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El tal Marx

Lo que el marxismo requiere es una constante revisión histórica, es decir, aplicar su método a las siempre cambiantes y amoldables características del sistema capitalista. Estar a las vivas con el presente, en vez de empolvarse y volverse un ortodoxo creyente.

Hace unos años en la UAQ me tocó escuchar a un maestro en Filosofía que nos decía que “el marxismo ya era obsoleto”. En otra ocasión, un estudiante de Derecho opinó que las ideas de Carlos Marx eran “un lastre” para la sociedad; en otra más, un presunto historiador, en las aulas de la UNAM, despotricaba contra todos los estudios que se sustentaran en el materialismo histórico dialectico (mejor conocido como marxismo), añadiendo unas nada inocentes odas al nazismo, más descaradas que el “por mi raza hablará el espíritu” del fascista de José Vasconcelos.

A pesar de las críticas, unas con mayor fundamento que otras, el marxismo persiste y, es más, es vigente. Por supuesto que no podemos –ni debemos, como lo hicieron muchos seguidores en el siglo XX- seguir a pie de letra los santificados textos de Marx, ya que, además de que es imposible debido a que las ideas del susodicho fueron cambiando al paso de los años, lo que el marxismo requiere es una constante revisión histórica, es decir, aplicar su método a las siempre cambiantes y amoldables características del sistema capitalista. Estar a las vivas con el presente, en vez de empolvarse y volverse un ortodoxo creyente de un texto inmaculado.

¿Y a qué viene lo que el tal Marx dijo y se dice de él? A que Karl Heinrich Marx nació un 5 de mayo de 1818, hace ya 200 años, en la entonces Prusia, Estado del que surgiría la actual Alemania en 1871, producto de la guerra franco-prusiana. Marx falleció de una enfermedad pulmonar y de tristeza, dicen unos, consecuencia del fallecimiento de su compañera, Jenny von Westphalen, un año y medio antes, quien le aguantó todos sus vaivenes económicos y exilios por Europa, de donde había sido censurado, expulsado y expatriado.

Sorprende su relativa juventud -64 años- cuando le llegó su hora el 14 de marzo de 1883. ¿Qué más hubiera escrito después de ‘El Capital’? ¿Los tomos II y III de la misma obra, que fueron publicados tras su muerte y organizados por su eterno amigo Federico Engels, hubieran quedado como lo hicieron? ¿Cuál hubiera sido el destino de la primera Internacional Obrera, si su mayor ideólogo viviera más tiempo?

Se vale soñar con la unión del proletariado encabezando la revolución mundial contra los dueños de los medios de producción y su diaria explotación, alcanzando el socialismo y finalmente el comunismo, tras el fin de la lucha de clases, motor de la historia. Pero los hechos se dieron de un modo muy distinto. Ahí queda su ‘Manifiesto del Partido Comunista’, publicado hace 170 años, que advertía a la burguesía que el fantasma de la revolución ya estaba merodeando las caducas monarquías para hacerlas caer, decapitaciones de por medio. Ahí quedan todos sus seguidores y seguidoras, que por muy dogmáticos que fueran, todos le agregaron de su cosecha a “lo que Marx dijo”. La enorme Revolución bolchevique en Rusia hace apenas 100 años, encabezada por Vladimir Lenin, la también gigantesca Revolución china con Mao Tse Tung de 1949 y la tropical Revolución cubana de Fidel Castro no se podrían comprender en su totalidad sin eso que alguna vez Marx soñó, sólo por mencionar unos ejemplos.

Por supuesto que en México ese mismo fantasma también recorrió sus fábricas, ejidos, universidades y calles, pero el fantasma de la Revolución mexicana le puso un freno en una batalla espiritual por las almas de la clase trabajadora. Eso no quita que las ideas materialistas de Marx aún sirvan para explicar nuestra pasado y presente, e inviten a transformar nuestro futuro. En su bicentenario, bien vale la pena recordarlo y qué mejor manera de hacerlo que atreviéndose a leer directamente sus textos. Que no le digan, que no le cuenten.

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