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Enseñar, educar y formar: de la escuela tradicional a la escuela posmoderna

La enseñanza es una actividad fundamental de la escuela; sin embargo, las instituciones educativas han sustituido dicha tarea y hoy sus objetivos son otros. Estas alteraciones no ocurren por casualidad ni son improvisadas o azarosas pues, con el paso del tiempo, los sistemas educativos modifican sus fines, enfoques y modelos pedagógicos de acuerdo a las condiciones del modo de producción vigente. Dichas transformaciones pedagógicas resultan de procesos sociales, históricos, políticos y económicos.

La descripción del desarrollo histórico de la educación permite distinguir tres tipos de instituciones escolares: escuela tradicional, escuela moderna y escuela posmoderna (neoliberal). De igual importancia, cabe mencionar que dichas caracterizaciones no son únicas, sino, más bien, ayudan a comprender su influencia y repercusiones en la formación de mujeres y hombres.

La escuela tradicional se distinguió por enfocar su actividad hacia la enseñanza y, para ello, la instrucción fue primordial. Enseñar a leer, escribir, contar, sumar, restar, dividir, multiplicar y acumular conocimientos ocupó a maestras y maestros. Este modelo encontraba su origen en los esquemas educativos de carácter religioso y perduró hasta los comienzos de la sociedad capitalista pues, para el campo de la producción, era necesario que el “proletariado” adquiera ciertos rudimentos (leer, escribir y contar) para operar las máquinas y mejorar la producción industrial. El Estado controlaba las instituciones educativas y el sector productivo demandaba de la escuela sujetos “aptos” para la acumulación de capital.

Posteriormente, con el desarrollo del capitalismo, los cambios sociales y las cosmovisiones que acompañaron a la sociedad burguesa, la escuela transformó su tarea y la enseñanza tuvo que ceder para dar paso a otro modelo. Instruir y acumular saberes perdieron importancia; ahora, el objetivo consistía en “educar”. Se adoptó el enfoque “humanista” que aspiraba al desarrollo integral del ser humano para incidir en su educación moral, intelectual y física. La sociedad burguesa requería de “hombres razonables (educados)” –necesarios para el progreso de la industria capitalista-. El hombre burgués fue el ideal y fin de la escuela moderna. La cualificación, proporcionada por la academia, permitía la movilidad social. La escuela asemejó su proceder y estructura de acuerdo con la organización social del trabajo que la fábrica ejercía (surgió la escuela-fábrica). Finalmente, la mutación del sistema capitalista y su expansión, obligaron a los sistemas educativos a modificar sus propósitos y métodos de proceder. El capitalismo implantó nuevas formas de explotación y la economía mundial se subordinó a las instituciones financieras. A la par, el desarrollo de la ciencia y tecnología se consolidaron como aliadas para el proceso de globalización. Aparece el neoliberalismo y la educación deja de ser un derecho para convertirse en “bien” o mercancía. La escuela pierde sentido como institución educadora y su tarea tampoco consiste en enseñar. Los contenidos escolares, clases y lecciones son sustituidos por actitudes de estudio, saberes de carácter instrumental (competencias) y el maestro se convierte en guía, tutor, mediador o acompañante. Ahora, la “formación” es tarea principal de las instituciones escolares posmodernas. Sus objetivos se orientan hacia la construcción de sujetos al servicio de los requerimientos que el mercado y las empresas solicitan. Los valores que la escuela promueve son los mismos que el sector empresarial demanda; por ejemplo: capacidad de adaptación, trabajo en equipo, colaboración, flexibilidad, autonomía, empatía, asertividad y actitud positiva. La escuela asume el esquema de la empresa y la educación se convierte en negocio. Como consecuencia, las instituciones educativas promueven el antintelectualismo; con ello, el pensamiento crítico queda fuera de los objetivos escolares. La formación de los educandos consiste en la constitución de nuevos asalariados subsumidos en su idiosincrasia y adaptados a la incertidumbre del sistema neoliberal.

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Un comentario

  1. Muy buen análisis sobre el papel de la educación publica en el país a través de la historia y necesidades del sistema.

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