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Elecciones del 2018 y guerra psicológica (IV)

Solamente se logrará un juego limpio en los procesos electorales democráticos si los proyectos de los partidos y candidatos de partidos e independientes son más propositivos que denostativos, más incluyentes que discriminatorios.

Tey shawilaba ta be Quermano Xun Pablo*

Históricamente el PRI se había transformado, a lo largo del siglo XX, en una aplanadora electoral con la alteración de las actas de escrutinio, el robo de urnas, la compra y coacción del voto a través de dinero y dádivas domésticas, las “urnas embarazadas”, los votos de los muertos, los operativos “carrusel”, el cambio de casillas para emitir el sufragio, la falsificación, duplicación y compra de credenciales electorales, gracias a que el gobierno era juez y parte de la elección desde la Secretaría de Gobernación, las autoridades estatales y municipales prácticamente desde la Constitución Política de 1917 hasta 1996.

En 1987 se inserta el criterio de representación proporcional en la Comisión Federal Electoral. En el año de 1990 el Congreso de la Unión promulga el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), con el que se crea el Instituto Federal Electoral (IFE) y se plantea la reestructuración del Consejo General, aún bajo la mirada del Secretario de Gobernación, hasta el año de 1996, en que logra formalmente independizarse del Poder Ejecutivo. Una vez “ahogado el niño se tapaba el pozo”, pues ya había ocurrido, en 1988, el megafraude en contra de Cuauhtémoc Cárdenas y en favor de Carlos Salinas de Gortari, con la fatídica “caída del sistema”.

Posteriormente, en el año 2007, también después de un nuevo fraude electoral, ahora a favor de Felipe Calderón y en contra de Andrés Manuel López Obrador en el 2006, el IFE incrementa las funciones de organización, vigilancia, supervisión de los procesos electorales, bajo el supuesto de lograr mayor transparencia, democracia y equidad. Nuevamente, los cambios se efectúan bajo la sombra de Felipe Calderón, quien llegó a la presidencia de la República, “haiga sido como haiga sido”. En el año 2014 el IFE se convierte en INE, que además de organizar y supervisar las elecciones federales también se coordina con los institutos locales para dar mayores garantías democráticas, cuestión que las autoridades electorales “ciudadanas” pusieron bajo una gran incógnita con los agravios surgidos en la elección de Enrique Peña Nieto en el 2012, en el que se reeditan los trabajos de la “guerra sucia” realizados en el 2006 con la tesis del “peligro social” que supuestamente representaba AMLO, misma que nuevamente ahora retoman, en el 2018, desde sus cuarteles generales, bunkers y cuartos de guerra, en su versión remasterizada, con la edad de AMLO, a quien acusan de regresar al pasado echeverrista con los ataques respectivos de ser populista, de llevar a México “venezolanizarse”, de anunciar el apocalipsis económico de llegar AMLO al poder y todo lo que se sumó en los tres debates presidenciales (22-IV: 20-V: y 12-VI-2018), en los que surgió una coalición espontanea, el TUCAM (Todos Unidos Contra Andrés Manuel) que finalmente tronó en el tercer debate, en tanto que las encuestas más serias como la de los periódicos ‘Reforma’ y ‘El Financiero’, y las consultoras “Mitofsky”, “Parametría” y “Oraculus”, mantuvieron una constante ventaja en las tendencias de votación a favor de AMLO, prácticamente desde el inicio de las precampañas, las intercampañas y las campañas electorales, subiendo en las preferencias de votación, a 10 días de la elección, en promedio hasta el 50 por ciento a favor de AMLO y manteniéndose Ricardo Anaya en torno al 26 por ciento, mientras que José Antonio Meade, oscilaba en torno al 20-22 por ciento, y ‘El Bronco’ en su mejor momento alcanzó el 5 por ciento; por otra parte está la franja de indecisos que rondaba en torno al 20 por ciento.

¿Cómo romper la lógica de fraudes, de “guerra psicológica”, de “guerra sucia” de coacción y compra del voto, de presión sobre los electores, de los vicios tradicionales como el robo de urnas, de actas, o de alteración de las mismas y todos los delitos electorales del viejo sistema político? Solamente se logrará un juego limpio en los procesos electorales democráticos si los proyectos de los partidos y candidatos de partidos e independientes son más propositivos que denostativos, más incluyentes que discriminatorios, más constructivos que destructivos, más tolerantes que descalificadores y más rousonianos que maquiavélicos. Ética y Política no son dos extremos intocables, sino dos vías que pueden recorrerse en la locomotora de la historia, de la democracia, de la transparencia, de la justicia y de la dignidad de hombres y mujeres. Más allá de la “guerra psicológica” se puede construir una “Psicología y cultura del consenso”, de la inclusión y hasta de la reconciliación, después del 1 de julio de 2018.

En la democracia parlamentaria el arma fundamental de la ciudadanía es el poder del voto y del voto razonado. Hagámoslo valer en este proceso electoral del 1 de julio de 2018 y votemos más con la neurona que con la hormona. Admitámoslo el cambio es posible ¡Sí se puede! El triunfo de AMLO parece irreversible.

Además opino que el homenaje “post mortem” realizado a Juan Pablo Mendoza en el SUPAUAQ, el 20 de junio de 2018, fue muy merecido. Esperamos que todos los derechos contractuales, que no pudo tener durante un año y medio en vida, se hagan efectivos a su viuda y a sus hijos. *Te cuidas en tu camino, hermano Juan Pablo.

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