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Falacias de la innovación educativa

Enfatizar el establecimiento de la escuela pública pensada para la formación integral y la emancipación del pueblo y no como simple capacitación de mano de obra barata.

En mi artículo anterior comenté el libro Escuela o barbarie, entre el neoliberalismo salvaje y el delirio de la izquierda de los españoles: Fernández, García y Galindo (Ed. Akal). Este libro constituye una crítica demoledora al modelo educativo neoliberal que se mezcla y confunde con las propuestas de la llamada Escuela Nueva o Escuela Activa de principios del siglo pasado. Dicho modelo seduce y engaña con su discurso “innovador” a muchos ingenuos y mal preparados educadores “de izquierda”, a quienes utiliza para penetrar la escuela pública y minarla desde sus entrañas.

El libro merece una buena discusión, pues, aunque peca a veces -creo- de generalizaciones injustas o errores teóricos contra de la pedagogía alternativa, pone su dedo en la llaga al denunciar graves confusiones que debilitan la formación del pensamiento filosófico, científico-crítico y estético, en aras de una psicologización o excesiva atención a los aspectos afectivos del trabajo docente (lo que el nuevo modelo llama habilidades psicoafectivas o socioemocionales).

Un señalamiento que considero pertinente tiene que ver con la manía de los pedagogos neoliberales y “de izquierda” de buscar ansiosamente la innovación continua. En este sentido, su crítica coincide con la que hace Zygmunt Bauman a La modernidad líquida que vuelve inviable conocer en profundidad cualquier asunto, pues sólo permite surfear en la superficie.

Según los autores, una enseñanza que se precie de ser realmente de izquierda debiera distinguir ámbitos:

En economía, por ejemplo, es indispensable luchar decididamente contra el conservadurismo neoliberal, que defiende a toda costa el statu quo; un conservadurismo que genera, justifica, mantiene y reproduce hasta el infinito las tremendas desigualdades sociales. En política, en cambio, la humanidad ha logrado avanzar en la instauración de la república y la separación de poderes (con todas sus contradicciones, falencias y deficiencias…). Con la Ilustración se ha pronunciado por los derechos de todos los individuos (independientemente de su condición social), de las mujeres, de los niños… y ha buscado el establecimiento de INSTITUCIONES PÚBLICAS, que garanticen el bienestar de toda la población y no sólo de una élite.

Los autores enfatizan el establecimiento de la escuela pública pensada para la formación integral y la emancipación del pueblo y no como simple capacitación de mano de obra barata; una escuela para todos, gratuita, obligatoria, crítica, científica, abierta a las diversas corrientes del pensamiento (decidida a luchar contra la ignorancia y sus servidumbres, los fanatismos y los prejuicios, dice el artículo 3 de la Constitución Mexicana).

La Ilustración pugnó por la libertad de prensa, y en la educación superior, promulgó la autonomía universitaria, la libertad de cátedra, la investigación o producción de conocimientos al servicio de las necesidades de la gente y no de los grandes capitales.

Según los autores, una izquierda real, debiera ser conservadora, en el sentido de luchar por mantener todo lo que muchos luchadores sociales lograron a través de la historia, con frecuencia, dando su vida a cambio.

Desechar todo esto, en aras de una falaz innovación, facilita la privatización de la escuela pública y su entrega a las corporaciones neoliberales, que imponen la ‘moda rápida’ a su antojo, haciendo borrón y cuenta nueva de todo lo que no conviene a sus intereses.

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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