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Elecciones presidenciales y cambio de rumbo

Ante el avance impresionante de López Obrador, se ha desatado una campaña de promoción de “voto diferenciado” con el objetivo de que Morena no tengo una mayoría en el Congreso. Curiosamente, los mismos que promueven esto, nunca lo hicieron en el caso de Peña Nieto o de Calderón o de Fox.

En el momento de escribir estas líneas, faltan menos de 10 días para las elecciones presidenciales que pueden cambiar el rumbo de la instauración del neoliberalismo salvaje en nuestro país, por medio de un fraude electoral, el de Carlos Salinas de Gortari, en 1988.

Desde ese año, vivimos la alternancia, la que no significó cambio de rumbo alguno pues los gobiernos panistas de Vicente Fox y de Felipe Calderón siguieron con el régimen neoliberal y de corrupción que ha caracterizado a los gobiernos priistas. La decepción por el gobierno federal panista fue inmediata, pues el gobierno de Vicente Fox no hizo nada de lo que prometió en su campaña electoral. Más bien los panistas llegaron a corromperse y a servirse con la cuchara grande como si eso significara un cambio benéfico para el país: que en vez de que nos robaran los priistas nos robaran los panistas.

Esa decepción del gobierno panista de Vicente Fox los llevó a cometer un fraude electoral escandaloso en 2006 para imponer a Felipe Calderón. Este fraude es el más documentado en la historia de México.

El fraude del PRI de 1988 fue avalado por muchos panistas, como Diego Fernández de Cevallos, el que incluso avaló la quema de las boletas electorales de esa elección, documentos que habrían servido para probar el fraude. De la misma manera, el fraude de los panistas de 2006, fue avalado y apoyado por los priistas luego de que la campaña de su candidato Roberto Madrazo no prendió.

Por esto es que estas elecciones son muy importantes, pues la candidatura de Andrés Manuel López Obrador representa una esperanza de un verdadero cambio de los regímenes corruptos y antinacionales que llegaron al poder mediante fraudes electorales y que han permanecido en el poder mediante ese mismo tipo de fraudes.

No es casual que tanto José Antonio Meade como Ricardo Anaya se hayan querido presentar en estas elecciones como si estuvieran desligados de sus partidos, el PRI y el PAN. En el fondo saben del desprestigio de ambos partidos, de ahí su necesidad de tratar de ocultarlos para que la atención se enfocara en ellos como candidatos, como si nada tuvieran que ver con esos partidos, con los gobiernos federales que han presidido y con los múltiples gobiernos estatales y municipales que han encabezado.

Meade se quiso presentar al inicio como un candidato “ciudadano”, “apartidista”, a pesar de ser el candidato del PRI, a pesar de haber colaborado con gobiernos federales priistas y panistas, a pesar de haber actuado como tapadera de la gran corrupción en los sexenios de Calderón y de Peña Nieto.

Pero lo mismo ha sucedido con Ricardo Anaya el que elude un hecho esencial: ya vimos al PAN en el poder, ya los vimos corromperse, ya los vimos traicionar a la ciudadanía ya desde el año 2000. Aún peor, Anaya fue cómplice del régimen corrupto de Peña Neto. Avaló, como diputado y como dirigente panista, las reformas estructurales que han dañado al país y a su población. Avaló la reforma laboral que impuso Felipe Calderón poco antes de terminar su mandato y que precariza el trabajo, que legaliza el ‘outsourcing’ y que ofrece a los jóvenes un futuro negro en el aspecto laboral.

Anaya apoyó la reforma educativa que agrede al magisterio nacional y que se concentra en castigar a los profesores y echarles la culpa de todos los males del sistema de educación pública. Ahora Anaya “descubre” que tal reforma es punitiva. Él la votó como diputado, ¿Qué no la leyó antes de aprobarla? ¿Anaya nunca leyó los artículos 52, 53, octavo y noveno transitorio de la Ley General del Servicio Profesional Docente? Dichos artículos son los que asocian el resultado de las evaluaciones con la permanencia en el empleo, son los artículos que terminan con la estabilidad laboral de los profesores de la educación pública, desde el nivel básico hasta el nivel medio superior.

Anaya se sumó al coro de mentirosos que promovieron la reforma energética, juraron y prometieron que con esa reforma bajaría el precio de los energéticos y que al país le iría mejor. Hoy, cinco años después, vemos el desastre de esa reforma del que también son culpables Meade y Anaya.

Ante el avance impresionante de López Obrador, en los últimos días se ha desatado una campaña de promoción de “voto diferenciado” con el objetivo de que Morena no tengo una mayoría en el Congreso. Curiosamente, los mismos que promueven esto, nunca lo hicieron en el caso de Peña Nieto o de Calderón o de Fox. A final de cuentas, en todos los regímenes democráticos cuando cambian las mayorías en los congresos se derogan y cambian leyes aprobadas por la mayoría precedente. Eso es normal. Pero si queremos verdaderos cambios en el país, debemos apostarle a un voto masivo por Morena, la única opción viable para revertir lo que ha impuesto el neoliberalismo, de maneras nada democráticas.

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