Hacia dónde irá la Nueva Escuela Mexicana II

En mi artículo anterior me refería al desafío que enfrenta el gobierno de la 4T para impulsar, entre otras cosas, un nuevo proyecto educativo, que rompa con la lógica neoliberal.
Al revisar el Marco curricular y plan de estudios 2022 (documento de trabajo) observamos, en su primera parte, una serie de planteamientos que transparentan el hecho de que, cualquier definición de un plan de estudios implica un “campo de batalla”, ya que intervienen en ella diversos actores con intereses e ideologías, no sólo distintas, sino opuestas o incluso incompatibles.
El marco curricular 2022 parte de un diagnóstico sobre la situación de la educación básica mexicana y hace un recuento histórico de las tendencias pedagógicas que ha seguido el Estado Mexicano y su Sistema Educativo Nacional.
Quienes redactan el documento señalan cómo, en el esfuerzo de construir una nación independiente (tras los trescientos años de dominio colonial), se pusieron en marcha diversos movimientos con sus correspondientes ideologías (el nacionalismo, el mestizaje, el positivismo y el patriarcado) que, al pretender homogeneizar la gran diversidad cultural existente en la República Mexicana, no sólo mantuvieron, sino agravaron las tremendas desigualdades sociales.
Dichas tendencias negaron, por un lado, el derecho de los múltiples pueblos indígenas y diversos sectores culturales, distintos al modelo dominante, a desplegar sus culturas, por haber sido señalados como “degradados” e “indeseables”; por otro lado, impusieron una epistemología pretendidamente “universal” y “neutra”, que no sólo despreció, sino destruyó toda forma de conocimiento y expresión que no se adecuara a los cánones técnico-instrumentales del modelo hegemónico.
En ese recuento histórico, se mencionan también programas pedagógicos, impuestos por organismos internacionales y grupos empresariales, que desde los años setenta han mantenido una misma línea (aunque modifiquen su discurso con cada reforma curricular): reducir la educación a mera capacitación para el trabajo, siguiendo esquemas capitalistas: “inversión”, “producción de capital humano”, “mercantilización”, etc.; del mismo modo reducen el papel del maestro, a un mero operador de manuales o programas computacionales, Así, en lugar de ser valorados como miembros de cualquier otra profesión, se les obliga a subordinarse a criterios, diseños y estándares de evaluación, definidos por otros, supuestamente “expertos”.
En síntesis, sobre todo con el modelo neoliberal, se vienen generado dos graves problemas:
- El debilitamiento de la soberanía del Estado nación para someterlo a las reglas del mercado, y
- la imposición de la ideología neoliberal en todas las esferas de la vida.
Esto provoca múltiples “exclusiones cruzadas”, que afectan especialmente a las mujeres, indígenas y pobres. En estas condiciones, los graves problemas de la deserción escolar, la reprobación o el bajo desempeño, se achaca a los individuos (alumnos, maestros, padres de familia) y no a las condiciones estructurales del modo de producción.
En los hechos, los maestros y estudiantes han sido sometidos a programas saturados de contenidos fragmentados, que nada tienen que ver con las realidades de los contextos específicos de sus comunidades, pues lo único que interesa es aprobar exámenes internacionales. La consecuencia de esto no es sólo la ineficiencia sino el desaliento y sentimientos de frustración e inadecuación de los sujetos de la educación, que agravan la deserción.
Todos estos planteamientos, que implican el análisis de la realidad mexicana, son fundamentales para reconocer el complejo y difícil punto de partida y justificar el cambio de rumbo.
¿Qué es lo que plantea, en cambio, la Nueva Escuela Mexicana y qué tan viable será, considerando todas estas circunstancias? Lo iremos analizando en próximas entregas.
(Continuará)
*Miembro del Movimiento por una Educación Popular Alternativa (MEPA)
maric.vicencio@gmail.com


