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Hacerlo rápido no significa hacerlo bien: el regreso a clases en la tercera ola

Teresa García Gasca

La pandemia por SARS-CoV-2, agente causal de la enfermedad conocida hoy como COVID-19, no es la misma de hace un año. El virus ha generado nuevas variantes en su lucha por adaptarse y sobrevivir a la presión que le ha impuesto la inmunidad humana, natural o adquirida por la aplicación de algún tipo de vacuna. En la carrera por asegurar su supervivencia, ha mutado para generar nuevas variantes que hoy, a diferencia de la cepa original, infecta exitosamente a personas jóvenes y, desafortunadamente, ya se ha dado cuenta de casos de niñas y niños.

Hoy vivimos una tercera ola de contagios, mayor que la primera y en franco ascenso. Sin embargo, las autoridades a nivel federal y estatal, han cedido a presiones sectoriales, particularmente de los ramos económicos y educativos, para aligerar los criterios y lanzar acciones de reincorporación a distintas actividades a pesar del riesgo que ello significa. Los criterios restrictivos para el escenario B en Querétaro son insuficientes ya que promueven actividades sociales que deberían limitarse. Los mensajes equivocados para la población no permiten la concientización y alientan prácticas inadecuadas. Ello nos lleva a pensar que la situación está más controlada de lo que en realidad está y nos expone a más contagios mientras la vacunación avanza a paso lento.

En Querétaro hay 1.6 millones de habitantes de 18 años o más que representan el 69% del total de la población, de los cuáles, al 10 de agosto, solo el 64% contaba con la aplicación de al menos una dosis de vacuna, poco más un millón de personas. Si bien es cierto que actualmente la vacunación ofrece protección parcial, es verdad que ha permitido la disminución de la enfermedad grave en la mayor parte de las personas inmunizadas. Por ello, la atención debe centrarse en incrementar la aplicación de vacunas de acuerdo a los grupos de edad que están aprobados por la autoridad sanitaria. Si se logra vacunar al total de personas mayores de edad en Querétaro, estaremos cerca de lograr la inmunidad de rebaño que amortiguará de forma más eficiente la diseminación de la enfermedad.

El derecho a la educación no se discute, ni la imperiosa necesidad de recuperar las actividades presenciales. Es cierto que enfrentamos problemas de salud emocional que deben atenderse, pero no a costa de la salud y de la vida de la población joven y de la niñez. Es irresponsable decir que se vale correr riesgos, porque se nos puede salir de control y el balance costo-beneficio nos puede cobrar cara, muy cara la factura. Enfoquémonos en la vacunación y esperemos un poco más. Preparemos mejores estrategias de protección para nuestra población menor de edad que aún no puede vacunarse en nuestro país: elaborar protocolos más eficientes para el regreso a clases presenciales, incluyendo el control de burbujas de trabajo; atender la suplementación con vitaminas que han mostrado protección y que el sector salud puede supervisar. En el marco del Día Internacional de la Juventud el pasado 12 de agosto, fecha en la que se busca llamar la atención sobre los problemas de la juventud y lograr acciones para el desarrollo de todo su potencial, lo mejor que podemos hacer en este momento es velar por ellas y ellos.

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