Extinción de fideicomisos y opacidad
La medida fue polémica y ha había sido mencionada, de manera recurrente, por el presidente de la república, señalando lo que muchos pensamos acerca de dichos fideicomisos.
El pasado 8 de octubre, la Cámara de Diputados aprobó un paquete de leyes que permitirá extinguir 109 fideicomisos mantenidos con dinero público pero que se manejaban, en muchos casos, como si fueran fideicomisos privados, con opacidad.
No se trata de cacahuates, sino que estamos hablando casi de 70 mil millones de pesos, que ahora administrará la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Esta cantidad equivale a 1.75 veces el presupuesto anual de nuestro estado de Querétaro o al subsidio que recibiría nuestra Universidad Autónoma de Querétaro, ¡durante 35 años! Así que la decisión fue de peso.
El paquete de leyes fue aprobado por la mayoría de Morena, junto con votos de los diputados del PES y del Partido Verde, mientras que 145 diputados votaron en contra, principalmente del PAN, PRI, PRD, MC, PT y algunos de Morena.
La medida fue polémica y ha había sido mencionada, de manera recurrente, por el presidente de la república, señalando lo que muchos pensamos acerca de dichos fideicomisos.
Para comenzar, es una anomalía que hubiera fideicomisos alimentados por dinero del erario para apoyar actividades que deberían ser apoyadas directamente por parte de los programas gubernamentales, es decir, esos fideicomisos funcionaban como una especie de intermediarios entre el gobierno y los beneficiarios, lo que es absurdo. En realidad, se busca el mismo esquema que se está aplicando en los programas sociales del gobierno federal: entregar directamente los apoyos a los beneficiarios. Esto tiene la ventaja de eficientar el gasto público y de evitar que pequeños grupos lucren con esos fideicomisos, tanto económica como políticamente.
Por otro lado, estos 109 fide icomisos habían venido trabajando en la opacidad. Sería interesante que los que se opusieron a la medida de la extinción nos proporcionaran los datos precisos de cada fideicomiso, no sólo el monto (ya circulan listas con estos montos) sino también cuándo fueron constituidos y para qué, quiénes han sido los administradores, quiénes han vivido de administrarlos, cómo se han manejado los intereses que generan y cuáles han sido los resultados. Precisamente la falta de este tipo de información lo que muestra es la opacidad con la que han sido manejados muchos de esos fideicomisos. También deberíamos saber si el dinero en esos fideicomisos no ha sido desviado a otros fines o de plano si no se ha robado.
65 de dichos fideicomisos pertenecían al CONACYT, otros eran para organizaciones civiles y fueron creados y alimentados durante los gobiernos neoliberales. Suena verdaderamente hipócrita que los panistas, en la discusión sobre la extinción de los fideicomisos, se mostraran “preocupados” por la cultura o por salud de los mexicanos cuando sus gobiernos han sido los principales agresores del sistema público de salud. Habría que recordarles a los panistas que ellos ya gobernaron dos veces el país y que han sido actores principales y cómplices del déficit de 210 mil médicos, 430 mil enfermeras y 250 mil camas de hospital, además de los más de 400 hospitales abandonados. Así que no nos vengan con cuentos que están interesados en la salud de los mexicanos.
En realidad, todo parece indicar que panistas y priistas se opusieron a la extinción de los fideicomisos porque algunos de ellos los controlaban y, lógicamente, les molesta que se les haya cerrado esa minita de oro y ya no puedan administrar dinero público como si fuera privado.



