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El SNTE en la 4T: barrer el charrismo sindical

Uno de los temas preocupantes para trabajadoras y trabajadores de la educación es la renovación sindical en diferentes entidades del país. El llamado que ha realizado el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), para llevar a cabo elecciones, no deja claro si habrá democracia sindical para barrer, de una vez por todas, con el charrismo sindical.

El charrismo sindical se entiende como la postura que asume un sindicato para dirigir su quehacer hacia los intereses y disposiciones del aparato patronal y gubernamental. De esta manera, se descuidan los derechos y beneficios de los agremiados (trabajadoras y trabajadores). Los líderes sindicales charros procuran relaciones de subordinación y, a cambio de ello, reciben beneficios a costa de su obediencia y sometimiento.

La historia del charrismo sindical refiere a Jesús Díaz de León (secretario general del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana [STFRM]). Díaz de León fue conocido por su afición a la “charrería” y, por ello, se le apodó “El Charro”. Del mismo modo, la obediencia de Jesús Díaz, su falta de atención hacia los asuntos de carácter sindical y, por supuesto, su gusto por el deporte ecuestre dio origen al término “charrismo sindical”.

Pero, más allá del recorrido histórico, cabe mencionar que, para el sistema educativo mexicano, la postura “charra” del SNTE ha tenido consecuencias lamentables en el campo de la enseñanza, pues el control del sector magisterial deterioró la instrucción de los estudiantes y fue en detrimento de la formación de maestras y maestros. A la par, se descuidaron los derechos laborales de los trabajadores de la educación y se perjudicó la condición profesional de docentes.

Hoy, en el gobierno de la 4T, el papel del SNTE no parece cambiar, su disposición para ponerse al servicio del régimen en turno tampoco ha pasado desapercibida; por ejemplo, Alfonso Cepeda Salas declaró que el SNTE es aliado y “ejército intelectual” de la Cuarta Transformación (4T). Con ello, la independencia sindical queda fuera de los objetivos de Cepeda y, de manera implícita, expresa su disposición para controlar y poner al servicio del gobierno a la gran masa de trabajadoras y trabajadores que aglutina el SNTE.

A pesar que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha manifestado su rechazo al “charrismo sindical” y declaró su anuencia para llevar a cabo elecciones libres en los sindicatos, la realidad es distinta. Muestra de ello fueron las pasadas votaciones del SNTE en el estado de Baja California donde –según información de algunos docentes- la Secretaría de Educación y Cultura (SEC) del Estado de Sonora, en acuerdo con las Secciones 54 y 28 del SNTE, comisionaron a 157 (Sección 54) y 103 (Sección 28) trabajadoras y trabajadores de la educación para asistir los días 20, 21 y 22 de octubre a las Asambleas Delegacionales en el estado de Baja California. Casualmente, los “comisionados” fueron asignados para estar presentes los días que se llevaron a cabo elecciones sindicales en aquella entidad. Dicha situación, deja en evidencia la falta de compromiso y lealtad del SNTE con sus agremiados, pone al descubierto su falta de seriedad y disposición para llevar a cabo elecciones limpias y justas. Por otro lado, el gobierno en turno (4T) tampoco ha posibilitado la democratización del SNTE y parece que, una vez más, los trabajadores de educación sufrirán las consecuencias de sujetarse a las disposiciones de líderes sindicales desinteresados de las necesidades laborales. Ojalá que el gobierno de la 4T propicie la independencia política y sindical del SNTE y, sobre todo, que el gremio de la educación no se deje llevar por los “cantos de sirena” de las vertientes charras que, bajo la bandera de la “democracia sindical”, quieren engañar a trabajadoras y trabajadores para incrustarse en las dirigencias sindicales.

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