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Jaime Gil de Biedma, recuerdos

¿Cómo llegué a él? No recuerdo. Tal vez fue a principios de los ochenta gracias a Federico Campbell, una nota en ‘Proceso’, el poema “No volveré a ser joven”. Luego llegaron a mí, tampoco recuerdo cómo, sus libros esenciales: su Diario del artista en Manila, su Antología poética de Alianza Editorial, sus Personas del verbo, sus Ensayos críticos… y otras referencias cruzadas que se me han borrado.

Lo he perdido todo, casi todo. Salvo su poema solar y centro de su sistema poético. Cargué con él a España. Y una tarde de perros que apenas recuerdo, sería marzo o abril de 1987, entreví al poeta en su departamento de Barcelona, calle Pérez Cabrero 6-5 B, aquí lo tengo apuntado en su libro, que cargo en esta orilla queretana.

Toqué, me respondió, subí en el elevador, me abrió, bata roja, elegante, barba crecida, cabeza redonda, casi calva, me pasó, de pie me dijo en el centro de la sala:

–No me siento bien. Por favor vuelva otro día. Discúlpeme.

No recuerdo más. Salí, bajé. Había un parque cerca y me senté en una banca. Desde allí se veía su edificio. Barrio residencial barcelonés. ¿Y ahora qué hago? No llevaba ni 5 pelas en el bolsillo y pensaba venderle un cuadro mexicano que llevaba o pedirle una pequeña ayuda. No me atreví. Estaba pasmado. Y tenía que despabilarme pronto porque se acercaba la noche y tenía que regresar a Premiá de Mar y no tenía dinero para el tren.

–Ah, estos pinches mexicanos que viajan por el mundo sin dinero –me dijo una vez una amiga española a propósito de otro mexicano.

SEGUNDO RECUERDO

Su poema joven de madurez, su hoja suelta en mis hojas sueltas de la DGB, 1985, “Año Internacional de la Juventud”, la travesía en barco hacia España con sus Personas del verbo y su Diario del artista, “en un viejo país ineficiente”, “el vicio es el desorden”, “un orden de vivir, es la sabiduría”, “trabajos de amor perdido”, su bata roja en Barcelona, su muerte de sida a principios de los 90, la canción de Loquillo, la rola de Sabina-Batallan “Contra J.G.B.”, una rola maestra, de las pocas veces que la interpretación agrega más valor al original, ¡ah, “si no fueras tan puta!”… su hoja suelta en el Cihuatlán de Juanelo y Elvira, su recitación en Juaritos…

Ya era mediodía y había hecho mi trabajo de la mañana, buscaba el camino más corto y por la sombra hacia el hotel, salían unos jóvenes de la escuela, secundaria y/o preparatoria, 14-17 años, me acerqué al grupo y pedí su atención, les dije lo que andaba haciendo, y les hice las tres preguntas a varios de ellos, entre risotadas y expectación, ¿estás bien en Juaritos o te gustaría irte a otra parte?, ¿cuáles son tus sueños?… Gracias jóvenes, escuchen, ahora les voy a decir un poema muy breve, es como una oración que llevo conmigo, espero les diga algo y lo recuerden, lo pueden encontrar fácilmente en Internet, Google, YouTube. Escuchen:

NO VOLVERÁN A SER JÓVENES

Que la vida va en serio

uno lo empieza a comprender ya tarde.

Como todos los jóvenes, yo vine

a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería

y marcharme entre aplausos.

–Envejecer, morir, eran tan sólo

las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo

y la verdad desagradable asoma:

envejecer, morir,

es el único argumento de la obra.

Hubo un silencio y luego aplausos… me eché a correr y desaparecí.

Biblioteca sueño

Estoy parado al fondo de una biblioteca blanca por la luz, y la extraña envoltura de los libros, pequeños como jabones. Veo los títulos, algunos conocidos y otros desconocidos. Avanzo, trato de ver los nombres y no puedo, por el extraño idioma, incomprensible. Tomo un libro y lo abro, sus hojas están en blanco. Abro otro e igual.

Cojo varios libros y los voy abriendo y todos están en blanco, un blanco amarillo papel revolución. Estoy como en un castillo, una torre, un laberinto. O una cárcel. Tengo temor de que alguien venga y vea los libros revueltos que he sacado. Veo sombras, alguien viene.

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