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El retorno de los brujos: lo natural vs el monopolio farmacéutico

Bruja como concepto tiene múltiples orígenes, “brugga” del nórdico antiguo, significa hervir pociones, o de algunos vocablos protoceltas “brixta” (hechizo), “brixto” (fórmula mágica) y “brixtu” (magia), en el Medio Oriente a los médicos se les llamaba magos.

Las brujas, hechiceras o curanderas en femenino o en su homólogo masculino, son seres cuyo origen se remonta al génesis de la especie humana, cada pueblo o grupo étnico les dio sus propios nombres, pero los conceptos que históricamente han parecido más temibles son los de brujas y hechiceros, porque fueron los que la santa inquisición y el santo oficio -que de santos no tuvieron nada- utilizaron para nombrar a todos aquellos que no se sometían al modelo hegemónico del derrotado feudalismo y el naciente capitalismo.

Bajo esos epítetos zahirientes se condenó, persiguió y asesinó a todos aquellos seres que practicaban la herbolaria y la botánica, de la misma forma en que el imperialismo lo hizo durante la guerra fría contra los comunistas o como hoy se enarbolan los adjetivos de terrorista o narcotraficante.

Las brujas y hechiceros fueron las científicas de la edad media, ellas recorrían diariamente los bosques y praderas observando, registrando, colectando y guardando las plantas, para, posteriormente preparar los ungüentos y las pócimas que habrían de sanar a los afligidos.

Bruja como concepto tiene múltiples orígenes, “brugga” del nórdico antiguo, significa hervir pociones, o de algunos vocablos protoceltas “brixta” (hechizo), “brixto” (fórmula mágica) y “brixtu” (magia), en el Medio Oriente a los médicos se les llamaba magos.

Hoy, a quienes hacen hervir en sus laboratorios toda clase de mezclas, se les denomina científicos. Una de las grandes diferencias de comportamiento entre los científicos actuales y las brujas o hechiceras es que en las segundas la independencia y la libertad eran esenciales para hacer todos sus procesos, por ello, generalmente preferían el aislamiento, cada una elegía su método y registraba sus fórmulas y recetas en un cuaderno, conocido como “libro de brujas”. Podríamos decir que ellas fueron las precursoras del método científico.

Independientemente de la lingüística, del origen etimológico del concepto bruja o de las temibles historias de cuerpos calcinados en piras públicas en nombre del dios cristiano del amor, se puede decir que cuando un ser humano crece y abraza con su natural curiosidad los fenómenos, objetos y seres de la naturaleza, prende en el una energía mágica -su luz interior- que lo transforma, lo hace diferente al resto de los integrantes de su comunidad.

Este ser, si dispone de las condiciones y las circunstancias le son favorables, logrará desarrollar esos dones ocultos para sanar a los afligidos, es decir, para iluminar el camino de la comunidad.

La sanación de una dolencia, en dependencia del grado de exigencia conceptual, puede llamarse éxito médico, milagro o acto mágico, pero no es otra cosa que la conjunción de recursos y condiciones para mejorar la calidad de vida de un ser humano o de cualquier otro organismo y contribuir al equilibrio emocional, físico y orgánico del doliente, su familia y la comunidad.

Decía Yoko Ono, “todos somos brujas y brujos, porque todos somos seres mágicos”. El problema radica en el miedo, la ignorancia, la infinita necesidad de certezas y explicaciones. Sor Juana Inés de la Cruz señalo “De haber razón para todo, no hay razón para nada”. El excesivo racionalismo, la búsqueda de las causas últimas, la enfermiza necesidad de explicar lo inexplicable hace perder a los seres humanos sus virtudes mágicas, esa conexión energética con sus seres queridos y la naturaleza.

De la misma forma que en la época del naciente siglo XX, los “puros, los irreductibles, intentaron rechazar la marea” de cosas desconocidas como los rayos X, los átomos, la existencia de vida extraterrestre, entre otras cosas, hoy ese mismo dogma rechaza todo lo que por su infinita ignorancia y miedo no puede ver.

Los curanderos, herbolarios, chamanes, brujos, hechiceras, o como se desee llamar a los hombres y mujeres de poder, han transmitido de generación en generación sus observaciones. Ellos no requieren reconocimientos académicos, títulos universitarios, comités de evaluación o instituciones “científicas”, para ellos lo más importante es contribuir a la sanación del afligido. El reconocimiento lo hacen aquellos que perciben el bienestar y por ello los recomiendan, son los afligidos quienes -cuando recuperan su salud- fomentan el retorno de los brujos.

Las terapéuticas energéticas y naturales poseen varias características: no causan daño ni dolor al afligido, no son invasivas, no requieren publicidad ni mercadotecnia, se basan en la recomendación de boca en boca; no son lucrativas, sus terapeutas tienen como objetivo primario contribuir a la sanación del afligido no la ganancia económica.

Son transparentes, por ello ofrecen al consumidor toda la información escrita y verbal necesaria para que éste decida su uso de manera informada. Son corresponsables, es decir, para lograr la sanación se requiere la participación activa y consciente del terapeuta, del paciente y el uso de las pócimas y ungüentos recomendados.

Fomentan la independencia económica y la superación cultural de los afligidos, la recuperación y conservación del ambiente natural. Por ello son eminentemente rebeldes y antimonopólicas.

El libre albedrío, ese hálito divino, que dicen, Dios inoculó en los primeros seres humanos y que éstos trasmitieron a todos sus linajes, representa el poder de cada ser humano de elegir y tomar sus propias decisiones, éste es inalienable, irrenunciable, imprescriptible, indivisible y universal, por ello la libertad de elegir entre uno y otro sistema terapéutico no puede ser conculcado, independientemente de toda circunstancia y consecuencia.

 

Más información en El Ahuehuete, herbolaria. Niños Héroes 41, esquina Matamoros, Local 3. Tequisquiapan, Qro. 442-3775127, 414-1070194 y 427-1212508. Correo electrónico: contacto@elahuehuete.com.mx; www.elahuehuete.com.mx

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