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El santo oficio y los sistemas de salud en el México contemporáneo

Como resabio de las taras ancestrales, hay quienes se creen herederos de la santa inquisición y el santo oficio, los cuales es menester insistir, no tenían nada de santos, por ello mi necedad de escribirlos con minúscula. De forma recurrente hay quienes escondidos en la selva de la red elaboran blogs y otras manifestaciones, para atacar visceralmente el libre albedrío, ese que -dicen- Dios otorgó a los seres humanos primigenios: el don para elegir y por lo tanto para acertar o equivocarse.

Uno de los objetivos de estos neonazis es contribuir, desde una supuesta opinión pública, para imponer un modelo de atención a la salud basado en los fundamentalismos de la ciencia positivista y el complejo médico-farmacéutico. Con ello pretenden sabotear los avances que en ésta materia se han tenido en el México actual. Uno de los cuales es precisamente el descrito en el artículo 25 fracción XIX del Reglamento Interior de la Secretaría de Salud, donde se especifica como atribución de la Dirección General de Planeación y Desarrollo en Salud: “Diseñar, proponer y operar la política sobre medicina tradicional y medicinas complementarias en el Sistema Nacional de Salud”.

En este conglomerado de medicinas complementarias se incluyen sistemas no alopáticos como la homeopatía, la herbolaria, la quiropráctica, la acupuntura, las flores de Bach, la aromaterapia, la kinesiología, el método Feldenkrais, la técnica Alexander, la medicina cuántica, Germánica, ayurvédica, china y tradicional indígena mesoamericana, entre otras.

Los fundamentalistas se rasgan las vestiduras e histéricamente convocan los espíritus de la ciencia para justificar lo injustificable: privar a los ciudadanos de su derecho inalienable a decidir libremente, independientemente de las consecuencias de esas decisiones. Y no se trata de voltear el sartén y satanizar a un determinado modelo médico, de ninguna manera, lo importante es luchar por que la sociedad  se garantice a si misma el acceso libre a la mayor cantidad posible de información y que sea el ciudadano debidamente informado el que decida sobre el modelo médico que lo atenderá, sea convencional, tradicional o complementario y que tenga la libertad de elegir al médico, terapeuta, curandero o chamán de su preferencia.

Que pueda elegir si ha de recibir las atenciones médicas en una cama, hamaca o petate; que sea un hombre o mujer el que le de las atenciones, en su propio idioma y costumbres.

Dicen los detractores de las medicinas tradicionales -y complementarias- que éstas no son efectivas, funcionan a manera de placebo y engañan a la ciudadanía. Baste decir que de acuerdo a estadísticas oficiales, el 30 por ciento de las defunciones hospitalarias son por responsabilidad y equívoco de los médicos; la quimioterapia, tratamiento emblemático de la oncología, alarga la vida del paciente como máximo cinco años, provocando efectos secundarios negativos a la salud humana.

La sobredosis de fármacos, recetada por los médicos, sobre todo aquellas que han de consumirse “de por vida”, no sanan y sí provocan efectos secundarios negativos en el sistema digestivo, hepático, renal, entre otros.

Un sistema de atención a la salud debe ser ecuménico, aceptar por igual al médico alópata independientemente de que se haya titulado en una universidad pública, privada o extranjera, sean hombres, mujeres o de otro género, al médico homeópata, al tradicional y a los terapeutas de las medicinas complementarias.

Desgraciadamente el sistema de atención a la salud en México aún adolece de ese acendrado machismo que limita la participación de las mujeres, las acosa y las desprecia; es homofóbico, pues los médicos homosexuales son segregados; es racista pues desprecia a los médicos tradicionales estigmatizándolos como “indios”. Este sistema es un espejo de las desigualdades inherentes al capitalismo feudal mexicano: machismo, racismo, chovinismo y un rosario de fundamentalismos.

La lucha social en el ámbito de los sistemas de atención a la salud es exactamente igual que para cualquier otro sector mexicano, es por la equidad de género, la desaparición de la segregación racista y la homofobia. El reconocimiento legal para que cualquier ciudadano pueda recibir y ofrecer sus conocimientos, habilidades, capacidades tradicionales, alternativas y complementarias para mejorar la salud humana y comunitaria, que sin discriminación se cumpla con aquel viejo precepto de Hipocrates ‘Primum non nocere’ (primero no hacer daño).

Cumplir con una profunda transparencia para que el afligido y doliente, con toda la información necesaria, pueda, con base en su libre albedrío, elegir el método y las terapias que considere prudente y asuma también las consecuencias de sus actos.

La conservación y recuperación de la salud debe ser un proceso corresponsable entre paciente y terapeuta, donde, del diálogo de saberes emergerán las alternativas de tratamiento, terapias y cambios de comportamiento que llevarán al afligido a su sanación.

 

Mas información: El Ahuehuete, herbolaria. Niños Héroes 41, esquina Matamoros, Local 3. Tequisquiapan, Qro. 442-3775127 y 427-1212508.  contacto@elahuehuete.com.mx; www.elahuehuete.com.mx.

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