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El tercer guerrillero de Querétaro

Según la historiografía sobre la historia del estado de Querétaro y sobre el movimiento armado socialista en México durante los sesenta-setenta del siglo XX, la entidad no fue escenario del desarrollo de militantes y guerrillas, ni tampoco de actos represivos muy llamativos por parte del Estado mexicano. Hasta donde habíamos averiguado, sólo hubo dos personas nacidas en Querétaro que participaron propiamente en las llamadas “guerrillas” en México en la década de los setenta: los hermanos Rigoberto y Carlos Lorence López, originarios de San Juan del Río.

Sin embargo, según lo referido en los documentos de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), habría un tercer sanjuanense que también fue militante: Carlos Benavides Alcocer, quien nació en San Juan del Río el 28 de noviembre de 1954, hijo de Carlos Benavides Brambila y Salustia Alcocer León (por los apellidos, posiblemente originaria de la entidad). Sin embargo, desde la primaria hasta la preparatoria estudió en el estado de Guerrero, por lo que su vínculo con Querétaro es más distante. A diferencia de los Lorence López, quienes estudiaron esa etapa en Querétaro, partiendo a la Ciudad de México para iniciar sus licenciaturas en la UNAM, lugar donde desarrollaron los vínculos con los que formarían el llamado Frente Urbano Zapatista.

En cuanto a Carlos, desde 1973, como partícipe del movimiento estudiantil, empezó a tener contactos cercanos a la guerrilla de Lucio Cabañas, el Partido de los Pobres y su Brigada Campesina de Ajusticiamiento. En junio de 1974, decide trasladarse a la sierra e incorporarse al Partido de los Pobres, justo cuando esta organización tenía secuestrado a Rubén Figueroa, cacique del estado, entonces candidato a la gubernatura de Guerrero por el partido en el poder. “El tiempo que el declarante permaneció en la Sierra su actividad consistió en la de efectuar guardias y le enseñaron a armar y desarmar una pistola Cal. 38 Super”, dicta un informe del órgano de seguridad y represión del Estado, la DFS.

En agosto del mismo año, Carlos “necesitaba regresar a su casa para proseguir con sus estudios”, lo que hizo con la autorización del grupo. Desde la fecha hasta 1976, sin una militancia aparente, transitó de Morelos a Baja California, intentó cruzar a los Estados Unidos y, en la Ciudad de México, volvió a establecer contacto con miembros del Partido de los Pobres —ya sin Lucio Cabañas, quien había caído muerto en combate contra el Ejército en 1974—, quienes lo invitaron a unirse a una escuela exclusiva para militantes de la organización ubicada en Texcoco, donde les enseñaban economía y filosofía marxista, así como manejo de armas. En octubre de 1976, ya de regreso en Iguala, participó en un secuestro efectuado por el Partido, manejando el vehículo de la operación. Derivado del cual fue detenido el 20 de noviembre en la Ciudad de México, mientras esperaba a otros militantes en la estación del Metro Pino Suárez. Detenido, es cuando se hace el reporte de la DFS con base en su testimonio, posiblemente sacado por medio de la tortura, como era el método.

Para diciembre de 1978, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), organismo de inspiración trotskista, lo consideraba como “secuestrado por la policía”, es decir, como detenido-desaparecido. Calificativo con el que ha permanecido hasta la fecha, junto a cientos de desapariciones forzadas, es decir, ejecutadas por el Estado, en este caso, durante la llamada “guerra sucia” o guerra de baja intensidad.

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