En busca de la cura del cuerpo y del alma
“…y los envió a sanar a los enfermos”
Lucas 9:1-16
Prácticamente en todo el mundo, los seres humanos, desde pequeños, son sumergidos en un baño de ideas religiosas, las cuales se deben aprender y repetir de memoria
: pasajes de los libros sagrados y oraciones, entre otros, bajo un proceso de adoctrinamiento, donde no es posible preguntar, reflexionar y llegar a nuevas conclusiones, porque lo único permitido es repetir memorísticamente. Bajo esta orientación, los adeptos a estas ideas, no desarrollan dos procesos importantes para escudriñar el universo: la reflexión y el pensamiento crítico, su ausencia lleva a los individuos a callejones sin salida y con ello a la frustración, la ira, la tristeza y por ende a diversas afecciones del cuerpo y del alma.
Repetir de memoria contenidos de cualquier tipo reduce a cero el “libre albedrio” esencia de lo sagrado, es decir la autonomía de pensamiento y acción. Si se piensan y salen del ser humano palabras sin sentido claro y utilidad, se daña la razón del individuo: “nada hay fuera del hombre que entre en él que le pueda contaminar; más lo que sale de él, eso es lo que “contamina” al hombre (Marcos 7:4-21). Por ello, para engrandecer el espíritu y encontrar el camino para sanar el cuerpo y el alma es necesario decidir, sobre todo, de manera informada sobre lo que se piensa, se dice, se obra y se omite, para bien de uno mismo y de los demás.
Los malos pensamientos, los homicidios, los hurtos, la avaricia, la maldad, las injurias, la soberbia, la insensatez, todas estas maldades salen del ser humano y lo contaminan (Marcos 7:22-37), es decir lo enferman. Habría que agregar a este listado bíblico, el aprendizaje memorístico, el apego, la corrupción, el saqueo, la degradación ambiental, el tráfico de drogas, la esclavización y prostitución de seres humanos, el lucro, entre muchos otros comportamientos, y sobre todo el “no hacer nada” por el bien común, es decir la omisión.
Hoy el engaño es el pan nuestro de cada día, al respecto, en Gálatas 6:3-18, se menciona que “no os engañéis…todo lo que el hombre siembra, eso también segará”, es decir cosechará. La humanidad entera apostó al crecimiento económico, al consumo incesante de bienes y servicios, se engañó, y ya está cosechando degradación de la salud humana, contaminación de los ecosistemas, erosión de valores, entre otros. Los políticos sembraron y siguen haciéndolo: confusión, división, privatizaciones, guerra civil, piensan que ellos saldrán bien librados, pero finalmente cosecharán, algo que no desean: el terror, para ellos y sus seres queridos.
El camino para el desarrollo verdadero está en la conciliación, para llegar a ella hace falta el perdón, éste sólo se da y se recibe sí se reconoce que lo que se hizo o se hace fue porque no se sabía, por ignorancia. En este sentido Mateo (6:12-26) señala que sólo serán perdonadas las ofensas generadas a otros si se perdonan las ofensas recibidas. Por ofensa debe entenderse: daño, perjuicio, entre otros. Pero la soberbia institucional es una estructura monolítica, el Estado, sus presidentes, gobernadores, senadores, diputados, presidentes municipales y todo un séquito de rémoras, han realizado grandes ofensas a la nación y pueblo mexicanos, impensable es que soliciten el perdón y perdonen: ¿Cuántas masacres, desapariciones forzosas, torturas, encarcelamiento de inocentes han ocurrido, y siguen pendientes en la memoria colectiva?, ¿cuántas mujeres, hombres y niños son vendidos y comprados en el mercado de esclavos, a la luz del día?, ¿cuántas palabras hirientes y vanas, cuántos pensamientos negativos e insidiosos, cuántos obras mal hechas, basadas en la corrupción y el tráfico de influencias? y sobre todo ¿cuántas omisiones, es decir, cuántas acciones se dejaron de hacer?, teniendo recursos, conocimientos y sabiendo que son necesarias para salvaguardar la vida de hombres, mujeres y niños, o el equilibrio de los ecosistemas.
Es importante reflexionar sobre el hecho de que los “enfermos” del cuerpo y del alma no pueden esperar que envíen a sanarlos desde el cielo, mantener la salud individual y comunitaria depende del entendimiento, reflexión y participación activa de los individuos y colectivos: recuperar el conocimiento tradicional, compartir información, generar emprendimientos diversos y que cada ser humano se convierta en un enviado para sanarse a sí mismo y para sanar a otros.
Todo dogma o paradigma, sea religioso, político, ideológico o científico representan una negativa del libre albedrío, de la reflexión y el pensamiento crítico, un creer a ciegas. Cotidianamente las creencias chocan, se enfrentan con la realidad, generando miedo, frustración y la necesidad de construir totalitarismos que hagan obedecer sin cuestionar, sin pensar.
Es necesario regresar al origen, al génesis, y reconocer que todo hombre y mujer posee, por naturaleza, libre albedrío, capacidad de elegir. Seguro ya es tiempo de retomarlo.