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El principio de incertidumbre y la aceptación, física de lo emocional

Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos

Ernesto ‘Che’ Guevara

Carta de despedida a Fidel Castro

 

El principio de incertidumbre, o no tener certeza de la posición y movimiento de un objeto determinado, fue postulado por el físico alemán Heisemberg (Premio Nobel de Física en 1932), pero puede ser aplicado a cualquier fenómeno natural, social o emocional.

No se puede tener seguridad de que un determinado evento ocurra de la forma y en el momento que se espera, pues cada uno de ellos implica una serie de fenómenos altamente complejos. Solamente puede estimarse la probabilidad de ocurrencia, con base en la información que previamente se tenga de fenómenos similares, la no ocurrencia debe aceptarse, pues de lo contrario emanará ira y agresividad.

Generalmente las personas viven con base en expectativas o creencias de que los eventos ocurrirán, simplemente porque así lo desean. Debido a esto se genera frustración, tristeza y con ello una serie de estados de lo enfermo.

Para reducir la incertidumbre y con ello la frustración, la gestión de objetivos medibles, cuantificables, verificables y programables en un lapso de tiempo es esencial, así como la subsecuente descripción de las actividades constitutivas de cada uno de los objetivos, cada uno de los cuales lleva en su esencia incertidumbre o la posibilidad real de ocurrir o no ocurrir.

La vida tal y como la conocemos es totalmente incierta, nadie puede afirmar con un 100% de seguridad que estará en este plano existencial el día siguiente, pues tal hecho representa un evento solamente probable, por ello es de uso frecuente la frase “si Dios quiere, si Dios da licencia”, porque en realidad llegar con vida al día siguiente es un mero hecho probabilístico y estar en un punto geográfico a una hora precisa es totalmente incierto, la probabilidad es cero porque el tiempo es una variable continua, por el contrario sí se establece un rango en el tiempo de llegada, la incertidumbre se reduce y la probabilidad tiende a uno, aunque se mantiene la incertidumbre.

Obviamente, los argumentos previos son insuficientes para explicar las relaciones afectuosas: las despedidas, las ausencias o las partidas definitivas. Pero si bien es cierto que la incertidumbre es un principio que se aplica a todo evento natural y social, la aceptación de los hechos, tal y como ocurren, es una consideración de la probabilidad real de todo evento biológico, social y económico.

Vivir y disfrutar los afectos, atesorar vivencias y guardarlas en el cofre de los recuerdos, representa la práctica de vida que permite aceptar el resultado de cualquier evento como algo bueno y válido, sin culpas, ni arrepentimientos, pues la culpa y el arrepentimiento son consecuencia de las falsas expectativas; es decir, de no haber vivido, sino solamente sobrevivido.

Despedir temporal o definitivamente a un ser querido causa tristeza en diversos grados, la intensidad de la tristeza es directamente proporcional a la forma de vivir o de sobrevivir, menor cuando se vive y se disfrutan los afectos, mayor cuando se sobrevive y se prefiere la acumulación de cacharros materiales. Por ello Jesús el Nazareno recomendó sólo acumular tesoros en el corazón.

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