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El INEE, elefante blanco que debería desaparecer (II)

El silencio cómplice del INEE sólo mostró que o son terriblemente ignorantes o que prefirieron denigrar a todos sus títulos de estudio y a su carrera académica con tal de seguir cobrando un jugoso salario. Por lo que si desaparece el INEE casi nadie los extrañaría en este país.

En nuestra entrega de la semana pasada dimos elementos para considerar seriamente la desaparición de uno de los tantos bodrios creados demagógicamente por el gobierno corrupto de Enrique Peña Nieto, el llamado Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) cuyos miembros fueron cómplices de Peña Nieto y de los neoliberales, tanto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) como los autóctonos, en su afán de intentar aplicar una salvaje reforma laboral en el sector de la educación pública, disfrazándola de reforma “educativa”.

La parte laboral de dicha reforma se concentró en la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD) cuya esencia es quitar, de manera retroactiva, la estabilidad laboral de más de un millón de maestros usando como pretexto una “evaluación”, tanto para justificar despidos como para tener permanentemente amenazados a los maestros con un despido “justificado” basado en el resultado de una oscura “evaluación” sobre su desempeño.

En efecto, en el artículo 52 de dicha ley se señala que el INEE decidiría, de manera totalmente arbitraria, la periodicidad de las “evaluaciones” de las cuales dependería la permanencia en el empleo “por lo menos una evaluación cada cuatro años”. La propaganda oficial siempre quiso engañar a los docentes señalando que la acreditación de la “evaluación” garantizaba la permanencia en el empleo por cuatro años cuando la ley dice otro cosa: “por lo menos… cada cuatro años”, lo que implica que en cualquier momento los verdugos del INEE podrían decidir reducir la periodicidad de sus “evaluaciones” y por lo tanto aumentar la probabilidad de ser despedido del trabajo de manera justificada. Esta advertencia nunca fue amarillista pues es natural pensar que si el objetivo central de artículos como éste era el despido masivo, una vez aceitada y aceptada la maquinaria “evaluadora” dicho plazo se reduciría y esto no es ficción pues la Secretaría de la Educación Pública (SEP) ya evalúa a profesores de nivel superior con una periodicidad semestral, con la única diferencia que la permanencia no está supeditada a los resultados, pues la LGSPD se intentó aplicar primero en el nivel básico y en el medio superior.

Es natural que con este esquema creció la resistencia magisterial pues nadie, en sus cinco sentidos, estaría dispuesto a renunciar de manera voluntaria a una plaza permanente por una temporal ¿o usted lo haría estimado lector?

Incapacidad

Todos los miembros de la junta de gobierno del INEE mostraron un pésimo manejo del proceso de “evaluación” docente o una inmensa ruindad al prestarse a simular un proceso de “evaluación”.

Para empezar eligieron el peor de todos los instrumentos de evaluación: los exámenes de opción múltiple, los que pueden ser contestados incluso sin saber nada de un tema como lo demuestra el caso más clamoroso que conozco, el de un panadero semianalfabeto que apenas estaba aprendiendo a leer y a escribir y que acreditó, con un examen de opción múltiple, el examen de admisión de una famosa universidad privada brasileña quedando en el noveno lugar.

Por si fuera poco, por flojera, desidia, prisa o falta de preparación, basaron su “evaluación” en vulgares exámenes estandarizados como si los miembros de la junta de gobierno del INEE hubiesen vivido toda su vida en Marte o no leyeran nada de cuestiones sobre evaluación educativa pues con ese tipo de exámenes exhiben que desconocen que incluso en los Estados Unidos, la meca de los exámenes estandarizados, ha habido grandes rebeliones contra ese tipo de exámenes no sólo por parte de los maestros sino también por parte de padres de familia y hasta de autoridades educativas. Como señaló una exfuncionaria norteamericana luego de 10 años de aplicación: “los exámenes estandarizados no ayudan” (‘La Jornada’, 10/02/13).

Sus exámenes estandarizados chafas, hechos en computadora, ni siquiera tomaron en cuenta que los maestros tienen diferentes grados de estudio (licenciatura, maestría o doctorado), que muchos habían ya sido evaluados con el programa de “carrera magisterial”. El mismo examen para todos, independientemente de que se trabajara en una zona rural o urbana, en una zona de clase media o en un barrio marginal, en el centro de un pueblo o en una comunidad totalmente alejada, independientemente de la materia que se enseña.

El mismo examen para maestros de alguna de las más de 2 mil escuelas hechas de “materiales ligeros y precarios”, de alguna de las más de 14 mil escuelas sin pizarrón en todas las aulas, de alguna de las más de 18 mil escuelas sin energía eléctrica (y por lo tanto sin acceso a computadoras), de alguna de las más de 123 mil escuelas sin internet. Es evidente que los miembros de la junta de gobierno del INEE nunca revisaron el censo que la SEP mandó a hacer al INEGI sobre el estado de las escuelas públicas en México o les valió su contenido.

Vergonzoso el silencio del INEE cuando el señor Aurelio Nuño, extitular de la SEP, salió a decir que “cualquier puede dar clases”. El silencio cómplice del INEE sólo mostró que o son terriblemente ignorantes o que prefirieron denigrar a todos sus títulos de estudio y a su carrera académica con tal de seguir cobrando un jugoso salario. Por lo que si desaparece el INEE casi nadie los extrañaría en este país.

 

anbapu05@yahoo.com.mx

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