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¿Está la izquierda preparada para gobernar?

En esta etapa de triunfo electoral a los y las integrantes de la izquierda mexicana, les hace falta guardar la cordura y el respeto a quienes no votaron por el llamado Peje, con la finalidad de tratar de cerrar la brecha de odio que este proceso electoral avivó.

Por supuesto que el triunfo de AMLO me tiene en las nubes, al igual que a los millones de mexicanos que votamos por la cuarta transformación de la República. El domingo 1 de julio fue un día que confirmó lo que ya sabíamos, sin embargo, la tarde noche estuvo salpicada de sorpresas a partir del reconocimiento del triunfo de Obrador por parte de Meade, después el de Anaya y de ahí para adelante se desgranaron una serie de emociones contenidas durante décadas dentro de la izquierda mexicana, la misma a la que se le acusa de no confiar en los procesos electorales.

Y es que cómo no emular a Santo Tomás, después que históricamente el PRI se había mantenido en el poder por la vía fraudulenta y la violencia; después, con la fallida transición a la democracia en 2000 con Fox, el PAN hizo suya esa práctica antidemocrática para trampear el triunfo electoral de Obrador en 2006, quien en 2012, volvió a ser agraviado por el PRI que utilizó una enorme maquinaria de dinero para la compra de voluntades, delito que permanece en la más absoluta impunidad. Dentro de ese contexto se encuentran dos las expresiones de los dos altos dirigentes morenistas: “Si hay fraude se soltará un tigre y no voy a detenerlo”, de AMLO y “Que no se atrevan a querer hacer un fraude, porque sí se van a encontrar con el diablo», de Yeikol Polevnsky.

Por eso es que, acudiendo a la memoria electoral de nuestra patria, la izquierda no tenía muchas expectativas que le fuese respetado su triunfo, proyectado por casi todas las casas encuestadoras. Los comentarios en cualquier parte del país eran de incredulidad, incluso se llegaba a plantear un posible magnicidio con tal de detener el tsunami Obrador que envió al PRI al tercer lugar del espectro nacional.

¿Qué ocurrió para que quienes detentan el poder político y económico reconocieran a AMLO? Creo que se escribirán ríos de tinta para explicar el fenómeno, lo que yo puedo plantear en este poderoso y libertario espacio virtual, es la desenfrenada indignación nacional ante la orgía que las cúpulas partidistas del PRI, PAN y PRD se dieron bajo el cobijo del llamado Pacto por México, durante el cual se zambulleron en lo más vil de los moches con tal de aprobar reformas que diezmaron una buena parte de la riqueza nacional, todo, ante los desorbitados ojos de la nación que nos enteramos de la canallada a través de las benditas redes sociales que también jugaron un papel fundamental, ante una prensa tradicionalmente controlada y maiceada a manos llenas.

Los mexicanos hicimos nuestras las sabias palabras de Stephane Hessel, quien durante su larga vida hizo un llamado a los ciudadanos del mundo a no solo indignarse, sino a comprometerse y en nuestra patria, más del 60% votó por el presidente electo, lo que representa el porcentaje más alto de la historia reciente de México con la que llega un presidente a la silla del águila.

Por supuesto que el triunfo depara a la izquierda partidista mexicana una serie de retos enormes, porque la victoria apenas es la antesala del inicio de un proceso de regeneración nacional. Imaginemos una casa en la que durante décadas todos los días hubo fiestas y excesos en la que nunca nadie se encargó de la limpieza. Lamentablemente así está la nación, con la cara y el cuerpo sucios y enfermos por la corrupción, la impunidad, la injusticia y la pobreza de la mitad de sus habitantes.

El triunfo de la izquierda no lo es para todos los mexicanos, porque una buena franja de nuestros hermanos se sienten agraviados por el llamado “mesías tropical”, a quien, aún antes de que se alzara con los laureles electorales, fue blanco de campañas de odio y discriminación, lo que al parecer se ha magnificado. El mismo día de la elección por la noche, escuché a un grupo de votantes panistas que, enfurecidos, criticaban acremente el triunfo de Obrador ante la sábana de resultados de las casillas electorales. Hablaban fuerte, para que se notara su intolerancia, llamándolo abortista que pronto dejaría a nuestro país como Venezuela y otras falacias con las que la gente justifica su aversión al diferente.

En esta etapa de triunfo electoral a los y las integrantes de la izquierda mexicana, les hace falta guardar la cordura y el respeto a quienes no votaron por el llamado Peje, con la finalidad de tratar de cerrar la brecha de odio que este proceso electoral avivó entre diversos sectores sociales. Aunque no es fácil de seguir, pienso que la sencillez y sabiduría de nuestro querido Hugo Gutiérrez Vega, pudiera ser un ejemplo para quienes ahora detentarán el poder político de México.

También pienso en el postulado zapatista aquel que señala que hay que mandar obedeciendo.

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