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Harvard: ¿Hace 20 años?

Hace 20 años se estaba tendiendo un plan para detener una escalada al alza de la construcción de edificios e infraestructura en las universidades de países tercermundistas, siendo los créditos a estos países, aparte de impagables, poco productivos y rentables.

“Antiguos compañeros se reúnen:

Ya somos todo aquello

Contra lo que luchamos a los 20 años”

—José Emilio Pacheco

Deja Vu, término en lengua francesa que refiere la peculiar experiencia sensorial de: “Haber visto antes”, un lugar y situación, sin tener la certeza de dónde y cuándo haya ocurrido tal cosa.

Agosto del año 2000

En aquel tiempo, la Rectoría de la UAQ, a través de la Secretaría Académica, me invita a asistir a un seminario que por título decía: “Quinto Seminario para Líderes de Universidades Latinoamericanas: Tendencias Actuales en la Evaluación y mejoramiento de la Calidad”.

De primer momento no me resultaba atractiva la invitación, ya que apenas acababa de ocupar la Dirección de la Facultad a la que pertenezco, consideré inapropiado desatender el arranque de mi nuevo trabajo; sin embargo, la propuesta me convenció cuando supe que este seminario se impartiría en la Universidad de Harvard, división ‘Graduate School of Education’.

Fui a la prestigiosa Universidad ubicada en el condado de Cambridge, vecino de la ciudad de Boston, Ma., al mismo evento acudieron alrededor de unas 80 personas más, en su mayoría eran rectoras y rectores, en su inmensa mayoría de universidades públicas; caleidoscopio de todos los países latinoamericanos, del Río Bravo hasta la Patagonia, salvo Jamaica, Belice y Puerto Rico. De México asistimos de cinco o seis diferentes instituciones.

Hace 20 años no digerí del todo el contenido del curso, si llegué a olfatear la intención del mismo ya que el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, subsidiaron la investigación que estuvo a cargo de académicos de la citada Universidad, siendo el contenido y la línea del seminario: reducir los gastos-préstamos etiquetados como educación pública de tercer nivel (universitarios) en los países latinoamericanos.

Considerando que, entre otros problemas, el crecimiento poblacional está en constante crecimiento y las universidades públicas y no públicas carecen de infraestructura para dar cabida a solicitantes. En el año 2000, en este seminario al que asistí, advirten que el incremento poblacional, en 20 años, o sea hoy, 2020, por lo menos sería del 30 por ciento.

Otro problema que hace 20 años visualiza los bancos arriba mencionados es el del gasto o inversión económica para la construcción de edificios e infraestructura física creciente día a día.

Hace 20 años se estaba tendiendo un plan para detener una escalada al alza de la construcción de edificios e infraestructura en las universidades de países tercermundistas, siendo los créditos a estos países, aparte de impagables, poco productivos y rentables.

Una tesis reiterada durante el seminario es aquella que advierte que “la productividad de las universidades está resultando escasamente costeable”, aunque, paradójicamente y al mismo tiempo, resulta una población de mercado significativamente importante por contener.

La pregunta ¿cómo hacerle para recuperar este mercado de cerca de 600 millones de personas que son consumidoras de, conocimiento, investigación y trabajo? ¿Qué opciones se han de instrumentar para que se frene el gasto en estructuras educativas anquilosadas? ¿Qué opciones se han de proponer para alcanzar una modernización en la educación de tercer nivel y haya más personas teniendo acceso a los procesos de aprendizaje y productividad profesional de tercer nivel? ¿Por qué estamos en este seminario representantes de todos los países de Latinoamérica en este seminario?

Una visión filosófica del seminario es que para que el tercer nivel se mantenga, el acceso al conocimiento y aprendizaje camine acorde a las necesidades e intereses de la población en general y del primer mundo en particular.

¿Cómo?

Mandar a su casa a la mayoría de las personas interesadas en hacer estudios universitarios y aprovechar la floreciente cultura de internet y “línea” para hacer cursos, licenciaturas y postgrados sin que tengan que moverse y, lo más importante, alojar gente en lugares que cuesta dinero que no se paga según acuerdos y contratos.

Han pasado 20 años y parece ser que se necesitaba un empujoncito para cristalizar esta visión del Banco Mundial e Interamericano de Desarrollo, pero ahora con factores no vistos en el 2000, por lo menos no mencionados entonces, me refiero a que ahora, con esto de la “pandemia mundial”, no sólo los tres niveles educativos quedan comprometidos a trabajarlos en línea, ahora se agrega con vistas de éxito a la vuelta de la esquina, el fenómeno de “Trabajo en Casa”. La clase Godín (burócratas y oficinistas), al parecer, poco tiene qué hacer en las torres, bunkers, ciudades de oficinas.

Teniendo una buena laptop, línea de internet ¿para qué salir a la calle y embotellamientos, contaminación, neurosis urbanas? Se espera que ahora surjan las nuevas neurosis con título de domésticas.

Sin duda que “no hay mal que dure cien años”, ni ganón que, al término de esta puesta en escena mundial, se haga infinitamente más rico de lo que ya era; vender vacunas es un giro de sanación millonaria.

Sin embargo, el verdadero motivo de poder y riqueza es tener el viejo, pero modernizado código de influir y controlar, no sólo a ciertas sociedades en particular sino, ya se está viendo y descubriendo en esta escenificación global, el control total de la humanidad a través de una poderosa triada: un microbio, una voz y un sistema masivo de propaganda mediática y una buena red informatizada que divulgue a todo el mundo, lo que sea.

Centro Universitario, entre el 5 y el 16 de abril de 2020

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