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Jamiltepec

Santiago Jamiltepec es la imagen viva del país en este momento. Condensa las contradicciones nacionales. Es la metáfora de nuestra dolorida república. Las montañas que rodean al pueblo están cargadas de oro pero la mayoría de las escuelas carece de infraestructura básica. Tiene amplias extensiones de playa pero nulo desarrollo.

Ese pueblo de Oaxaca está ubicado entre el océano y la Sierra Madre del Sur. Eso es, en el sur más rezagado del país. Y cobró notoriedad a raíz de que la noche del 16 de febrero se desplomó un helicóptero militar que produjo un drama que sus 10 mil habitantes, indígenas en su mayoría, recuerdan como el más terrible que hayan vivido.

Poco antes había temblado y medio centenar de viviendas sufrieron daños, pero por fortuna nadie murió. Decenas de enfermos fueron evacuados y la sala de espera y las camillas fueron llevadas a la vía pública. Ante las continuas réplicas, y para evitar la tragedia, muchas familias decidieron pasar la noche a la intemperie. Si la gente libró el terremoto, la tragedia llegaría en un helicóptero militar cargado de funcionarios.

La aeronave, que cuatro años atrás era usada por el ejército norteamericano, literalmente aplastó a la gente. Perdieron la vida 14 personas y cerca de 20 aún forcejean con la muerte. Nunca se aparecen los gobernantes y cuando aparecen lo hacen con torpeza y para agregar tragedias al ancestral rezago. Eso sí, los causantes del drama salieron ilesos. Siempre salen ilesos.

Para agregar torpeza a la torpeza, el gobernador del estado publicó un tuit de condolencias. No faltaron las respuestas cargadas de enojo. Quédese usted con esta contestación que lo sintetiza todo: “No, no fue un accidente. Fue una irresponsabilidad volar un helicóptero de noche en Oaxaca, a un lugar sin luz…. Y todo por el pinche protagonismo de Murat y Navarrete, por ir a tomarse la foto y prometer ayuda que nunca llegará. Hoy más de diez personas están muertas, entre ellas dos pequeños. ¿Condolencias por la desgracia? Ustedes son la desgracia”. Hasta ahí la respuesta. No hace falta una palabra más. Ahí está todo. Ese es el país, doliente y polarizado, en esta hora difícil.

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