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Embarazo: renombrando las cosas, procesos y fenómenos

En México, la palabra embarazo tiene una connotación de enfermedad, pues al momento del parto se le denomina “alivio”.

La realidad existe independientemente de su percepción por parte de los sentidos humanos, pero sólo es posible asirla y estudiarla si la nombramos; nombrar las cosas es, en sí mismo, un proceso influido por las circunstancias socioeconómicas y culturales de la época y la región geográfica donde se desarrollan los grupos humanos.

Coloquialmente al proceso de gestación de un nuevo ser humano se le denomina “embarazo”, palabra cuyo origen etimológico significa impedimento, estorbo o incluso vergüenza. Impedimento se asocia al concepto etimológico de enfermedad; es decir, sin firmeza. Ni que decir de la palabra “estorbo”, en otros idiomas embarazo significa “carga” o “castigo” haciendo referencia a la sentencia bíblica de “parirás con dolor”.

En México, la palabra embarazo tiene una connotación de enfermedad, pues al momento del parto se le denomina “alivio”, mientras que en el idioma chino mandarín “embarazo” se traduce como “dulce espera” o “estado de buena esperanza”.

De ésta forma la lucha ideológica por renombrar las cosas, los procesos y los fenómenos desde una perspectiva armónica, no es un capricho intelectual, sino una búsqueda por vincular la carga energética de las palabras con el fenómeno a nombrar o describir, por ello para armonizar la gestación de un nuevo ser humano éste debe percibirse como una “bienvenida” o como lo nombra el idioma chino: “dulce espera”, siempre que así sea.

La gestación de un nuevo ser humano puede percibirse como una bienvenida o como una carga, en dependencia de la forma es que sucedió la unión de los gametos; si fue producto del amor o de la violencia; dentro o fuera del matrimonio; si la unión fue por acuerdo o mediante el uso de la fuerza.

Pues ese momento, el de la unión del espermatozoide y el óvulo, representa el inicio de la historia emocional del nuevo individuo, palabras como: ser deseado, esperado, bienvenido, recibido y acompañado. Se contraponen a sus opuestos de: no ser deseado, representar un estorbo, una vergüenza, una carga, un castigo o la cruz que debe cargar la mujer como consecuencia de su “pecado”.

La desarticulación de los paradigmas, de los prejuicios y tabúes se inicia con la acción de renombrar las cosas, los procesos y los fenómenos, pues sólo de esa forma podemos asir la realidad desde una perspectiva energéticamente armónica, asignando los nombres que correspondan correctamente a los proceso o fenómenos, sin suposiciones o dobles morales.

Renombrando las cosas, los procesos y los fenómenos cambiamos la percepción humana sobre estos; armonizamos realidad y lenguaje, con ello construimos conocimiento y nos apropiamos del mensaje real de la naturaleza, de lo contrario estamos condenados por el desequilibrio energético de la contradicción nombre-fenómeno, a una relación desarticulada y no armónica.

El lenguaje sea escrito, verbal o corporal tiene como objetivo nombrar la realidad para poder ser apropiada, acción que permite establecer las coordenadas que ubican espacial y temporalmente los fenómenos del universo. Renombrar es un proceso dialéctico, pues al enfrentar los opuestos emergen nuevas realidades y formas de percibirla. Cada época y sus fenómenos requieren ser renombrados, precisados, para transformar la realidad, no únicamente interpretarla.

Más información: El Ahuehuete, herbolaria. 442-3775127 y 4141122560. contacto@elahuehuete.com.mx; www.elahuehuete.com.mx. Local 108, Plaza Centenario. Col. Vistahermosa, Tequisquiapan, Qro.

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