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Hacia esa ‘otra democracia’ que hace falta en Querétaro

Si consideramos que la democracia (a pesar de sus dificultades y graves contradicciones), es mejor forma de gobierno que las dictaduras, plutocracias o cleptocracias, etc., habremos de revisarla, perfeccionarla y ampliarla, para que mayor número de personas se beneficie de ella.

¿Cómo superar la comprensión de esa democracia, reducida sólo al momento electoral y al voto mayoritario? La revisión de lo que sucede antes de llegar a ese voto, abre un abanico de escenarios desconcertantes, sobre los que poco se reflexiona.

Fuerte discusión generó, por ejemplo, la iniciativa de Amlo de someter a votación también al poder judicial, para que quienes ocupen sus cargos sepan que se deben al pueblo y no a los dueños del dinero que pueden mover la justicia a su favor (Carbonel, M. ‘Corrupción Judicial e impunidad: el caso de México’, UNAM).

La oposición alega que “no cualquiera puede ser juez y sería peligroso nombrarlo por votación, pues la impartición de justicia no es asunto de popularidad, sino de cánones jurídicos y técnicos. Ser juez requiere de larga carrera y pasar múltiples filtros, para demostrar ante diversos sinodales, dominio de las leyes, experiencia, probidad, etc.” En síntesis, se trata de un poder de élite y, de acuerdo con el dogma internalizado en nuestra sociedad, ‘así debe ser’.

¿Por qué no plantear el voto popular también para el poder judicial, promoviendo, por ejemplo, que la ciudadanía participe como su principal sinodal y seleccione, de entre todos los aspirantes, a quienes hayan satisfecho mejor los requisitos?

¿O por qué no hay mínimas exigencias para los demás poderes? ¿Por qué no se exige a todo aspirante a cualquier puesto de elección que demuestre que al menos conoce cabalmente el territorio que pretende representar o gobernar, así como las leyes que ha de seguir? ¿Por qué no se exige a los políticos que cambian de partido, que demuestren compromiso y trabajo de base con el ideario y proyecto del nuevo, antes de pretender ganar una candidatura? ¿Por qué se permite tan fácilmente que una persona acapare candidaturas a diferentes cargos y, antes de concluir uno, salte a otro en una ‘carrera política’ casi vitalicia?

Por su parte, la ciudadanía, antes de emitir su voto, debería contar con más elementos para elegir al candidato de su preferencia y no sólo guiarse por el marketing político (lemas y jingles comerciales) o todo tipo de rumores ‘fake’ que circulan por doquier.

Siguiendo estos planteamientos, conviene preguntar también: ¿cómo toman decisiones quienes fueron ‘elegidos por la ciudadanía’ al interior de los poderes ejecutivo y legislativo?, y ¿por qué el resto de la ciudadanía suele quedar excluida de esas discusiones?

Tomando en consideración los graves problemas que padecemos actualmente (crisis climática -sobre todo hídrica-, civilizatoria -sobre todo de seguridad-) habríamos de construir otras formas de democracia, libres de las imposiciones mercantiles, que atiendan en primer lugar a las poblaciones menos favorecidas.

La famosa obra de teatro ‘12 hombres en pugna’ (1957- guion de Reginald Rose), deja claro cómo puede haber otras formas de democracia que urge experimentar: Un jurado en E.E.U.U. se dispone a decidir casi unánimemente la culpabilidad por homicidio de una persona, sin deliberar. Un integrante de dicho jurado, sin embargo, considera esta situación de gran gravedad, pues la decisión implica condenar a muerte a un ser humano y, aunque él no tiene la certeza de que fuera inocente, se propone provocar en sus compañeros una duda razonable, a partir de múltiples preguntas. Con deliberaciones bien guiadas, todos van reconociendo que ninguno tenía bases para juzgar, y que en su voto imperaban sólo razones viscerales (prejuicios, ignorancia, pereza, corrupción…). Al final, el jurado decide por unanimidad que el acusado es inocente.

En otro ámbito, este ejemplo vale para preguntar ¿cómo deciden nuestros regidores los cambios de uso de suelo, los permisos a ciertas empresas o la distribución del presupuesto? ¿qué argumentos emplean los cabildos para proteger a la población frente a los carteles del gran capital (por ejemplo el inmobiliario) ¿en qué basan sus decisiones? (Continuará).

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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