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El papel de la oposición en la “democracia” neoliberal

En mítines de Morena, en vez de dar la bienvenida a los conversos, se oyen las rechiflas: “¡oportunistas!”, “¡traidores!”, “¡chapulines!”, “¡mercenarios!”… los panistas, por su parte, se preparan para ser contundente oposición.

A unos cuantos días de las elecciones, parece abrumador el pronóstico de que AMLO será el ganador de la contienda por la presidencia de la República. De pronto se da una fluida desbandada de muchos miembros de los partidos oponentes, para apoyar a quien, seguramente, será el principal mandatario.

En mítines de Morena, en vez de dar la bienvenida a los conversos, se oyen las rechiflas: “¡oportunistas!”, “¡traidores!”, “¡chapulines!”, “¡mercenarios!”… los panistas, por su parte, se preparan para ser contundente oposición.

La democracia, a diferencia de la dictadura que impone a todos una sola visión, se caracteriza por eso, por el concurso de posturas, no sólo distintas, sino opuestas entre sí.

En la amplia y aguda discusión de los opuestos se van analizando, contrastando y construyendo los caminos que mejor convenzan a las mayorías.

El materialismo dialéctico enseña que la historia se mueve, cuando la tesis entra en conflicto con la antítesis, y la síntesis que surge de esa confrontación, da lugar a una nueva tesis, que habrá de enfrentarse a una nueva antítesis… y así, sucesivamente.

Sobre la discusión entre ideas opuestas, la película estadounidense ‘12 hombres en pugna’ (‘12 Angry men’), basada en un guión de Reginald Rose, muestra de manera muy didáctica la diferencia entre una democracia por mayoría y una democracia por consenso. La primera, no necesariamente implica discusión; basta con que se pongan a votación dos o más posturas y el 50 por ciento + 1 o las 2/3 partes (según el caso) elijan la que consideren mejor. El consenso, en cambio, implica con frecuencia, una amplia discusión, hasta lograr que todos los participantes, sin excepción, se convenzan de que cierta opción es la mejor, o al menos asuman que, dadas las actuales circunstancias, es lo que más conviene.

‘12 hombres en pugna’ narra el caso de un jurado que debe juzgar la inocencia o culpabilidad de un muchacho, acusado de asesinato. En este tipo de juicios, la decisión del jurado debe ser unánime y no dar pie a ninguna duda razonable. La resolución final implicará la liberación o la muerte. Casi todos los indicios apuntan a que el acusado es culpable y cuando cada miembro del jurado es interpelado, para dar su veredicto, 11 lo señalan como culpable. Uno de ellos, sin embargo, sin estar cierto de su inocencia, decide votar por ella. Los demás cuestionan severamente tal decisión. Él insiste en que, aunque no tenga la certeza, el hecho de estar en juego la vida de un ser humano, bien merece una discusión.

Así se da un largo proceso en el que se analizan diversas circunstancias y, luego de intensas discusiones, poco a poco, cada miembro va cambiando su voto, hasta asumir, por unanimidad, que el chico es inocente.

En esta historia la oposición jugó un papel fundamental para acceder a la verdad, pues todos fueron reconociendo importantes evidencias, que antes les pasaron desapercibidas y que probaban la inocencia del acusado.

La película deja ver cómo, en la toma de decisiones, influyen muchos factores que nada tienen que ver con la argumentación ni la reflexión: prejuicios, fobias, venganza, cansancio, intereses personales, pereza mental, entre otras.

Ciertamente la democracia por consenso no resulta práctica para muchos asuntos y lo más común suele ser la democracia mayoritaria, especialmente cuando es muy difícil lograr el acuerdo. Sin embargo, bien vale una amplia discusión, cuando está en juego la vida, la salud y la tranquilidad de una o millones de personas; por ejemplo, cuando se trata de tomar decisiones tan graves, como “concesionar” (privatizar) los bienes de la nación (los recursos energéticos, el agua, las minas, los bosques, las playas…), porque esto pone en serio peligro a la población.

Recientemente nos enteramos de los 10 decretos presidenciales que promulgó Peña Nieto, de la manera más dictatorial y tramposa posible, y que cambia el estatus de veda sobre 300 cuencas hidrológicas del país, y abre las puertas a saqueadores nacionales y extranjeros, que dispondrán de ellas, despojando dramáticamente a los mexicanos.

¿Qué papel debiera jugar la oposición frente a éste u otros hechos similares?

Muchos esperan ansiosos la llegada de AMLO al poder, para que revierta semejante traición.

Sin embargo, sus opositores ya están tramando construir una amplia alianza de gobernadores y legisladores, dispuestos a bloquear cualquier decisión que éste tome.

Es lógico. En el régimen neoliberal, ninguna democracia es posible, mucho menos la que exige consenso. En este régimen, la discusión o el debate no busca acceder a la verdad ni promover la reflexión sobre lo que más conviene a la nación. Lo único que importa es vencer al oponente a toda costa, obtener pingües ganancias del triunfo o, cuando menos, la satisfacción de haber bloqueado al contrincante.

Y el resto de los ciudadanos, ¿qué?

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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