familias y para la nación.

No se requiere ser experto en educación para comprender que los resultados del aprendizaje de los estudiantes dependen de múltiples factores y no sólo de los maestros.

Todos los que nos hemos dedicado a la educación durante décadas sabemos que los resultados de nuestros alumnos dependen del número de estudiantes por grupo, de las horas frente a grupo por parte de cada maestro, del nivel salarial de los profesores, de la infraestructura de las escuelas, del nivel de ingresos y cultural de los padres de familia, del entorno familiar y escolar, de los planes de estudio, de las autoridades educativas, de los libros de texto, de los materiales didácticos usados, del acceso a instrumentos informáticos, de las instalaciones escolares y de la inversión del gobierno federal, sólo por señalar algunos.

Todo esto fue olímpicamente ignorado por el INEE para concentrarse en una “evaluación” del docente con fines de permanencia en el servicio. Como si los señores del INEE no supieran que en uno de los países con el mejor sistema educativo del mundo, Finlandia, no se evalúa a los profesores, a sabiendas que el aprendizaje de sus estudiantes no depende de una evaluación al docente.

El INEE fue cómplice de la demagogia del gobierno de Peña Nieto y de sus cómplices. Es totalmente falso que a Peña Nieto o a los directivos del INEE o a organizaciones como “Mexicanos Primero” les interese la calidad de la educación de los niños y de los jóvenes mexicanos.

Los países que, sin demagogia, aman a sus niños y a sus jóvenes invierten en su educación y México es el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que menos invierte en educación, apenas tres mil dólares por niño desde la escuela básica hasta el nivel superior, tres veces menos que el promedio de los países de la OCDE, los que invierten 9 mil 300 dólares y muy alejados de países líderes como Suiza, Noruega, Estados Unidos, Dinamarca o Austria los que invierten entre cuatro y cinco veces más que nuestro país. Nada de esto cambió desde 2013, año de aprobación de la reforma laboral disfrazada de “educativa”. ¿Qué los señores del INEE no tienen esta información de la OCDE? ¡Está disponible en Internet! ¿O sólo les interesó exhibir los resultados de los exámenes PISA?

Verdaderamente penosa la actitud de la cúpula del INEE el 30 de junio de 2015 cuando en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión integrantes de la junta de gobierno de ese Instituto fueron incapaces de contestar a la pregunta “¿Qué es la calidad de la educación?”  Formulada por el senador Manuel Bartlett.

La presidenta de dicha junta Sylvia Schmelkes confesó que no podía hacerlo. Su respuesta fue verdaderamente patética: “… es sumamente difícil definirla, es un concepto que no se deja definir… siempre se habla de calidad en comparación con alguien más o en comparación con uno mismo en su pasado… es un concepto dinámico… por eso es muy difícil definirla”. Los demás integrantes de la junta de gobierno presentes, guardaron un vergonzoso silencio ante la respuesta cantinflesca de Schmelkes.

Si ni siquiera los miembros de la junta de gobierno del INEE fueron capaces de definir el concepto de calidad entonces ¿qué es lo que intentaron medir en estos años? ¿Quién necesita a estos señores?

 

anbapu05@yahoo.com.mx

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